La sociedad catalana una sociedad muy diversa en sus orígenes y lenguas, por eso el deber la política es el de construir vínculos comunes y no confrontaciones, lealtades compartidas y no excluyentes. Tal vez haya llegado el momento de dejar atrás esa Catalunya desconcertada, sin ideas, ni referentes políticos, que ha perdido buena parte de la capacidad de seducción que antaño poseía. Cataluña cuenta con un enorme capital humano y social y debe poner todas sus energías en construir una sociedad basada en el entendimiento y la tolerancia. El discurso del odio, el frentismo y el orgullo desmedido debería quedar atrás. Y qué mejor que transitar hacia ese universo afectivo que representan la amistad, el amor, la empatía. Una vuelta a la Catalunya laica, progresista, crítica y emprendedora.
J. Ramón Martínez
Periodista