Del Estado del Bienestar Compartido a la Dictadura del Malestar Egoísta

En la Europa post Segunda Guerra Mundial se definió la línea a seguir para la recuperación económica y social: Salarios Dignos, Protección Colectiva y Servicios Públicos de Calidad.

Fue un modelo de éxito, aumentando el empleo y la riqueza, y su redistribución permitió mejora del Estado del Bienestar hasta niveles nunca vividos en este espacio geográfico.

En la Unión Europea actual, se intenta seguir el Modelo Social: Prosperidad Compartida, Cohesión y Legitimidad Democrática.

Por el camino entre ambas líneas maestras se han sucedido cambios significativos:

Se quitó poder al trabajo. Recordemos en UK el bloqueo de los fondos de Solidaridad Sindical por parte del gobierno de Margaret Tatcher, rompiendo el equilibrio entre el capital y los trabajadores.

Se facilitó el despido colectivo, dejando muy desamparados a millones de parados en toda Europa.

Se bajaron los impuestos a los ricos. En España el impuesto de Sociedades recauda menos que en 2007, habiéndose doblado los beneficios empresariales desde entonces, y la riqueza de los mas ricos ha crecido un 81% desde 2020, acumulando estos una riqueza inmensa (33 ricos en España tienen más que el 39% de la población y la riqueza de los 1000 milmillonarios mundiales más ricos supera la de la mitad más pobre -4.100 millones de personas-) que no se redistribuye y que es usada para influir en las decisiones y gobiernos de naciones.

Elon Musk está financiando con más de 500 M USD la campaña de Trump en las elecciones de noviembre.

La misma persona, dueña de los satélites Starlink, por decisión propia, está limitando la información que es vital para la defensa de Ucrania de los ataques de Rusia.

Presidentes de naciones perseguidos por la justicia (Trump, Netanyahu, Milei, etc) con huidas hacia adelante saltándose todas las reglas democráticas, despreciando el multilateralismo y acuerdos internacionales para aferrarse al poder y lograr esquivar a los jueces, incluso iniciando guerras innecesarias e influyendo en otras naciones como el secuestro de Maduro por parte de EEUU, amenazas de Israel a España, guerras híbridas desde Rusia para desestabilizar gobiernos democráticos, Milei en España para insultar y hacer campaña contra el actual Presidente del Gobierno.

Se ha descuidado la educación en valores. Según la Plataforma por la Justicia Fiscal, el 92% de jóvenes de 18 a 35 años reconocen no haber recibido ninguna educación en impuestos ni en finanzas públicas.

Como consecuencia, un 35% de los jóvenes de 18 a 24 años, consideran que sin impuestos se viviría mejor y un 38% de las personas de 25 a 39 años también. En cambio, en los mayores de 65 años, solo un 10% apoya esta idea.

Se han perdido valores sociales, fruto de una “educación” (no confundir con formación académica) influenciada por las redes sociales en mayor medida que a través de la lectura y entornos responsables con valores. ¿Cuántos jóvenes han leído, por ejemplo, “El Principito”?. También se ha perdido el “autoritas” del profesorado, cuestionado incluso por las familias de los estudiantes, con situaciones difíciles de gestionar para ellos.

En las finanzas públicas, se difunden y analizan las partidas de gasto de colectivos (pensionistas, servicios sociales, sanidad, etc), criticando el gasto, creando síntomas como el Edadismo, rechazo de ayudas a personas con discapacidad o en situaciones de desamparo, pero no se difunde lo que aportan estos colectivos y sus cuidados al PIB.

Por ejemplo, la “economía senior”, (1/3 de la población en España) aporta el 32% del PIB, con un ROI (retorno de lo gastado en ese colectivo) de hasta 1,8 EUR por cada EUR dedicado. Los mayores de 55 años aportan el 34,5% de todos los impuestos, considerándose un pilar del Bienestar y de la Sostenibilidad Fiscal.

Si se quiere defender el Modelo Social definido en la UE de: Prosperidad Compartida, Cohesión y Legitimidad Democrática, debemos apoyar gobiernos de progreso que desarrollen políticas de todo tipo para avanzar en esa dirección, frente a grupos populistas con tintes abiertamente fascistas que, a través del “malestar” y del egoísmo, rompan las reglas democráticas que nos hemos dado.

Antonio Puparelli

Fuentes:

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