GLADYS ADDA

Cuando la historia te olvida

Es triste, pero la historia de las mujeres en muchas, en muchísimas ocasiones, es injusta, olvida, relega, pasa página, quedan unas líneas incompletas, se empequeñece la labor realizada, y, llega un momento, en que queda como una sombra empequeñecida.  En cierto modo, así lo veo yo, es la historia de Gladys.  Hay quién dirá, desde nuestra mirada, que no hizo muchas cosas, pongámonos en su contexto, en su momento y nos daremos cuenta que eso es falso, y aunque su labor fuera menos conocida que la de su marido o sus amigas feministas, ella contribuyó a la mejora de la mujer tunecina de manera clara.

Esta es Gladys.

Dicen que detrás de un gran hombre hay una gran mujer, no lo dudo, pero ésta gran mujer, sin la cual no hubiera existido el gran hombre, queda en la sombra, después en la nebulosa de la historia, y, finalmente en el olvido.

Vamos a intentar no olvidar a Gladys.

Como en todos los escritos anteriores es una mujer que defiende y lucha por las mujeres, únicamente que ella lo hace en Túnez, un país mayoritariamente musulmán en el que ella es judía, perteneciente a lo que llaman judíos bereberes (en bereber: Udayen imazighen o Imazighen udayen), y, además comunista, por convicción y por matrimonio, ya que se casó con George Adda, uno de los líderes comunistas del país.  Por tanto, la vida de ambos estuvo ligada a los movimientos pendulares, subidas y bajadas, de la política, y también a ese movimiento libertador de las mujeres que comenzó con la independencia.

Gladys Scialom, posteriormente Adda, (1921-1995), nació bajo el protectorado francés y vivió los avatares de la independencia, y del nuevo Túnez.

Comenzó sus estudios yendo a una escuela femenina para, más tarde, pasarla a una mixta, recibiendo, por tanto, una educación más abierta y con una gran riqueza al tratar diferentes costumbres y religiones.

En la escuela primaria las profesoras eran francesas o de origen europeo, y sus compañeras musulmanas, judías, cristianas, sin diferencias.  Pero no todas eran tratadas con el mismo respeto y consideración, Europa vivía unas ideologías que comenzaban a hablar de seres superiores e inferiores.  Gladys lo vivió en la escuela, tomo conciencia del problema del racismo, del colonialismo europeo, que, en muchos casos también tenía sesgos racistas.

Las comunidades judías, y también la suya tunecina, sufría por los embates del antisemitismo que recorría, impune al principio, como si fuera un mal menor y controlable, Europa e influía en otros territorios.

Ella pertenece a una minoría que, aunque su localización en el país hace siglos que es, es considerada por algunos como marginal, y, mientras los musulmanes, la mayoría, gozaba de protección, los judíos estaban temosos de qué podía pasarles.

Su familia no era rica, vivían modestamente, y tampoco era muy normal que las chicas estudiaran, pero su madre presionó para que su hija fuera a la escuela.

En 1936, a la edad de quince años, se casa con un hombre doce años mayor que ella, pero judío, suponiendo este matrimonio que ella tenga que abandonar los estudios.

El matrimonio no llegará a la década y se divorciaran.

A las puertas de la Segunda Guerra Mundial, y como colonia francesa, se ve envuelta en la guerra, y participa activamente distribuyendo material antinazi y anticolonialista.  Es un período complicado, especialmente para la comunidad judía, ya que el país es ocupado entre 1942-43 por las tropas alemanas e italianas que se instalarán en el mismo, hasta que sean expulsadas por los aliados.

Esta ocupación de fuerzas extranjeras se produce porque este territorio francés será fiel al régimen proalemán de Vichy.

Es una mujer muy comprometida, activa en política, participando en la Unión de Mujeres Túnez, que acabará asociándose con el partido Comunista.

Gladys ha establecido contacto con el Partido Comunista del país, y en 1944 conoce a George Adda, casándose con él, y siendo padres de mellizos.

Y fue precisamente en ese mismo año cuando Neila Haddad y Gilda Khiari cofundan la Unión de Mujeres de Túnez (UFT), que era una organización asociada al partido comunista local.  Este sindicato feminista busca, desde la acción no confesional, ya que existían asociaciones de mujeres exclusivamente musulmanas, ayudar a las féminas con clínicas gratuitas, y dándoles una formación, tanto a pequeños como a mayores, a la que no habrían podido acceder.

En este momento se negaba el acceso a las escuelas coloniales a las chicas como reacción a las peticiones de independencia. Las intervenciones en este campo del matrimonio Adda fue visto como un riesgo por la metrópolis, siendo el marido encarcelado en 1950.

Gladys con la UFT participó en diversas peticiones a las autoridades francesas, especialmente en defensa de los presos condenados.

En 1956 Túnez se independiza de Francia, y el matrimonio decide quedarse en el país, así pudieron seguir trabajando y apoyando la independencia de otros territorios cercanos, escribiendo en periódicos y dando conferencias.

La independencia supone la llegada al poder de políticos que abogan por la modernización del país en este terreno.  Concretamente, Habib Bourguiba, que, dentro de sus contradicciones, favoreció la emancipación femenina.

Pero antes de llegar a este punto, la organización de mujeres luchó por la defensa de las mismas ocultas tras el velo y las paredes.  Velo que, en 1929, Bourguiba había pedido que llevaran como signo distintivo.  En ese momento la independencia se veía lejos, y lo planteó como una especie de protesta, sin ser consciente de las implicaciones de ello. Él mismo, cuando llega al poder, hablará de “ese trapo odioso”. 

“Antes de la independencia, las mujeres se quedaban en casa, usaban el velo y, básicamente, no tenían derechos. Lo que disparó el cambio fue la alta tasa de acceso a la educación y la urbanización, y una importante clase media en la que los padres enviaban a sus hijas a estudiar”, afirma Dora Mahfoud

Bourguiba promulgó el Código de Estatus Personal, una legislación radical en el mundo árabe, que prohibía la poligamia y les daba a las mujeres casi los mismos derechos que a los hombres, incluyendo el derecho a divorciarse y el derecho a la educación.

“Tan pronto como llegó al poder, empujó a los padres a enviar a sus hijas al colegio. Él pensó que convertirse en un impulsor de los derechos de las mujeres era algo bueno para la imagen de Túnez como un país moderno e independiente. Fue el inicio del feminismo tunecino promovido por el Estado”, Dora Mahfoud.

Mientras todo ello sucedía, Gladys creó fuertes asociaciones con los militantes del Partido Liberal Destourian durante la lucha por la independencia. Siendo miembro muy activo de la Asociación Tunecina de Bibliotecarios, Archiveros y Conservadores.

Gladys se sintió atraída por el trabajo periodístico. De hecho, enseñó en el Instituto de Prensa y Ciencias de la Información de Túnez, además de ser una de las primeras mujeres tunecinas que se involucró en la distribución de periódicos como “Ettaliaa” (La élite) y “El Mostaqbal” (El futuro).

Fue una mujer que se involucró en el reconocimiento del papel de la mujer, de su estatus social, y, en especial, en que tuviera un papel en la nueva sociedad tunecina.

Gladys falleció en 1995, y legó su cuerpo a la investigación médica, siempre defendió el servicio público, la defensa de las mujeres, su papel en la sociedad y en la historia, porque ella, como muchas otras mujeres, aunque trabajó por el bien de sus compañeras desde el púlpito y desde la sombra, parece que la historia le reservó este segundo puesto, siendo la sombra, como muchas, de un hombre, que, tal vez, sin ellas no hubieran conseguido brillar.

Ella siguió buscando la manera cómo ayudar a las mujeres a encontrar su camino para poder ser ellas mismas, y evitar que la historia las olvidara y convirtiera en sombras.

Marisa Escuer

Profesora de la UOC y Docente de Secundaria

@marisaescuer

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