La vida en un canelón

Un canelón tiene tres partes desde fuera a dentro: bechamel (la apariencia), la oblea (la vestimenta) y el relleno (la interioridad).  Partiendo de esta clasificación tan sencilla estoy casi segura que la vida en ocasiones es como un canelón.

Y todo ello me vino a la cabeza cuando me invitaron a una casa a probar los canelones que tenían que ser la experiencia de mi vida.  Según sus hijos la madre cocina mal no, fatal, pero para los canelones tenía la mano rota, eran… deliciosos.

Me pareció una doblez exagerada, ya que cocinando tan mal, tan sumamente mal, un plato, no fácil, le saliera tan exquisito.  Pero vamos a ello.

Si te invitan la cortesía obliga a acudir, y así lo hice, no es que me apeteciera demasiado, y yo ya pensaba en las múltiples capas que cubren la esencia de una persona, pero ese canelón me descubrió el mundo.

Ya la introducción no fue buena, me debía haber fijado más que la bechamel de las relaciones familiares era grumosa, pero lo dejé pasar.  ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡No puede ser todo perfecto!!!!!!!!!!!!!!!!

Me sentía como en una película americana jugando a la familia feliz, escondiendo manías y rencores.  ¡¡Pero a lo mejor era yo que estaba suspicaz!!

Pero pasemos a la mesa a probar los canelones.

Tenían una presencia ciertamente buena, apetecible.  Y antes de probarlos ya comenzaron las alabanzas y agradecimientos de sus hijos por el fabuloso esfuerzo realizado.  La gran cocinera nos hizo un discursito medio humilde, pero remarcando que eso era un extra y lo había hecho porque había una persona invitada.

Me ví en un aprieto.  ¿Y si no me gustan? ¿y si me he hecho falsas ilusiones?

Llegó el gran momento, miré los canelones en el plato y pensé sería un día memorable.  ¡¡¡¡No era consciente de cómo sería!!!!

Eran, como decirlo, indescriptibles, pero de una indescripción totalmente diferente a la idea que tenía: la oblea gomosa (se enganchaba a los dientes), el relleno duro (casi diría pétreo), y la bechamel grumosa e insípida.

Todos los ojos, seis terribles ojos, fijados en mí, y yo ensalivando, por un motivo diferente, ya que tenía que ablandar el relleno y esperaba se separaran de mis dientes esas chiclosas obleas.

Yo moviendo la cabeza diciendo si, y sonriendo, mientras intentaba con la lengua (vano esfuerzo) desenganchar la oblea que se había quedado en mis muelas.

Sorbido de agua intentándolo.

Parece que un poco se iba soltando.

Al conseguir tragar, no sin esfuerzo, me expresé con la mejor buena educación, y también hipocresía, posible.  “Están sencillamente deliciosos, tal vez los mejores que he comido nunca”.

Suspiros, risas amables, y la señora cocinera engordada en su orgullo ignorante de los esfuerzos que hacía.  Y otro traguito de agua ayudó bastante.

Y mientras comía, todo lo despacio que podía y pedacitos pequeños para tragarlos rápido, sonreía, asentaba con la cabeza, y miraba de reojo un reloj de pared esperando llegara la hora de irme, ya que les había comentado que tenía otro compromiso.

Y no pude evitar el pensar en los preámbulos de dicha reunión, en la que los hermanos se habían criticado (ella es una inútil, él es un machista, ella se queja de todo, él es un prepotente), y la señora también había hablado de sus vástagos.  Despectivamente, pero “con cariño”. Y me di cuenta que su vida familiar era como un canelón: bonito y apetecible por fuera; pero gomoso, pétreo e insípido por dentro.

Ninguno en realidad soportaba al otro, pero eran una familia.  Una señora “debía” tener hijos, aunque éstos le molestaran para ella poder “ser feliz”.  Los hijos compitiendo entre sí, buscando el afecto y respeto de una madre fría como un témpano, que repetía constantemente que “tenía derecho a ser feliz”.

Aprendí mucho en aquella reunión, especialmente que las apariencias esconden verdades inconfesables y que, aunque no les guste, su vida, la vida de muchos es como un canelón: una bechamel grumosa, una oblea gomosa y un relleno seco e insípido.

La vida es una comedia, pero en ocasiones es solamente un canelón.

Marisa Escuer

Profesora de la UOC y Docente de Secundaria

@marisaescuer

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