Noof al-Maadeed

La historia de una feminista catarí

“Si desaparezco en redes, estoy muerta”, con esta frase se despedía Noof en su huida de Qatar, y aunque después de una odisea un poco particular, haya vuelto a reaparecer afirmando que está en Doha y que está bien, no sabemos hasta qué punto todo es verdad, porque en Catar ser mujer significa no ser libre.

Pero esta historia incompleta tiene numerosos vértices y puntos oscuros, ¿quién es esta mujer?, ¿qué sabemos de ella, los motivos de su huida, su cambio de opinión y regreso, su silencio y su reaparición?  Parece como si fuera una obra justificativa de un país que necesita acallar voces y conciencias, en donde los derechos humanos, los derechos LGTB, y, en especial, los de las mujeres, que como menores de edad (y de mente) eternas, son tuteladas por varones, que el sólo hecho de serlos les otorga derechos y poderes sin límites sobre ellas.

Vayamos a la historia de Noof y a lo que sabemos.

Noof era y es una bloguera catarí, manifiesta a través de las redes sus ambiciones y esperanzas, cuando hace esto tenía unos 23 años.  Afirma ser víctima de violencia doméstica por parte de los miembros de su familia, se supone que, de los varones, ya que son ellos los que tienen la autoridad; pero ella destaca en esta violencia el papel de su padre. 

En Catar una mujer no es nada, y, desde luego, no es nadie, primero está censurada, y segundo es culpable.

Noof intenta recibir ayuda de las instituciones del país, pero no lo consigue, ante ello solamente le queda la opción de huir a Gran Bretaña. No es fácil para una mujer salir del país sin autorización de un varón de la familia, según parece utiliza el teléfono de su padre sin que éste lo sepa y consigue escapar.

Ya en Gran Bretaña concede una entrevista, estamos en agosto de 2020, y comenta que huyó de Catar vía Ucrania hasta llegar a su destino en tierras inglesas.

Su objetivo: solicitar asilo político.

Explica los motivos de su petición, se presenta como defensora de los derechos de la mujer catarí, explica el sistema de tutela masculina y la imposibilidad de las mujeres de realizar nada sin permiso de un varón, y la gran violencia doméstica que conlleva todo ello.

Y un nuevo tweet de ella: “mi familia, y quienes considero los míos, quieren matarme”.

Ella explicó a Human Rights Watch que “sólo me permitían ir a la escuela y regresar. Cualquier otra cosa yo puedo esperar una paliza”.

Sus protestas tuvieron eco y se comenzó a hablar más extensamente de la situación de las mujeres cataríes, ellas dependen de los hombres para obtener permiso para casarse, viajar, seguir una educación superior y acceder a la atención médica reproductiva.

Hasta aquí todo bien.

Lo curioso y extraño comienza ahora, con lo cual esta historia se convierte en algo inexplicable, o, tal vez, irreal.

Pero sus explicaciones para marchar no dejaban de ser contradictorias y sorprendentes: “Tenía una vida normal en el Reino Unido, hasta ese día en que sentí que no pertenecía allí y que quería vivir en mi país de origen, pero había muchas dificultades, miedos y peligros si quería volver a mi país”. Añadiendo: “Sigo siendo la misma Noof que se escapó defendiendo los derechos de las mujeres”.

Las autoridades cataríes intervienen, le aseguran que la protegerán si vuelve, y ella retira la solicitud de asilo.

Finalmente, el 6 de octubre de 2021 publica en su cuenta de Instagram los detalles de su regreso, y su viaje de Londres a Doha realizado unos días antes, el 30 de septiembre.

Pero nada de lo prometido por las autoridades cataríes se cumplió, no la protegieron y la abandonaron a su suerte con su familia.

La situación era cada vez más delicada, confusa y, a la vez, enervante.  Noof había afirmado que por tres veces la había intentado asesinar un miembro de su familia.

El silencio en las redes que supuso su marcha hizo que se iniciara una campaña con el hashtag #whereisNoof (¿Dónde está Noof?), con el que piden saber los motivos de su desaparición y que se hagan públicas pruebas de que Al-Maadeed está viva.

Desde el Centro de Derechos Humanos del Golfo (GCHR) afirmaba que había sido devuelta a su familia.

No quedaba clara su situación, ¿dónde estaba?, ¿la habían matado?, ¿estaba encarcelada?, ¿era libre?

Todo son especulaciones.

Finalmente, sobre el 20 de enero del 2022 reaparece: “Noof está aquí. Noof está viva. Noof no está muerta”, dijo en un vídeo, sonriendo y llevando un hiyab negro. “Estoy bien, estoy sana y estoy a salvo. Este vídeo es para tranquilizar a todos los que mostraron su apoyo”.

Afirma que perdió la contraseña y de ahí el tiempo sin dar señales.

Todo parecía muy preparado, pero está viva que es lo importante, y acaba agradeciendo Marian al Misnad, la ministra de familia, su apoyo y ayuda.

¿Están blanqueando el hecho?, ¿qué pasó en realidad, por qué este cambio de postura, esta actitud de que aquí no ha pasado nada?

Tal vez estar a las puertas de un acontecimiento internacional como la Mundial de Fútbol, influya en presentar el país con una preocupación por las mujeres que no ha demostrado antes.

Pero el hecho importante, sea cual sea el fondo de esta rocambolesca y confusa historia, es que las mujeres cataríes han sido oídas más allá de sus fronteras.

Pero un organismo tan poco dudo de amiguismo y trabajando siempre con fuentes fiables, como Amnistía Internacional, nos presenta una situación de los DDHH y de los derechos de los trabajadores, muy escasos. 

Pero la de las mujeres son punto y aparte.

Las mujeres siguen estando discriminadas en la ley y en la práctica. Existe el sistema de tutela masculina, y ellas continúan ligadas a su tutor varón, habitualmente su padre o un hermano, abuelo o tío o, en caso de estar casadas, su esposo. Además, siguen necesitando el permiso de su tutor para tomar decisiones vitales clave como casarse, estudiar en el extranjero con becas públicas, trabajar en muchos puestos del gobierno, viajar al extranjero hasta cierta edad y recibir algunos servicios de salud reproductiva.

En cuanto a la legislación relativa a la familia continúa discriminando a las mujeres al dificultarles el divorcio. Las mujeres divorciadas continúan sin poder ejercer la tutela de sus hijos e hijas.

Tampoco la comunidad LGBTI sale bien parada.

Su Código Penal sigue tipificando las relaciones homosexuales entre hombres como un delito punible con hasta siete años de prisión. Su artículo 296 especificaba los delitos de “conducir, instigar o seducir a un varón de cualquier manera para que cometa sodomía o disipación” e “inducir o seducir a un varón o a una mujer de cualquier manera para que cometa acciones ilegales o inmorales”.

¿Cómo se puede mantener todo ello en pleno siglo XXI?

Pues con unas leyes restrictivas y muy controladoras, en las que la libertad de expresión y reunión queda totalmente limitada.  Existiendo una gran cantidad de casos de periodistas y blogueros que visitando el país se han visto no sólo sometidos a una dura censura, sino que se les hizo desaparecer durante un tiempo.

Con todo este panorama, y estando ahora en la mirada de todo el mundo queriéndonos vender una imagen de prosperidad (cierta), y una imagen de modernidad (falsa), y de democracia (todavía más falsa), la historia de Noof (haya sido y sea lo que haya sido en realidad), supone el exponer al mundo una realidad que no hemos querido ver, pero que tampoco hemos podido ver, ya que la carencia de derechos de las mujeres las convierten en invisibles a los ojos de su sociedad, de la sociedad y del planeta.

Noof manifestó, no sabemos si ganó o perdió, un hecho cotidiano para una catarí, impensable para una europea, pero que conviven en el mismo tiempo de manera escandalosamente diferentes.

Podemos decir que al feminismo Catar le ha marcado un gol, pero también que ahora hemos visto mejor el campo y sabemos mejor cómo actuar, aunque ello sea difícil, porque, y no lo olvidemos, el silencio de las mujeres cataríes dice mucho.

Marisa Escuer

Profesora de la UOC y Docente de Secundaria

@marisaescuer

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