Irene Parlby

La mujer, en una batalla de puños o pistolas, puede no tener un poder tan grande como el hombre; pero una mujer detrás de un voto es tan útil como un hombre

Mary Irene Parlby, de soltera Marryat (1868-1965), será la última de las cinco canadienses que estamos repasando.  También será la más “cosmopolita”, por la ocupación de su padre, y puede que la que menos le interesaba la política, pero las circunstancias del momento la llevaron a formar para siempre parte de la historia de Canadá, del Imperio Británico, y de las mujeres.

Nació en una familia bien relacionada, la del coronel Ernest Lindsay Marrya, un 9 de enero de 1868 en la casa de su abuelo en Londres. Los Marryat eran una de las familias más antiguas del país, sus antepasados llegaron a Inglaterra con Guillermo el Conquistador en 1066. Muchos de los parientes de su padre eran personas prominentes, y su madre, Elizabeth Lynch, era hija de una familia irlandesa prominente.

En el momento de su nacimiento, su padre, el coronel Marryat de los Ingenieros Reales, estaba en casa con una breve licencia procedente de la India. Gran parte de la infancia de Irene la pasó viviendo en Inglaterra, pero cuando tenía 13 años, ella y su familia se unieron a su padre en la India. En ese momento, fue designado Gerente de los Ferrocarriles de Bengala y del Noroeste, que tenía su sede en una gran estación militar en Rawalpindi (actualmente en Pakistán).

No podemos ignorar que la vida en la India fue una gran aventura para Irene y sus cinco hermanos. Los deportes al aire libre y acompañar a su padre en los viajes de inspección ocupaban su tiempo. En uno de esos viajes, Irene visitó el Taj Mahal, su visión le causó una impresión inolvidable.

Cuando Irene tenía 16 años, el coronel Marryat se jubiló y la familia regresó a Inglaterra, donde su padre alquiló una granja y compró una manada de vacas para cumplir el sueño de toda su vida, ser granjero. La granja era un cambio deprimente en comparación con la India exótica, y, además, estaba completamente aislada, sin pueblo, iglesia o incluso otros jóvenes con los que relacionarse en las zonas próximas.

Irene comenzó a comprender que la vida tenía muchas caras, y no todas eran exóticas.

Ya en el continente siguió la educación de una joven de su clase, la típica de la era victoriana.

A los 18 años se trasladó a Londres, donde podía disfrutar de una amplia vida social, pero que a ella no le llenaba, ya que lo consideraba como “matar el tiempo de la manera más agradable posible” y, por lo tanto, esencialmente sin propósito ni fin determinado.

Sus inquietudes eran más amplias, mayores que estar en salones tomando el te y conversando. En este momento su padre le sugiere que estudie medicina, pero las mujeres en esa época no podían acceder a la universidad, ya que se consideraba un espacio exclusivo de varones.

Lo que realmente deseaba era actuar, salir a los escenarios, pero este era un sueño más difícil todavía que estudiar medicina. En la India, junto a sus hermanos, de manera aficionada, habían escrito y actuado, pero esto no era la India y no sólo cambiaba el paisaje, lo más importante, cambiaban las convenciones sociales, que eran más estrictas.

En 1896, la vida de Irene cambió con la visita que realizó a la población de Alix (Alberta, Canadá) Westhead.  Un amigo de la familia de los días de Rawalpindi, la invitó a visitar el rancho Westhead en el distrito de Buffalo Lake, un área relativamente desconocida y escasamente poblada

Irene visitó a los Westhead, propietarios de la única casa grande del distrito. Al parecer, era un lugar al que acudían todos los jóvenes solteros para tener vida social. En las reuniones sociales de Westhead, conoció a Walter Parlby, que se convertiría en su marido.

Walter era un joven graduado de Oxford con titulación en estudios clásicos, además había pasado tres años trabajando en una plantación de té en Assam, India, había emigrado a Canadá para unirse a su hermano, un agricultor que vivía en la ciudad de Alix.

Existía entre ellos un nexo de unión, Así, pudieron hablar de libros y de teatro y de la vida en la India.

En 1899, cuando tenía 31 años, Irene regresó a Inglaterra para el nacimiento de su hijo Humphrey.

Seis años más tarde, tras una visita a la casa de su hija, el coronel Marryat se mudó con su familia a Canadá, con él se trasladaron todos a excepción de los dos hijos mayores.

Instalada en Canadá con su familia pronto empezó a implicarse en los problemas de la zona, y, de esta manera, comienza, en cierto modo, su vida pública.

Fue una de las primeras partidarias de la creación de United Farmers Women of Alberta (UFWA), ayudando a hacer posible el primer local de mujeres en 1913 y fue elegida presidenta de Women’s Auxiliary en 1916.

Ella transformó la United Farmers Women of Alberta (UFWA), en una organización que desempeñó un papel muy importante en el desarrollo de la legislación relacionada con el bienestar de las mujeres y los niños.

Como primera presidenta de la organización, se dio cuenta de la necesidad de cambios para mejorar el estatus social y político de las mujeres.

En 1916, fue delegada de la convención conjunta de la UFA y la UFWA en Calgary y presentó un documento titulado: “El lugar de la mujer en la nación”. En dicho documento, argumentó que las mujeres deberían asumir un papel mucho más amplio en diferentes aspectos de la sociedad. Fue presidenta de United Farm Women of Alberta de 1916 a 1919.

También fue miembro de la Junta de Gobernadores de la Universidad de Alberta y ayudó a formular políticas para la facultad, proporcionando materiales educativos para las comunidades rurales.

En 1921 le pidieron que se presentara como candidata provincial para el distrito electoral de Lacombe, ella al principio lo rechazó, pero finalmente lo aceptó.

No les gustaban las campañas políticas. Era buena oradora y sabía argumentar y refutar a sus oponentes, pero no se sentía cómoda en este papel, ya que los discursos ásperos y groseros le molestaban. Recordaba la campaña provincial de 1921 como “desagradable”, con muchos abusos verbales contra ella. “Lo único que parecía preocupar a mis oponentes”, dijo, “era y soy una mujer y, lo que es peor, una mujer inglesa que, aunque llegué al oeste de Canadá cuando aún era una región salvaje sin desarrollar, no podía saber nada sobre ¡eso!”.

A pesar de las incomodidades resultó elegida.

Durante el gobierno de la UFA de 1921-1935, primero bajo el primer ministro Herbert Greenfield, luego el primer ministro J. E. Brownlee, Irene fue Ministra sin cartera. En el momento de su nombramiento, solo otra mujer, Mary Ellen Smith de la Columbia Británica, había ocupado un cargo en el gabinete en el Imperio Británico.

Representó a Lacombe durante catorce años, tiempo que le permitió ocuparse de notables mejoras como clínicas médicas itinerantes, también abogó por la implementación de la educación a distancia. Patrocinó con éxito la Ley del Salario Mínimo de la Mujer (1925) y pasó su vida apoyando iniciativas para mejorar la vida de mujeres y niños, especialmente a través del Caso de las Personas.

El trabajo de Irene como política le valió el respeto provincial, nacional y, finalmente, internacional. Algunas personas la llamaron la “Ministra de Cooperación”. Este título reconoció su capacidad para trabajar en cooperación con otros para beneficiar a todas las personas.

En 1925, actuó como delegada del Consejo Nacional Canadiense de Mujeres, Parlby asistió a la convención del Consejo Internacional en Washington D.C.

Tres años más tarde, la familia planeó un viaje a Inglaterra y el gobierno de la UFA le propuso vincular un viaje de negocios a Suecia y Dinamarca para estudiar sus iniciativas cooperativas y sus sistemas educativos, en particular las escuelas populares danesas. La UFA esperaba encontrar un modelo educativo a seguir que educara a los niños rurales sin motivarlos a abandonar la finca. Irene pasó por algunas escuelas que combinaban efectivamente cursos más tradicionales con cursos de labranza y crecimiento de cultivos, y dejó a Europa impresionada con sus puntos de vista progresistas sobre la cooperación y la educación.

En 1928, pronunció un discurso, “¿Qué negocio tienen las mujeres en la política?” En él expresó su convicción de que las mujeres eran necesarias en el ámbito político.

Pero no todas sus propuestas fueron exitosas, así, en 1925, presentó el Proyecto de Ley de Comunidad de Propiedad. Propuso que todos los bienes aportados al matrimonio por una mujer, o adquiridos como herencia o donación, permanecieran a su nombre. También estipuló que todos los demás bienes adquiridos durante el matrimonio seguirían siendo propiedad de la comunidad. El proyecto de ley se consideró demasiado radical y fracasó.

A pesar de su éxito y del respeto de sus compañeros, no disfrutó particularmente de su participación política, pero tenía un gran sentido del deber. En 1930, el primer ministro R. B. Bennett la nombró delegada canadiense ante la Sociedad de Naciones, la precursora de las Naciones Unidas.

Se retiró de la Asamblea Legislativa de Alberta en 1935.

En 1935, la Universidad de Alberta le otorgó el título de Doctora Honoraria en Derecho, convirtiéndola en la primera mujer que la Universidad eligió honrar de esta manera.

Decidida retirarse de la política, creyendo que ya había aportado todo lo que podía, no se presentó a las elecciones en 1935. Sin embargo, hizo campaña en nombre de su sucesor, pero pronunciando unos pocos discursos, y con ello completó su carrera política.

Después de su jubilación, continuó viviendo en la granja en la que ella y su marido se establecieron al principio.

Pero en su vida también hay en ocasiones un claroscuro, ya que ella personalmente apoyó herramientas eugenésicas como la regulación del matrimonio, la segregación de los débiles mentales y la esterilización.

Creía que la eugenesia era un medio para ayudar tanto a las mujeres como a las familias, ya que, en ese momento, las mujeres y las familias tenían que lidiar con la enfermedad, la pobreza y la delincuencia en gran medida por su cuenta. Si la eugenesia pudiera eliminar tales problemas, como lo hizo la agricultura con el ganado agrícola, entonces la vida de las mujeres y la familia podría mejorar.

También estaba muy interesada en los problemas de deficiencia mental y manifestando simpatía por las madres de los niños deficientes, pero, a la vez, sintiendo que esta simpatía no debería interferir con el “sentido común”.

Como el resto de las Cinco Famosas, Irene Parlby ha sido criticada por ser elitista y racista, y por apoyar el movimiento eugenésico.

En esos momentos la eugenesia era una pseudociencia que defendía la idea de que la población humana podía mejorar controlando la reproducción. Muchos canadienses influyentes apoyaron estas ideas eugenésicas a principios del siglo XX, proponiendo y promoviendo la llamada eugenesia “positiva” (promover criar los miembros “aptos” para la sociedad) como la denominada eugenesia “negativa” (desanimando y facilitándolo, el evitar la procreación por aquellos que eran considerados “no aptos”). Sus argumentos hoy nos parecen acientíficos y absurdos, sin ninguna base real a parte de un concepto de superioridad racial, que, por otra parte, era común en aquel momento y contexto. Los eugenistas argumentaban que los “deficientes mentales” y los “débiles mentales” tenían una propensión natural al alcoholismo, la promiscuidad, las enfermedades mentales, la delincuencia y el comportamiento delictivo y, por lo tanto, representaban una amenaza para el tejido moral de la comunidad. Estas preocupaciones llevaron a un mayor apoyo a la legislación eugenésica, incluida la esterilización de los “defectuosos”.

Por todo ello, y con estos argumentos, Irene apoyó la aprobación de la legislación sobre eugenesia, titulada Ley de Esterilización Sexual, mientras era ministra del gabinete de Alberta. En un discurso de 1924 a miembros de United Farm Women of Alberta, ella misma planteó una pregunta sobre la práctica agrícola estándar de sacrificar la manada para criar solo los mejores animales, “y, sin embargo, cuando se trata de la raza humana, ¿permitimos el apareamiento de la más enfermo e imperfecto tanto mental como físicamente?  Evidentemente llevó sus argumentos al terreno que más conocía, el agrícola-ganadero, pero con unas comparaciones fuera de lugar y sin ninguna base científica.

Pero no lo proponían gratuita y frívolamente, estaban convencidos de que los procedimientos de esterilización evitarían en lo sucesivo más problemas y, por ello, se aprobó la Ley de esterilización sexual. La legislación se promulgó en 1928 y se derogó en 1972. Durante ese tiempo, miles de personas consideradas “psicóticas” o “deficientes mentales” se sometieron a esterilización forzada. Un número desproporcionado de ellas eran mujeres indígenas.

Una vida llena de lucha, esfuerzo, con una parte racional muy clara, y otra irracional total.  Sin intentar justificarlas, no hemos de olvidar el momento histórico, las ideologías del momento, y todo ello era la base del Imperio Británico, que se creó, creció y se expandió, basándose en su superioridad racial, y, por tanto, en su superioridad moral, pudiendo decidir y disponer del otro en un acto de buena fe, e, incluso diría, de humanidad.

Pero a todo ello hay que añadir, y destacar sin duda, sus claras ideas en favor del diálogo y de la armonía como base social del desarrollo, como cuando afirmó, al principio de su carrera política, cuando había palabras más que desagradades hacia ella que “la evolución no puede lograrse mediante el uso de dinamita”.

Y para ella este dialogo era fundamental, como la tolerancia, como la aceptación y el reconocimiento del otro, “si inculcamos tolerancia, no odio, desarrollando un verdadero amor espiritual por el país, si podemos hacer todo esto, no debemos temer nada tan pequeño como el texto en latín de un himno estadounidense escondido en un libro de texto”.

Para ella la política era una dedicación al otro, un esfuerzo total para conseguir la mejora de la sociedad, comenzando por el entorno más cercano: “si la política significa… el esfuerzo por asegurar a través de la acción legislativa mejores condiciones de vida para la gente, mayores oportunidades para nuestros hijos y los hijos de otras personas… entonces con toda seguridad es un trabajo de mujer tanto como un trabajo de hombre”.

Marisa Escuer

Professora de la UOC i Docent de Secundària

@marisaescuer

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