Globos sonda, marcos mentales y la política del ruido

Juliana tiene razón al señalar la lógica de los marcos mentales. No es una novedad en sí misma, pero sí lo es su intensidad y sistematicidad en la política contemporánea. Lo que hoy observamos —en Steve Bannon, en Donald Trump, y en formaciones como Vox— es una sofisticación operativa de algo que antes llamábamos, de forma más rudimentaria, “globos sonda”.

El mecanismo es conocido, pero no por ello banal. Se lanza una idea —a veces un bulo, a veces una exageración, a veces una simple insinuación— no necesariamente para sostenerla, sino para observar su recorrido. Si prende, si genera reacción, si obliga al resto de actores a posicionarse, entonces ha cumplido su función: ha empezado a construir un marco.

Aquí conviene precisar. El globo sonda es una táctica; el marco mental, en la línea de George Lakoff, es la estructura que organiza la percepción de la realidad. El primero mide; el segundo fija. Y la política eficaz es aquella que convierte sistemáticamente lo primero en lo segundo.

En este contexto, no todo cumple la misma función. Hay mensajes diseñados para instalar un tema en la agenda; otros buscan desviar la atención en momentos críticos; algunos actúan como ensayo previo de decisiones futuras —lo que coloquialmente se llama “enseñar la patita”—; y otros, simplemente, pretenden saturar el espacio público hasta hacer irrelevante la distinción entre lo cierto y lo falso.

El resultado es un desplazamiento del terreno de juego. No se trata solo de convencer, sino de definir sobre qué se discute y en qué términos. Y ahí reside la clave: quien consigue que los demás respondan dentro de su marco, aunque sea para negarlo, ya ha ganado una parte sustancial de la partida.

Lo que antes era intuición —el globo sonda— hoy es método. Y ese método, aplicado con disciplina, no solo mide la opinión pública: la construye.

Héctor Santcovsky

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