Petrona Eyle

“Liga contra la trata de blancas”

A inicios del S.XX, en Argentina, existía un enorme mercado de trata de blancas, muchas de ellas menores. Sufrían vejaciones de todo tipo: violaciones, embarazos no deseados y prostitución. Petrona Eyle luchó contra ello y a favor de los derechos de las mujeres de una manera clara y contundente.

Ni su nombre, Petrona, ni su apellido, Eyle, nos harían pensar en una mujer que nació y murió en la ciudad de Buenos Aires y que era de nacionalidad argentina, sin embargo, así, es.

Petrona, 1966-1945, era hija Gustavo Eyle, cirujano del Ejército, el cual aparece mencionado en el año 1867 como concejal de Baradero durante una grave epidemia de cólera. Su madre también provenía de suiza. Fueron los primeros grupos de suizos que se trasladaron a Argentina en busca de una vida mejor.

Los primeros años estudió en Argentina, primero en el Colegio Nacional de la Concepción del Uruguay, y cuando hubo allí terminado, se fue a estudiar, y, posteriormente, se formó como maestra normalista, obteniendo la titulación en 1886. 

Tal vez porque lo había vivido en su casa, tal vez porque era su vocación inicial, tal vez porque tenía un afán de servicio, o por otras muchas motivaciones que ignoramos, en 1887 se traslada a Suiza, concretamente, a Zúrich, a estudiar medicina.  En realidad, su traslado a este país no es tanto por un motivo familiar y de conocimiento de la lengua, sino porque esta es la primera universidad europea que admite alumnas para los estudios médicos en sus aulas.

Finalizará sus estudios en 1891, con la edad de 25 años, y regresará a su país, de esta manera se convertirá en la segunda médica argentina en ejercicio.  La primera había sido Cecilia Grierson.

Cuando volvió de Suiza, ya había realizado una tesis doctoral siendo las modas y creencias del momento, y que tituló “Anomalías de las orejas de los delincuentes”, presentada en alemán y en inglés.

Hoy en día este estudio carece de credibilidad científica, pero en aquel momento se consideraba muy avanzado dentro de las teorías que se desarrollaban para estudiar la delincuencia y sus causas, considerando los rasgos físicos. La antropometría del momento, basada en los trabajos de César Lombroso, era tenida como un elemento clave para conocer la criminalidad y poderla controlar.  Los rasgos físicos, tales como el tamaño del cráneo y sus formas, las orejas, etc., podían permitir identificar a los criminales y, por tanto, ayudar a la disminución de la delincuencia.  Era una de tantas teorías del momento, hoy sin crédito, que se enmarcaran en el denominado darwinismo social que nos habla de razas superiores o más evolucionadas, de los roles sociales y del rol de los sexos.

A su regreso a la Argentina lo primero que tiene que hacer es convalidar, revalidar, su titulación para poder ejercerla.

Comenzará a trabajar en hospitales públicos, en contacto con la realidad del país, allí se inicia como militante feminista con un discurso vivo y claro a favor de la mejora de la situación de la mujer. A la vez, tendrá muchos problemas en una sociedad en que el papel de la mujer era plenamente secundario, y su tarea como médica no era bien vista.

Pronto ingresó en la Asociación Médica Argentina, avalada por Cecilia Grierson.

Junto a Cecilia en el año 1900 crea el Consejo Nacional de la Mujer y posteriormente, crean la Asociación de Universitarias de Argentina figurando entre otras, Elvira Rawson de Dellepiane (tercera médica del país).  Entre otras actividades organiza el Primer Congreso Femenino Internacional de la República Argentina, donde debaten el rol de la mujer en la sociedad, y, destacando, el hecho del derecho al voto femenino.

La «Asociación Universitarias argentinas» presentó numerosas iniciativas al Congreso Nacional como la Protección a la Maternidad (1901), Sanidad y Asistencia Social (1906), Jubilación del Magisterio (1907), Igualdad de Derechos Civiles para la Mujer (1919), entre otras.

Con estas organizaciones presentan en el congreso algunas iniciativas de cara a mejorar la vida de las mujeres, tales la protección de la maternidad, o asegurar la igualdad de derechos civiles entre los sexos.

En 1906 se crea el “Centro Feminista del Congreso Internacional del Libre Pensamiento” y allí encontramos a mujeres argentinas notables en la lucha por la igualdad como Petrona Eyle, Julia Magdalena Ángela Lanteri, más conocida como “Julieta” Lanteri; Elvira Rawson de Dellepiane, Sara Justo, Cecilia Grierson, y Adela Di Caprio.

En 1910, con motivo del Centenario de la Revolución de Mayo, Petrona fue la encargada de presidir el Comité organizador del “Primer Congreso Feminista Internacional”, realizado con señalado éxito, con la presencia de numerosas delegaciones de mujeres de Chile, Paraguay, Perú, Uruguay, etc. y también de varios países europeos. El mismo fue presidido en sus deliberaciones por la doctora Cecilia Grierson y Eyle integró las subcomisiones de Ciencia y de Derecho de reunión.

En 1924 funda la Liga contra la Trata de Blancas, un problema real en el país, que era considerado en aquella época un gran “mercado de mujeres”.

Entre los muchos objetivos de su lucha estaban:  los derechos de los niños, que sufrían abusos, explotación; los problemas de los embarazos tempranos producto de violaciones, abuso sexual o prostitución de menores desde los diez años.

En 1918 fundó y fue la primera directora de la revista Nuestra Causa, que fue como el órgano de expresión de las corrientes feministas y del activismo social en favor de la igualdad y del reconocimiento social y político de la mujer.

Después de esta gran actividad en favor de la igualdad de la mujer su figura se fue apagando y olvidando, nos quedan pocos datos de ella, excepto en 1937 cuando forma parte de la comisión de homenaje a Cecilia Grierson, la primera médica argentina.

Tampoco tenemos noticia de que haya dejado obra escrita, a parte de la tesis ya mencionada.

Petrona falleció un 12 de abril de 1945, dos años antes de que se aprobara la ley del voto femenino.

Una mujer entregada a la vida de las mujeres, a su reconocimiento social y político, a su salud física, a sus derechos, a poder ejercer plenamente como persona.

Petrona no se paraba antes las dificultades, que fueron bastantes, tuvo la suerte que en ese momento en Argentina surgieron un grupo de mujeres que decidieron que ya estaban cansadas de ser consideradas seres inferiores e incapaces, todas ellas levantaron la cabeza y se negaron a seguir unos designios que marcaba su época y su sociedad.

Petrona compaginó su trabajo de doctora con su activismo social y liderando numerosas organizaciones feministas.

Su activismo y su trabajo buscaban el empoderamiento de la mujer, primero consiguiendo el derecho al voto, cosa que no pudo ver.

Petrona nos explica en la revista Nuestra Causa como ve la situación de las mujeres: “El movimiento feminista no es ya una manifestación aislada de unas cuantas exaltadas, excéntricas, que inspiraban repulsión, es ahora una evolución mundial, que nada ni nadie podrá reprimir. Es necesario estudiar esas manifestaciones y sobre todo las mujeres deben conocer lo que pretenden las feministas”.

En ello estamos todavía.

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