La crisis alimentaria

De repente la crisis alimentaria ha entrado como nuevo elemento en nuestra inmensa mochila de preocupaciones. Esta crisis puede despertar diversos sentimientos pero jamás el de sorpresa. De hecho, ya la anunció el clérigo y economista Thomas Malthus en 1798 cuando planteó que la población humana crecía en progresión geométrica y la capacidad de aprovechar los recursos del planeta para producir alimentos, solo lo hacía de modo aritmético. Este desfase produciría necesariamente hambre en el mundo. Muchos años más tarde, en 1972, el Club de Roma señaló la existencia de límites en el crecimiento.

Durante más de doscientos años, el mundo ha escapado a la predicción de Malthus, a pesar que una parte de la población humana sufre hambre (se calcula unos 811 millones en 2021). Y esta hambre secular no ha estado provocada por la falta de alimentos ya que se sabe que, hoy por hoy, en la Tierra se producen más alimentos de los necesarios, sólo que están mal distribuidos. O sea, que el hambre actual es una tremenda injusticia, que no responde a razones ni de producción ni de población sino de desigualdad.

Esta situación puede cambiar a corto plazo y por causas totalmente ajenas a lo que predijo Malthus. La producción de alimentos depende, sencillamente, de la superficie, del tipo y de la eficacia de los cultivos.  Voy a analizar qué seis factores principales pueden alterar la situación actual:

  1. Cambio climático. Las alteraciones en los valores climáticos (precipitaciones, temperaturas, ascenso del nivel del mar y salinización, etc), especialmente en sus valores extremos, pueden convertir en no aptas tierras de cultivo actuales. África es el continente con mayor riesgo y en Somalia ya se han perdido grandes superficies tierras de cultivo por cambios en el patrón de las lluvias.
  2. Transición energética. Sorprendentemente puede afectar negativamente a la producción de alimentos, sobre todo en zonas marginales. Un agricultor acaso perciba una mayor cantidad de dinero por alquilar sus tierras para la instalación de placas fotovoltaicas o molinos eólicos que si las cultiva, por lo que puede ser una causa de reducción en la producción de alimentos. ¿Hasta qué punto significativa? Pues depende de los megawatios que se quieran instalar en un territorio agrícola.
  3. Cultivos para la generación de biocombustibles. Aunque se dedicaran todas las tierras de cultivo actuales a la producción de plantas para la generación de biocombustibles, no se conseguiría sustituir al petróleo y gas que consumimos. Pero es posible que en un horizonte de escalada brutal de los precios de los combustibles fósiles, sea rentable substituirlos en parte por biocombustibles con los que los agricultores podrían encontrar mayor beneficio en el cultivo de colza que de trigo o maíz. En consecuencia, se reduciría la producción de alimentos en igual proporción que el incremento del cultivo de plantas con capacidad para producir biocombustibles. Es puramente una cuestión de mercado, del precio de los combustibles, que deberían regular los estados.
  4. Encarecimiento de la producción agrícola. Es  evidente que el incremento en el precio de los combustibles, de los abonos sintéticos y de las materias primas provoca que explotaciones agrícolas o ganaderas se sitúen el límite de la sostenibilidad económica, Al menos así lo defienden quienes suelen aparecer con frecuencia en determinados medios de comunicación, siempre con la amenaza latente de cerrar la producción. Si la agricultura y la ganadería dejan de ser definitivamente rentables y las ventas son a pérdidas, es evidente que disminuirá la producción de alimentos.
  5. El hidrógeno verde. El hidrógeno verde se ha convertido en la gran esperanza para sustituir gas y petróleo en los procesos de combustión (que no deben confundirse con la generación de electricidad). El algoritmo es sencillo: energía renovable + agua = hidrógeno + oxígeno. Parece fantástico; el problema (más allá de la bajísima eficiencia del proceso) estriba en el uso del agua, que ha de ser dulce si queremos evitar muchos problemas adicionales. ¿Puede el consumo de agua para fabricar hidrógeno verde ser competencia de la destinada a la agricultura? Pues depende de cuánto hidrógeno queramos producir y la demanda de agua que lleve asociada, pero lo que se dice sobrar agua, en España no sobra; menos agua para su uso agrícola es también menor producción de alimentos.
  6. La guerra. En Europa casi teníamos olvidado de que va esto de las guerras pero además de muertos y destrucciones producen pérdidas de cosechas y escasez de alimentos al desviar los vencedores el flujo de las exportaciones habituales del país invadido. La guerra de Ucrania, la que ahora más preocupa, puede disminuir la producción de alimentos necesarios en Europa.

Las razones que en mi opinión pueden provocar una falta de alimentos, son objetivas y obedecen fundamentalmente a la problemática relacionada con el cambio climático/transición energética, aparte de la conflictividad bélica. Estas causas eran desconocidas en la época de Malthus, que solo se fijó en el efecto del crecimiento de la población.

No quiero actuar de “espantaviej@s”, como lamentablemente hacen algunos periodistas, incluso insignes pero mal informados. Únicamente he pretendido reflexionar sobre las causas que pueden producir a corto o medio plazo, una crisis alimentaria  por disminución de la producción. En más de doscientos años, el hambre en el mundo no ha sido por falta de producción sino por una injusta distribución. Pero ahora asoman nuevos factores en el horizonte y la coincidencia de varios de ellos, en el espacio y en el tiempo, puede tener consecuencias imprevisibles.

Solo un nuevo modelo económico que no pretenda un crecimiento infinito en un mundo finito puede sortear la crisis alimentaria. Pero no creo que muchos estén dispuestos ni siquiera a imaginarlo.

Ferran Vallespinós Riera

Dr. en Ciències biològiques, Investigador Científic del CSIC

Alcalde de Tiana (1995-2007)

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