Zeinebou Mint Taleb Moussa

“No hay mención de las palabras “violación” o “violencia sexual” en las leyes mauritanas que dejan como víctimas a un número creciente de mujeres… Todas las palabras que se relacionan con el sexo son tabú y nunca se puede mencionar públicamente”

Nacer mujer puede implicar nacer ya víctima, ni el estado, ni las leyes, ni mucho menos la tradición, te protegen.  Bueno, la tradición puede te protegía en un pasado, ya remoto, pero ahora no, ahora has perdido derechos.  Pesa el rumor, pesa el machismo, pesa un concepto de mujer para utilizar y convertir en un elemento a usar, en un cuerpo, en un deseo para satisfacer a los hombres.

Las mujeres mauritanas saben mucho de eso, callar ante la violencia, de bajar la cabeza ante la violación, ser alimentadas a la fuerza para tener el tipo de cuerpo que gusta a los hombres, saben de todo ello, pero pocas hablan.

Pocas cosas han actuado, antes de que apareciera Zeinebou Mint Taleb Moussa en la escena pública mauritana, defendiendo a las mujeres.  Defendiéndolas de una manera especial y desde un trabajo especial.

Zeinebou se formó como partera, es preferible utilizar este término para designarla porque nos vincula con una tradición muy arraigada, las mujeres que ayudan a otras mujeres a dar a luz.  Normalmente ser partera va vinculado a una familia, y pasa, como un legado de conocimiento, de madres a hijas.

Las parteras eran fundamentales en la sociedad, ayudaban a las parturientas, aconsejaban a las primerizas, escuchaban sus lamentos, acompañaban su sufrimiento, eran fieles y discretas, conocedoras de realidades complejas que no salían fuera del ámbito familiar.

Este trabajar directamente con las mujeres posibilitó que Zeinebou conociera la violencia que se ejercía contra las mujeres y las niñas, violencia que el Ministerio de Salud mauritano ignoraba, no porque no lo supieran, más bien porque solamente eran mujeres, y, por tanto, nada importante.

Había que luchar contra muchas cosas, el estigma de la violencia, la violencia de género, el abuso a las niñas, la alimentación forzada (gavage) para que tuvieran el cuerpo que a los hombres agradaba.  A todo ello había que añadir la mortalidad en los partos, la mortalidad infantil, las enfermedades de transmisión sexual y el VIH, así como la mutilación genital femenina; era una situación en que las féminas eran vistas como elementos reproductores y que, añadiendo el analfabetismo y la pobreza, eran las víctimas propicias de una sociedad machista e injusta.

El año 2000 crea una organización no gubernamental, Asociación Mauritana para La Salud de la Madre y de La Infancia (AMSME), que tiene como objetivos luchar contra la violencia hacia las mujeres y las niñas poniendo énfasis en la violencia sexual.

Pero hay que dar salidas a muchas mujeres víctimas de la violencia sexual, ya que las leyes mauritanas no incluyen este delito, y, por tanto, no pueden denunciar, y, si lo hacen, pueden terminar en la cárcel.

Por ello, en 2001 funda el centro de mujeres supervivientes El Wafa para ayudar a las víctimas de agresión sexual, en Nuackchot.

“Esta república islámica no tiene lugar para víctimas de violación como yo”, eso opinan muchas mujeres que acuden a pedir auxilio.

Las leyes mauritanas se basan en la ley Sharia y el código penal prohíbe las relaciones entre ambos sexos fuera del matrimonio, aquí se incluye una relación consensuada entre un novio y una novia, pero puede también criminalizar a una mujer que es forzada a tener relaciones sexuales.

Todo ello supone la indefensión de la mujer.

Los organismos internacionales ya eran conscientes de la situación de tal manera que UNFPA (Fondo de Población de las Naciones Unidas), cuyo objetivo es la salud sexual y reproductiva, se propuso promover la salud y la igualdad trabajando con grupos locales y, también, promover en el gobierno que introdujera el término violación en la ley y, de esta manera, proteger a sus víctimas.

El tema no era fácil, era delicado y complejo, los representantes de la  UNFPA en Mauritania eran conscientes de que no sabían de ninguna víctima de violación en el capital actualmente en la cárcel, pero no estaban seguros de que fuera igual fuera de la capital.

Incluso con protección legal, las mujeres víctimas de la violación aún se enfrenta a un estigma social difícil de superar. “Las mujeres todavía tienen miedo de denunciar si son víctimas de violación porque hay una actitud negativa de la sociedad”.

El sexo fuera del matrimonio es, con mucho, la causa más común de encarcelamiento de mujeres en Mauritania, y representa más del 40 por ciento de las prisioneras, según una encuesta de la Asociación Mauritana para la Salud de la Madre y el Niño.

Unas 50 mujeres fueron encerradas por “zina” o sexo fuera del matrimonio en la principal prisión de mujeres de Nouakchott entre julio de 2016 y junio de 2018.

El adulterio, las relaciones sexuales entre personas solteras y la violación son delitos, pero la ley no define este último ni la noción de consentimiento.

Esto significa que las condenas por violación de hombres son raras, mientras que el enjuiciamiento de mujeres víctimas de violencia sexual por zina es común, según los activistas las víctimas de violación generalmente deben demostrar el uso de la fuerza para ser declaradas inocentes.

Los hombres también son acusados de sexo fuera del matrimonio, no de violación, en muchos de estos casos, sin embargo, con frecuencia cumplen penas de cárcel más cortas que las mujeres.

Es difícil, pero hay progreso, lento, pero progreso. En este caso tenemos la ley de protección infantil de 2005 que posibilita, en cierto modo, que las niñas procesadas por zina sean cada vez menos.

Pero la ley sigue estando en contra de las víctimas, e incluso las menores siguen siendo encarceladas.

Lo que ha sido fundamental fue la aparición de la Asociación Mauritana de Salud Maternoinfantil (AMSME), actuando como organización no gubernamental, apolítica y sin ánimo de lucro, siendo reconocida oficialmente por el estado con el recibo número 0014 del 02/08/2000 fijando sus atribuciones y la organización de sus Administración central.

La misión fundamental de AMSME es el pleno apoyo a la lucha contra los abusos relacionados con los derechos de las mujeres y los niños que se encuentran en situación de vulnerabilidad o desamparo.

Los objetivos de AMSME son: Todas las mujeres y niños mauritanos disfruten de todos sus derechos a la vida, la salud, la protección, la educación, el trabajo y la dignidad, que ninguna mujer muera dando vida. Contribuir a la lucha contra el VIH/SIDA, eliminar la violencia contra las mujeres y los niños, luchar contra las prácticas nocivas para la salud de las niñas y las mujeres, promover los derechos de las mujeres y los niños y fomentar la auto organización y el desarrollo de la solidaridad de las mujeres nacionales, árabes, africanas e internacionales.

AMSME cuenta con 3 programas:

  Programa I: Protección

  Programa II: Derecho a la Salud

  Programa III: Reinserción socioeconómica

Sus actuaciones se centran en el centro EL WAFA de asesoramiento y apoyo a supervivientes de violencia sexual, creado en el 2001.

El Centro El Wafa está ubicado en un precario distrito periférico de Nouakchott, se especializa en la atención de mujeres y niñas sobrevivientes de violencia sexual.

El centro El Wafa trabaja en estrecha colaboración con las brigadas encargadas de menores, las comisarías de policía urbana, los Juzgados de la capital, y las principales estructuras sanitarias.

 Presta una serie de servicios que son fundamentales para las mujeres en situación de abuso sexual, tales como:

   1.- Acogida y Acompañamiento: las acogidas en el centro son acompañadas por trabajadores sociales.

    2.- Asistencia sanitaria: cuentan con una matrona permanente que se encarga del seguimiento de la salud de las mujeres y sus hijos.

    3.- Asistencia psicológica: también tienen una psicóloga encarga del seguimiento psicológico y la posibilidad de derivar a un especialista en caso de problema psiquiátrico.

    4.- Asistencia social y familiar: además también tienen trabajadoras sociales que asisten, acompañan y hacen seguimiento a las mujeres y sus familias en el hogar.

    5.- Asistencia educativa y educativa: ofrecen clases de alfabetización a las mujeres que no asisten a la escuela y clases de apoyo académico a las que asisten.

    6.- Reinserción socioeconómica: algo fundamental para conseguir una vida independiente es el trabajo, les ofrecen en la formación socioeconómica y la creación de Actividades Generadoras de Ingresos (IGA).

    7.- Asistencia jurídica y judicial: y, finalmente, el centro cuenta con dos abogadas que se encargan del asesoramiento jurídico, la asistencia jurídica y jurídica a las mujeres, así como la defensa de los casos ante los distintos tribunales regionales.

Otro de los problemas a los que se enfrenta Zeinebou y su organización es el engorde forzoso de las mujeres de cara al matrimonio.

Las mujeres mauritanas son conscientes, en muchas ocasiones, de que el mundo ha cambiado, que los estándares estéticos actuales son diferentes, y de que el aumento de peso de manera forzada para gusto del hombre puede perjudicar su salud física.

Tradicionalmente en Mauritania una figura regordeta en una mujer significa riqueza y bienestar.

Durante generaciones, las familias alimentaron a la fuerza a sus hijas con litros de leche de vaca o de camello diariamente, en parte para mejorar sus perspectivas de matrimonio.

Cambiarlo no es fácil, a pesar de las advertencias sanitarias, algunas niñas y mujeres recurren voluntariamente a otros métodos, como tomar productos con cortisona, incluido uno diseñado para hacer que el ganado aumente de peso; jarabes para inducir el apetito; y medicamentos psicotrópicos.

Existen muchos ejemplos recogidos por AMSME: “Hace algunos meses, mi prima fue al pueblo a prepararse para el matrimonio. Esta preparación incluye engordar, y murió de una sobredosis de drogas diseñadas para engordar”.

Para que este engorde sea más rápido incluso les hacen tomar productos veterinarios. Estos productos, aunque parezca mentira, son fáciles de conseguir. Incluso después de aprobar en el 2010 una ley que condenaba el uso irregular de los mismo, su compra en el mercado negro sigue resultando fácil.

El motivo por el que todo ello pasa es complejo, ¿miedo, ignorancia, presión familiar?

Según Zeinebou no todo se debe a la ignorancia; algunas chicas que intentan aumentar de peso descartan los peligros del uso indebido de drogas. “Estaba en una farmacia un día y vi a unas chicas comprando estos productos. Les dije que es peligroso, se rieron y siguieron con sus asuntos”.

De hecho, persisten la presión social y los estándares arraigados.

Muchos hombres todavía ven el tamaño como una medida de belleza. “Para algunos hombres sigue siendo humillante tener una esposa delgada”.

A pesar de todos sus esfuerzos y de su reconocimiento internacional el panorama es duro, ciertamente las mujeres mauritanas han conseguido un refugio al que acudir en caso de ser violadas, de ser maltratadas o de ser alimentadas, engordadas, a la fuerza, para favorecer su matrimonio.

El proceso de reconocimiento de leyes que marquen la igualdad es lento, la rígida interpretación del Islam convierte a las mujeres mauritanas en esclavas de los hombres, sin voz, sin criterio y sin posibilidades.  Tienen una pequeña luz al final del camino, una pequeña luz que supone un punto de esperanza en el que las cosas pueden mejora e, incluso cambiar.

Toda esta labor de Zeinebou le ha comportado un reconocimiento a nivel de país e internacional.

Desde el 2012 colabora con líderes religiosos, miembros del Gobierno de Mauritania y otras activistas, en la elaboración de una ley sobre la violencia de género que, entre otras medidas, defina claramente la violación y aumentando los servicios de apoyo a las víctimas. Pero dicha ley tras ser aprobada por el Poder Ejecutivo y el Senado en 2016, llegó al Parlamento y tuvo que ser retirada porque se difundió que iba contra el islam, aprobaba la homosexualidad y estaba respaldada por occidentales

En 2016, fue nombrada por el presidente de Mauritania, miembro del Mecanismo Nacional de Prevención de la Tortura del país. También fue asesora del Fondo Global para Mujeres.

Y aunque ha habido grandes logros, la situación de la mujer sigue en precario, especialmente porque siguen sin existir leyes que condenen de manera clara la violación.

En 2017 fue incluida en OkayAfrica’s 100 Women, lista creada ese mismo año por la plataforma de medios digitales dedicada a la cultura, la música y la política africanas OkayAfrica, que cada año reconoce la labor de 100 mujeres africanas en diez categorías STEM. Ese mismo año, fue ganadora del premio estadounidense Femme de Courage en Mauritania, presentada por el Embajador de los Estados Unidos en el país.​

Miradas desde ojos europeos su lucha nos parece absurda, absurdo que todo ello suceda casi a las puertas de casa nuestra, pero sucede, y, mientras nosotros y nosotras miramos en otra dirección, las mujeres mauritanas siguen siendo inferiores y súbditas de una teórica superioridad masculina que otorga a sus deseos, a sus opiniones y a sus palabras mucho más valor.

Un proverbio de una etnia de Mauritania dice: “La mujer ocupa en el corazón de su hombre el espacio que ocupa en su cama”.

Y todo ello, a las puertas de nuestra casa.

Marisa Escuer

Profesora de la UOC y Docente de Secundaria

@marisaescuer

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