Lucila Rubio de Laverde

“Eduquemos un hombre y habremos educado a un individuo. Eduquemos una mujer y habremos educado a una generación”

Ser una líder socialista y feminista en la Colombia de la mitad del siglo pasado no fue fácil, aunque la teoría suponía un apoyo a las mujeres, la realidad es que el acceso real no era tal y solamente determinados sectores tenían esas posibilidades.  El problema fundamental era el estatus económico de las mujeres, sin una independencia económica era imposible, por no decir absurdo, el aspirar a nada, y mucho menos en una sociedad en la que el patriarcado y la iglesia tenían claro cuál era el lugar de las mujeres en su sociedad ideal.

Lucila Rubio (1908-1970) fue hija de Efraín Rubio González y Clementina Angulo Rubio, el “de Laverde”, es el añadido por matrimonio con Eduardo Laverde, llevando este segundo apellido ligado a su marido.  Pero, aunque parezca extraño, defendió de manera muy comprometida presionando por una legislación que otorgara acuerdos prenupciales, protectoras de las mujeres, enfrentándose con ellos a la iglesia y al trato que les otorgaba.

Educadora, escritora, conferencista, precursora y líder feminista de Colombia, luchó por los derechos políticos de la Mujer. Asistió a más de 20 congresos femeninos internacionales. En 1947 viajó a Guatemala, para asistir al Congreso Interamericano de Mujeres, y destacó en gran manera en el tema Feminista Internacional, vetado por algunos sectores anclados en el pasado de la época. También estuvo en congresos y reuniones en México, Ginebra, Varsovia, Israel, Roma, Nueva York, Dinamarca, México, Uruguay, Chile, Bombay y muchas más ciudades.

En la década de los años 30 del siglo pasado Lucila tuvo una gran actividad política, la situación de la mujer en el matrimonio era para ella una de sus grandes preocupaciones, estuvo vinculada en la redacción del Régimen de Capitulaciones Matrimoniales. Todo ello le llevó a convertirse en una importante líder colombiana como defensora de los derechos de las mujeres, siendo a la vez una sufragista destacada.

Junto con otras mujeres fundó La Unión Femenina de Colombia (Unión de Mujeres de Colombia) (UFC), que se creó en la ciudad de Bogotá en 1944.  Esta organización fue una de las más importantes en la defensa de las mujeres, comenzó un proceso de expansión por el país, con unos claros objetivos, el primero de todos fue la alfabetización, ya que sin ella el avance feminista era muy complicado, por no decir casi imposible.  Finalmente, la organización hizo una recogida de firmas para presentarlas al presidente del país, Alfonso López Pumarejo, reclamando el reconocimiento del voto femenino, es en ese momento en el que Lucila se dirige al Congreso de la República, convirtiéndose en la primera mujer en hablar en dicho foro.

Pero una gran parte de la labor de Lucila fue su faceta como periodista y escritora, publicando sus artículos en Agitación Femenina, a la vez que colaboraba con otros periódicos y revistas como Pax et Libertas. Fundó también College Froevel, que estuvo en funcionamiento durante ocho años.

En 1945 y 1946 asistió a conferencias relacionadas tanto con el sufragio femenino como con las limitaciones que se imponían a la mujer en el hogar, al no ser ciudadanas de pleno derecho.

En 1947 acudió al Primer Congreso Interamericano de Mujeres, que se celebró en la Ciudad de Guatemala, Guatemala, presidiendo la sesión final en la que se redactaron las resoluciones.

Posteriormente participó en el Segundo Congreso de Women of the Americas, y también al Congreso Internacional de Mujeres que se celebró en Varsovia en 1960.

Y como ella bien nos recuerda “la mujer tiene derecho indiscutible a intervenir en la formación de las leyes que se le aplican a una sociedad hasta ahora gobernada por los hombres solamente. Su papel de reina de hogar es muy poético, pero como todo lo poético, bastante alejado de la realidad.”

Lucila fue una gran propagadora de los hechos injustos que sucedían con las mujeres, todo ello provocó rumores y maledicencias, pero se enfrentó a todos y todo, plenamente convencida de que debía trabajar en por y para las mujeres de su país, mujeres de base, mujeres del pueblo, mujeres que no tenían ni su formación ni sus recursos para reclamar aquello que les era debido, aquello que era justo. Y aunque había sido bautizada y era católica, no dudaba en atacar a la iglesia por su “parsimonia para entender los argumentos a favor de los derechos de la mujer”, tal como ella decía.

Uno de los grandes problemas con los que se encontró estaba relacionado con los derechos patrimoniales de las mujeres, y esta reclamación le comportó el enfrentarse a los poderes tradicionales del país, reclamando la posibilidad del divorcio dentro del matrimonio civil, porque, tal y como ella decía, no le parecía justa la convivencia “hasta que la muerte los separe” si no existían razones justas para compartir la vida.

Tras muchos años fuera del país, a su regreso se dedicó a dar conferencias, charlas y seminarios, trabajando en temas políticos y culturales.

Lucila definía al feminismo como un conjunto de doctrinas que tienen por objeto dar a la mujer el lugar que le corresponde en la sociedad y su reivindicación, no se debía admitir el dominio de castas ni de sexos, ni sumisión, utilizar sus derechos políticos. La mujer debía ser educada para la paz, la tolerancia, la fraternidad. Y para conseguir estos objetivos era necesario estudiar y aplicar los métodos pedagógicos actualizados en la familia y en la escuela.

Pero la sociedad no está compuesta solamente por mujeres, para todos estos cambios era necesario contar con cambios en la actitud de los hombres, y por ello opina que, si al hombre se le educaba en la paz universal, se convertiría en un ciudadano del mundo, respetuoso de los demás, en un hombre con libertad, aplicando los postulados de la justicia social en la igualdad económica, cultural, social, política.

Otra faceta suya fue la de escritora, “Concordato y Teocracia”, escrito a raíza del Concilio Vaticano II, “Ideales Femeninos”, “Perfiles de Colombia”, y, “Postulados del Feminismo”, entre otros.

No olvidarse nunca de aquellas que no tenían ni sus opciones ni posibilidades fueron sus objetivos, ella era una de tantas, pero era una mujer con una misión que intentó cumplir hasta el final.

Marisa Escuer

Professora de la UOC i Docent de Secundària

@marisaescuer

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