Parece que se impone el discurso negacionista sobre la existencia de una crisis climática, mientras los cambios en el medio ambiente y las consecuencias sociales y económicas se aceleran en los últimos años.
Con el inicio del segundo mandato de Trump, al cual se suman a otros gobiernos como los de Milei, Meloni, Orbán, Putin, Fiala, Purra…, y con el avance de partidos ultras en todas las elecciones, parece que vivamos realidades paralelas. Por un lado, se impone como verdad rebelada en las redes digitales de que el cambio climático causado por la acción humana no existe. Y por otro lado, los datos y hechos reales que afectan a millones de personas profundizan la desigualdad social y a la vez destruye el Planeta.
Es difícil contrarrestar discursos emocionales, aunque mentirosos, solo con cifras; pero a la que ponemos un poco de atención, descubrimos una realidad que no podemos obviar, a no ser que queramos ser la rana en la olla.
Por la brevedad del espacio sólo podré dar algunas cifras en este primer escrito. Prometo seguir perseverando, en otras ocasiones, con más datos y hechos para contrarrestar los discursos interesados de las opciones ultras, y a veces no tan ultras, para no emprender el camino de los cambios sistémicos que necesitamos en el modelo energético, económico, social y ambiental que el país y mundo necesita.
Como que lo más cercano es siempre lo que nos afecta más y nos impacta, empezaré por una cita, ya antigua, de Jeremy Rifkin, cuándo hablaba de las regiones donde más afectarán los cambios del calentamiento global: “España y el Mediterráneo es el canario de la mina”.
No parece que ande equivocado. Las cifras de la AEMET confirman que este verano de 2025 ha sido el más cálido de España desde que tenemos registros, con un incremento de 2,1º C por encima del período 1991-2020. Entre junio y agosto, Barcelona ha padecido 35 noches tórridas (más de 25 ºC) y 88 noches tropicales (más de 20º C), mientras que Cataluña ha tenido más de 35º C en 2 de cada 3 días. El calor y la sequía persistente de los últimos años ha provocado una ola de incendios de difícil control (incendios explosivos) que a mediados de agosto habían quemado más de 382.000 hectáreas, provocado 4 muertos y la evacuación de más de 30.000 personas. Estas temperaturas también nos hacen presagiar para este otoño posibles fenómenos de gota fría (DANA) que causan lluvias torrenciales y efectos catastróficos. No podemos, ni debemos, olvidar las lluvias del pasado noviembre en amplias zonas del Mediterráneo, que en Valencia causaron 229 muertos y daños por más de 22.000 millones de €.
Carme García Lorés
Un baño de realismo su artículo. Y mientras tanto algunos o muchos están en las musarañas.