Eppur si muove (5): ¿Cómo haremos el cambio de modelo energético con la ciudadanía en el eje?

Existe consenso científico, técnico y en los sectores políticos no negacionistas de que para evitar seguir calentando nuestro planeta y abordar eficazmente tanto la adaptación como la mitigación de la emergencia climática, la principal herramienta de cambio disruptivo es abandonar la energía producida a partir de combustibles fósiles e implantar un nuevo modelo energético renovable y descarbonizado.

Antes de explicaros por qué hemos de conseguir un cambio de modelo energético descarbonizado, renovable y con implicación ciudadana, os dejo algunos datos sobre la necesidad del cambio energético y los efectos del calentamiento global, solo de estos últimos meses. Ya nadie puede negar que el cambio climático está impactando en nuestras vidas.

Son algunas cifras para poder debatir con los tertulianos negacionistas, en el bar del barrio o en las comidas familiares de esta próxima Navidad. Porque, aunque nos canse debatir con la sinrazón, no podemos dejar que la única voz que escuche la mayoría silenciosa sea la de la mentira en una situación de emergencia.

El modelo energético global y español sigue fuertemente ligado a los combustibles fósiles, los cuales provocan el 73,2% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero (GEH) y escalan hasta el 75,5% en España (2024). Si se analiza únicamente el dióxido de carbono (CO2), la quema de carbón, petróleo y gas natural roza el 90% en el territorio español. Esta profunda dependencia ha coincidido en septiembre de 2026 con una auténtica tormenta perfecta en los mercados energéticos, donde la escalada bélica en Oriente Medio y una sucesión de fenómenos climáticos extremos han disparado el consumo energético en verano y la sequía ha reducido la producción nuclear europea,  lo que ha provocado que el precio del gas natural de referencia en Europa (TTF) pase de 30 a 80 euros en lo que va de año, encareciendo los recibos de la luz y desestabilizando la economía global.

Los fenómenos del calor extremo, la sequía y los incendios de este verano ha golpeado con dureza a todo el continente europeo, derribando la vieja idea de que los peores efectos del calentamiento global es solo un problema exclusivo de los países mediterráneos del sur.

Las persistentes olas de calor han dejado un saldo provisional de más de 35.000 muertes en Europa (EuroMOMO), con Alemania (14.000), Francia (7.300) y España (5.232) a la cabeza de los fallecimientos. Según los registros históricos (Climate Central,), agosto de 2026 se ha consolidado como el más cálido del planeta desde 1850, exponiendo a más de 1.500 millones de personas a temperaturas extremas en un entorno urbano que no estaba preparado para superar los 40 ºC. Pero lo más importante por el impacto a corto y medio plazo en los fenómenos climáticos, las temperaturas del verano del 26 (Junio, julio y agosto), en las zonas terrestres del hemisferio norte, fueron las más cálidas registradas, y en agosto en las zonas oceánicas la temperatura global también fue la más alta de las registradas hasta hoy.

En paralelo, los incendios forestales han devorado más de 668.000 hectáreas en la Unión Europea; una catástrofe en la que España ha sido la gran damnificada al concentrar el 44,4% de la superficie calcinada y registrar 16 de las 21 víctimas mortales provocadas por el fuego (13 en el incendio de los Gallardos de Almería).

Más allá del drama humano y forestal, la grave sequía del norte y este de Europa ha provocado el desplome de los caudales de grandes ríos como el Rin, el Danubio o el Ródano, empujando al sistema eléctrico de base nuclear a una situación crítica. Al no disponer de agua suficiente para refrigerar sus reactores o enfrentarse al calentamiento excesivo de los cauces, el continente ha llegado a perder temporalmente hasta 9 gigavatios de potencia en su red eléctrica. Francia, que sustenta la mayor parte de su electricidad en la energía nuclear, vio cómo el 20% de su capacidad quedaba fuera de servicio, manteniendo 13 de sus 57 reactores total o parcialmente parados durante el verano.

La crisis fluvial en el Danubio y el río Sava también ha puesto en jaque al sureste europeo. Rumanía tuvo que desconectar uno de sus reactores en la central de Cernavoda, mientras que Hungría rozó el colapso energético cuando su principal planta operó a apenas el 10% de su capacidad, obligando al gobierno a decretar apagones locales y a apagar el alumbrado público para ahorrar energía. El panorama se ha completado con recortes preventivos de potencia en Eslovenia y un desplome del 80% en la producción de la mayor central hidroeléctrica de Serbia, evidenciando la extrema vulnerabilidad de las infraestructuras energéticas tradicionales ante la nueva realidad climática.

Ninguno de estos datos negativos debe hundirnos en la inacción, ya sea por ansiedad o por conformismo. Al contrario, los grandes retos deben convertirse en el acicate para actuar. Las generaciones que hemos contribuido a llevar a nuestro planeta y a todos sus habitantes (humanos y no humanos) al límite, no podemos desentendernos del futuro de nuestros descendientes ni del resto de los seres vivos de la Tierra.

Recuperando lo que dije al principio: Para fretar de forma rápida y efectiva el calentamiento global que nos está llevado al cambio climático acelerado, hay que cambiar el modelo energético basado en combustibles fósiles por un nuevo modelo energético renovable, descarbonizado, más descentralizado y donde la ciudadanía tenga un papel protagonista.

En este momento, el acceso a la energía es una necesidad humana básica, por tanto, se debe considerar un derecho social inalienable y no la podemos dejar solo en manos de las grandes corporaciones. El nuevo modelo energético renovable permite que los actuales consumidores podamos ser también productores (prosumidores), si se construye un modelo energético que no solo cambie los combustibles utilizados, sino que cambie también el sistema de gobierno y organización. Podemos pasar de un sistema piramidal, centralizado, donde la ciudadanía solo tenga el papel de consumidores pasivos, a uno más descentralizado y próximo, donde la producción de la energía y el sistema de gobernanza pueda ser más democrático. Podremos producir, compartir e incluso ser propietarios de una parte o la mayoría de la energía que necesitemos en nuestra vida. Eso dependerá de cómo construyamos en estos años el nuevo modelo energético. Y para ello necesitaremos a la administración pública como garante del bien común, con un papel activo en el diseño e implantación del modelo y que además acompañe a una ciudadanía más consciente y activa en la construcción de un sistema energético descarbonizado y renovable, que tenga como principal objetivo el abastecimiento energético universal, compatible con la preservación del resto de la vida en nuestro planeta.

No será fácil hacer la transición energética, porque además necesitamos que este cambio sea muy rápido. No podemos esperar un siglo o más a que se produzca la transformación energética, como pasó en la adopción del modelo fósil. Así que necesitamos acelerar la implantación de las nuevas tecnologías renovables (ya maduras y económicamente competitivas), a la vez que vamos construyendo el modelo de gobernanza que esta vez, si nos damos prisa, podemos diseñar con la participación de los sectores ciudadanos y de la administración pública como garante de un modelo más democrático e inclusivo.

Por eso, el ámbito de discusión y trabajo de los municipios puede ser un espacio idóneo para la cocreación del nuevo modelo energético renovable y más justo social, económico y ambientalmente.

En ese proceso estamos en Viladecans, con el proyecto de transición energética local que tiene nombre, Vilawatt, la agenda urbana o la Misión de ciudad de neutralidad climática en 2030. Entre las acciones de participación y discusión ciudadana, política y técnica, destacamos la celebración de la 4ª. edición del Congreso Nacional de Transición energética y ciudadana Vilawatt. Este año tiene como hilo conductor: ¿Cómo hacer la transición energética renovable con la ciudadanía en el centro?

Se abordaran algunos modelos para el nuevo sistema energético, desarrollados desde entidades sociales, como la Fundación Renovables, CMES, Greenpeace o ICLEI Europe; el Institut Català d’Energia (ICAEN) nos explicará los criterios del Pla Territorial de Energía Renovables (PLATER), planificación territorial que ha abordado solo la Comunidad autónoma de Catalunya y que está en proceso de recopilar mejoras a través de las alegaciones correspondientes; conoceremos proyectos energéticos con implicación ciudadana que se están desarrollando en toda España; y finalizaremos con ejemplos de entidades públicas que están implicadas en el impulso de la Transición energética (Barcelona energia; l’Energètica; AMEP; Ayuntamiento de Getafe y de Viladecans).

Como vuestra opinión nos importa, os invitamos a acompañarnos, el próximo 7 de octubre, en el Cúbic de Viladecans (de 9 a 15 h y después de comer iremos a hacer una visita a Agropolis de la UPC, para ver el proyecto piloto de una instalación agrovoltaica para cultivos de huerta).

 Podéis ver el programa completo e inscribíos (gratuitamente) en este enlace: https://vilawatt.cat/es/congreso26/

Carmen García Lores

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