Oleksandra Sudovshchykova-Kosach

Conocida como Hrytsko Hryhorenko. Escritora y feminista ucraniana

Hay territorios que por su localización han tenido y tienen una historia compleja, este es el caso de Ucrania.

Ubicada entre imperios golosos de los territorios circundantes, principalmente el ruso, y posteriormente los soviéticos, su historia es un vaivén de acontecimientos que parece no tener fin. 

De hecho ya la toponimia Ucrania, Україна, en ucraniano (Ukraína), del ruso antiguo Ukraina, significa literalmente significa “tierra o región fronteriza”, puede que en relación a la frontera con Polonia. Y como zona de frontera tiene una dilata historia de pueblos que viven en su territorio. 

Como tal, más o menos, aparece con la Rus de Kiev a finales del siglo IX creando una federación de tribus eslavas.  Siguiendo una historia compleja de enfrentamientos y ocupaciones hasta la aparición del reino de Rutenia, que se encontraba dentro del Rus de Kiev, a finales del siglo XII.

Entre imperios que deseaban sus tierras y luchas externas, el imperio ruso, finalmente se apropiará de este territorio.  Después de las derrotas napoleónicas acabó formando parte del imperio ruso, siempre reivindicando su personalidad, siempre en los límites de naciones poderosas.

Primero como parte del Imperio Ruso, luego como territorio de la URSS, conseguirá su plena independencia el 24 de agosto de 1991.

Todo este preámbulo para enmarcar la vida de Oleksandra Sudovshchykova-Kosach (1867–1924), la cual comenzó sus vivencias como ciudadana rusa y acabó siendo soviética.

El padre de Oleksandra era Yevhen Sudovshchykov, un profesor ruso, que enseñaba en una escuela privada de Kiev con fuertes simpatías pro-ucranianas y emprendió la redacción de una gramática ucraniana.  Su madre era Hanna Khoynatska, una ex alumna suya, que también se hizo maestra, y participó activamente en la recopilación de materiales populares ucranianos.

Debido a su colaboración con organizaciones ucranianas, fueron exiliados al norte de Rusia en 1866, y fue allí donde nació Oleksandra en 1867.

En 1868, el padre de Oleksandra fallece y un tío suyo, hermano de la madre, negocia la posibilidad de volver las dos a Kiev. La madre busca trabajo, y antes de conseguirlo madre e hija se van a vivir con amigos, los Drahomanov, parientes de Olha Drahomanov-Kosach (que tendrá el seudónimo literario de Olena Pchilka).

La pequeña Oleksandra tenía casi la misma edad que los hijos de Olena Pchilka, y se hizo muy amiga de ellos. Esta amistad la mantuvo durante su infancia y su adolescencia, ya que ella y su madre pasaban las vacaciones de verano en el campo con la familia Kosach.

Después de completar la escuela secundaria, Oleksandra continuó su educación formal en Kiev y se unió a Pleyada (Las Pléyades), un círculo literario organizado por los dos hijos mayores de Olena Pchilka: su hijo Mykhaylo (su seudónimo literario será Mykhaylo Obachny) y su hija Larysa. (su seudónimo literario será Lesya Ukrainka). Este círculo se dedicó a promover el desarrollo de la literatura ucraniana y presentar a los lectores ucranianos las obras de autores extranjeros traduciéndolas al ucraniano.

Gracias a estas amistades y al grupo Oleksandra comienza a interesarse por la literatura y así empieza su afición a escribir.  Lo hace en diferentes lenguas, el ucraniano, el ruso, pero también el francés, que en esos momentos es una lengua símbolo de cultura

Oleksandra es ya una mujer culta conocedora de diversas lenguas europeas, ello le permite colaborar muy estrechamente con Mykhaylo Kosach (Obachny) en la traducción de autores suecos e ingleses al ucraniano. Incluso traducirá a obras destacadas del momento del francés al ucraniano, como “Veinte mil leguas de viaje submarino” de Julio Verne.

Esta relación con Mykhaylo Kosach es muy estrecha, y se acaban casando en 1893, pero su marido es un perseguido político, y se vieron obligados a marchar a Estonia, en donde continuaran sus estudios.

Los siguientes años serán complicados Oleksandra, su madre, y Mykhaylo vivirán en Estonia, allí su marido realiza estudios, convirtiéndose en profesor de física y matemáticas.  Mientras Oleksandra dedica su tiempo a escribir ficción en prosa, y, finalmente, en el año 1898, publica, con un seudónimo masculino, su primera colección de narraciones etnográficas realistas, con el título Nashi lyudy na seli (La vida de nuestros campesinos), relatando la triste vida de los campesinos ucranianos.

Elegirá, como otras autoras de la época en Europa, un nombre masculino para publicar: Hrytsko Hryhorenko (Грицько Григоренко).

Al final, en 1901, Oleksandra y su marido pueden regresar a Ucrania y se establecen en Kharkiv, donde Mykhaylo consigue trabajo como profesor en la Universidad de Kharkiv.

Es un momento dulce de la pareja, y ella continúa escribiendo y realizando traducciones.

Pero no todo lo bueno dura, y dos años después, en 1903, Mykhaylo fallece.  Oleksandra se siente desvalida, ha perdido a aquella persona que la introdujo en la literatura, a la que acompañó en los momentos difíciles, y se da cuenta de que la historia se repite: le ha sucedido lo mismo que a su madre, ser una viuda joven y con una hija.

La vida se vuelve difícil, no pueden mantenerse, y madre e hija se van a Kyiv, donde reside la familia de su marido, los Kosach.  La acogen, y su cuñada, Lesya Ukrainka, le da un gran apoyo.

Su vida deja de ser la misma, se ha de enfrentar, tal vez por primera vez, a la realidad de que ha de luchar y mantenerse, tanto ella misma como a su hija.  Acaba sus estudios de derecho, y comienza a trabajar en un tribunal en Kyivan.  Este hecho le da una nueva perspectiva de la vida, algo en lo que hasta ahora no se había fijado: la situación de las mujeres.  Se da cuenta, ella lo está viviendo, que ser mujer no es fácil, y se involucrará en los movimientos feministas, y el tono de sus escritos cambia, apoyando el derecho de las mujeres a recibir una formación, pero no una formación cualquiera, una formación superior que les permita desarrollar una vida plena.

Su acercamiento a las mujeres trabajadoras, a las que ayudará y asistirá, le dará la completa dimensión de la realidad femenina.

Pero seguirá escribiendo, ampliando sus campos de conocimiento, no obstante, el trabajo legal la agota, no la acaba de satisfacer plenamente, y en 1917, una vez que su hija ha terminado la escuela secundaria, vuelve a mudarse con la familia de su marido al campo, allí será donde morirá en 1924.

Nos dejará un gran legado literario: trabajos naturalistas en la que expondrá las condiciones del campesinado, trabajos en relación a las mujeres y sus condiciones adversas.  Gran cantidad de escritos, crudos, sin ápice de dulzor para ocultar la realidad del momento e incluso la amargura de las situaciones.

Oleksandra vivió durante cierto tiempo como una mujer con privilegios, tal vez no totalmente privilegiada, pero si se movió en unos círculos intelectuales que no la marginaron tanto y que le permitieron crecer intelectualmente.  Pero la viudedad no dejaba de ser un problema para una fémina, y enfrentarse a ello en primer término, y, posteriormente, ejercer de abogada aconsejando y ayudando a las mujeres campesinas, le hizo ver una realidad que había mirado desde lejos, pero que tal vez no había comprendido del todo.

La realidad la agitó totalmente, ser mujer viuda con una niña pequeña la ponía en una posición de debilidad, de inferioridad, de precariedad.  La ayuda de su familia política y sus estudios la favorecieron, pero, ¿todas podían disponer de estos recursos?  Era evidente que no.

Pero, a pesar de su formación y sus contactos, como mujer el mundo literario le estaba casi vetado, y tuvo que ponerse, como hicieron otras escritoras europeas, un nombre masculino; y así, desde la sombra, lograba llegar a un mundo vetado, incongruentemente, por ser mujer.

La formación intelectual, nuevamente, es el eje que permite a las mujeres ser ellas mismas, independientes y seguras, capacitadas y capaces, de dirigir su vida sin ningún tipo de tutelaje.

Esta es una lección que aprendió Oleksandra y que amplió su mirada.

Marisa Escuer

Professora de la UOC i Docent de Secundària

@marisaescuer

Deixa un comentari