Alaíde Foppa

“Con los ojos de la despedida, la vida parecía una cosa perdida”

La poesía puede ser un refugio, un medio de expresión de sentimientos propios y comunes, una forma estética de mostrar la realidad, o una forma de protesta y rebeldía.  La poesía puede ser muchas cosas, parte de estas muchas cosas nos la muestra Alaíde Foppa de Solórzano (1914-1980) con las múltiples facetas de su vida, primero como guatemalteca en un país convulso, como traductora, como escritora y poetisa, pero, especialmente como mujer comprometida, como feminista.

Ella, desde sus escritos, nos muestra su intimidad familiar, su entorno, pero, destacando, la memoria y la rabia de un pueblo expulsado, lleno de violencia y represión, un pueblo sin derechos.

Curiosamente Alaíde nace en Barcelona, cuando su padre era cónsul en dicha ciudad, y dentro de una familia liberal y acomodada, lo cual le dio cultura, preparación, pero también las posibilidades de enfrentarse a una realidad, la de su país, que no le parecía justa.

Su padre era el periodista argentino de ascendencia italiana Tito Livio Foppa (1884-1960), además era diplomático, escritor, dramaturgo y crítico teatral. Su madre era Julia Falla, guatemalteca, pianista, perteneciente a una clase acomodada de cafeteros.

El trabajo de su padre le permitió viajar y formarse fuera de su país, Guatemala, ver mundo, y comprobar la importancia de la libertad, de la libre expresión, y del papel que las mujeres debían jugar en la sociedad de un país.

Viajó por Europa, Suiza, Francia, en Bélgica donde estudió el bachillerato, posteriormente, en Italia fue a la universidad, donde realizó estudios de en el Departamento de Letras y de Historia del Arte, y también, viajó a la Argentina. 

En 1943 visita Guatemala, y al año siguiente adopta esta nacionalidad no de manera gratuita, el país había estado sumido en una dictadura con Jorge Ubice, los cambios que comienzan a producirse es lo que la anima a pedir la nacionalidad. Entusiasmada por la causa revolucionaria se une a ella, colaborando en diferentes actividades con la misma.

“Llegué en vísperas de la Revolución democrática de 1944; viví en pocos meses ese estado de angustia y opresión que ahora se ha renovado y está cada vez peor. Fue la primera vez que sentí a la gente, el miedo, la angustia, la enorme injusticia social, la pobreza, la explotación del indio. Para mí fue impactante. Comprendí que de alguna manera yo tenía que participar en todo aquello” (Entrevista realizada por Carmen Lugo, publicada en 1981, en Excélsior, México, después de su desaparición).

Alaíde formó parte de la Junta Directiva de la Unión Femenina Guatemalteca pro-Ciudadanía, ejerció en la Facultad de Humanidades de la Universidad de San Carlos de Guatemala (USAC). Además, participó en la fundación del Instituto Italiano de Cultura en Guatemala.

Si hay algo importante a destacar de la Revolución de octubre en Guatemala, es el haber salido por primera vez de largos períodos de oscurantismo dictatorial y tener las primeras elecciones libres. Alaíde fue partícipe y se involucró en las primeras campañas de alfabetización, sin dejar de observar y hacer señalamientos sobre el lugar en el que ubicaban a la mujer en los manuales.

En 1945 conoce al presidente Juan José Arévalo con quien tuvo un romance y su primer hijo, Julio Solórzano Foppa, que nació ya en México, sin embargo, la relación terminó con un gran desengaño.

Posteriormente se casó con el intelectual y político de izquierda Alfonso Solórzano, y que reconocerá a Julio como hijo suyo.  De esta unión nacerán cuatro hijos más en el exilio.

Alfonso Solórzano pertenecía también a una familia acomodada y había estudiado derecho en Alemania, pero, tal vez, el punto más fundamental será que fue el fundador del Partido Guatemalteco del Trabajo. Pero la actividad política de su marido hizo que fuera juzgado como militante de la denominada izquierda radical, con lo cual la pareja tuvo que marchar del país, exiliándose en México.

En México se han de ganar la vida, y ella trabaja como profesora en la Facultad de Letras en la Universidad Nacional Autónoma de México, Alaíde habla italiano por su formación, esto le permite hacerse cargo de la cátedra de literatura italiana.

La vida da muchos cambios, y también la política, y su marido será nombrado cónsul de Guatemala en París, allí se trasladan con sus hijos, y aunque ella intenta conseguir su doctorado en La Sorbona no lo puede terminar.

Es una mujer culta, de múltiples intereses, y de una vida muy compleja y completa repartida entre los cuatro puntos clave de su vida: la crítica de arte, el feminismo, la poesía y la docencia y la vida académica. Por si esto fuera poco, Alaíde todavía se dedica a la traducción simultánea del italiano al español o viceversa para redondear su presupuesto.

En 1950 regresó a Guatemala junto con su familia, pero cuatro años después tuvieron que salir nuevamente al exilio tras el derrocamiento del gobierno del coronel Jacobo Árbenz Guzmán en junio de 1954.

En 1954 se produce en Guatemala un golpe de estado propiciado por EEUU y llevado a cabo por la CIA, contra el gobierno elegido democráticamente de Jacobo Arbenz Guzmán.  La justificación de dicha invasión en la oposición del gobierno guatemalteco a los intereses de la United Fruit Company y por permitir que los miembros del partido comunista de Guatemala —Partido Guatemalteco del Trabajo— influyeran en las decisiones más importantes de su gobierno.

Tras dicha invasión comienza un nuevo exilio de la familia nuevamente en México, como muchos guatemaltecos han de marchar a la fuerza, y todos sus bienes son decomisados.

Refugiados en México, el matrimonio Solorzano Foppa, con cinco hijos- 2 chicas y tres chicos-, se fueron incorporando en el país vecino. Alaíde que no dejó de escribir poesía, realizaba traducciones, críticas literarias, columnas en diarios, se incorporó a la universidad de la UNAM desde donde creó la cátedra Sociología de la mujer, enseñaba literatura italiana y conducía un programa de radio llamado Foro de la Mujer.  Sentando así las bases de los primeros programas de estudios de la mujer.

Los primeros años en México son de adaptación, en estos años sigue continuamente los acontecimientos en Guatemala uniéndose a la disidencia al gobierno guatemalteco.  Una vez instalada, tanto ella como su familia, reanuda su actividad cultural y literaria, una etapa muy creativa, universidad, revistas, radio, entre otros, siempre vinculada al movimiento feminista.

Siempre alerta a lo que pasa en su país en 1967 denuncia públicamente el bombardeo de las montañas realizado por aviones norteamericanos que estaban en la base militar del canal de Panamá, bajo las órdenes del General Haig.  La represión del gobierno guatemalteco es muy grande, y como oposición a la misma desde 1962 hay una guerrilla castrista enfrentada al mismo.  A esta guerrilla,concretamente al Ejército Guerrillero de los Pobres (EGP), se unen tres de sus hijos: Juan Pablo, Mario y Silvia.

Ella, desde su exilio, se involucra plenamente en la defensa de los derechos humanos, y de las mujeres guatemaltecas, que son las que más sufren en esta represión. 

En 1965 se une a Amnistía Internacional y a la Asociación Internacional de Mujeres contra la Represión (AIMUR).

Retoma su vida intelectual en el plano profesional volviendo a la universidad, a la facultad de Letras, como titular de una cátedra de literatura italiana. Se forja en torno a ella todo un núcleo de intelectuales mexicanos que la apoyan tanto como persona como por sus conocimientos.

En 1976 funda la revista feminista FEM y colabora en el programa radial Foro de la Mujer.

La revista FEM estuvo activa hasta el 2004.  Es considerada un órgano de reflexión feminista. La revista planteó múltiples temas: discusiones sobre la legalización del aborto, semblanzas de mujeres exitosas, aportaciones de las mujeres a la ciencia y el arte; también se habló del trabajo doméstico no remunerado, de la liberación femenina no capitalista, de la doble jornada y el hostigamiento y de otros temas que aún siguen sobre la mesa.

En esta revista escribieron casi todas las mujeres mexicanas escritoras de su tiempo, aunque siempre había colaboraciones extranjeras. Publicaron también varones en algunas ocasiones.

FEM posibilitó que las ideas liberadoras llegaran a todo tipo de mujeres: campesinas, indígenas, trabajadoras, estudiantes, académicas y universitarias.

Alaíde estuvo, además, a cargo del programa de radio Foro de la Mujer en el que se documentó la lucha por la legalización del aborto y pronto se convirtió en un espacio en el que muchas mujeres tuvieron la confianza de denunciar a hombres que cometían algún acto de violencia contra ellas.

Ella temía por sus hijos, así lo reflejó en uno de sus poemas:

“Mis hijos”

Cinco hijos tengo,

cinco caminos abiertos,

cinco juventudes,

cinco florecimientos.

Y aunque lleve el dolor

de cinco heridas

y la amenaza

de cinco muertes,

crece mi vida

todos los días.

Cuando realiza viaje a Guatemala sufre al ver la situación de su pueblo, indignándose de los abusos cometidos por los militares.

Ella sentía un gran miedo de lo que pudiera pasar, y el miedo se tornó en realidad. Su hijo Juan Pablo desaparece en 1980, es el momento de la dictadura de Romeo Lucas García, y un año después asesinan a su hijo Mario durante ataque al grupo guerrillero.

La tristeza, el dolor, el pesar, inunda a la familia.  Su marido, Alfonso, cae en un dolor inmenso con estas noticias, sale a la calle desorientado y es atropellado y fallece.

La tragedia se ha cebado con la familia en ese trágico año, poco después, el 19 de diciembre de 1980, Alaíde vuelve a Guatemala para renovar el pasaporte que le ha vencido, es secuestrada a plena luz del día por el servicio secreto del gobierno. Se la da por desaparecida, se sabe que fue torturada y asesinada, sus restos no fueron hallados nunca.

Según afirmó una de las biógrafas y recopiladoras de su obra, Luz Méndez de Vega, “uno de los motivos de su secuestro y muerte fue porque suponían que, en las frecuentes visitas a su madre, lograba ponerse en contacto con sus hijos y podía servir de correo a los exiliados en México. Las sospechas se agravaron ese último año, cuando después de la desaparición de Juan Pablo, ella se integró al grupo de familiares de los desaparecidos políticos y respaldó sus reclamaciones. Otro motivo fue por formar parte de la directiva de la revista feminista FEM, con la cual nos había mantenido a las feministas guatemaltecas al tanto de los avances del feminismo”.

Tuvo una rica obra: los poemarios Poesías (1945), Las sin ventura (1955), Los dedos de mi mano (1960), Aunque es de noche (1962), Guirnalda de primavera (1965), Elogio de mi cuerpo (1970), y Las palabras y el tiempo (1979).

Ella realizó una poesía comprometida, combatiente, dirigida a sus afines, pero también a los que no lo eran.

«Mujer»

Un ser que aún no acaba de ser,

No la remota rosa angelical,

que los poetas cantaron.

No la maldita bruja que los inquisidores quemaron.

No la temida y deseada prostituta.

No la madre bendita.

No la marchita y burlada solterona.

No la obligada a ser buena.

No la obligada a ser mala.

No la que vive porque la dejan vivir.

No la que debe siempre decir que sí.

Un Ser que trata de saber quién es

Y que empieza a existir.

Alaíde se la considera pionera del feminismo, no sólo por su revista FEM, sino también por sus colaboraciones en la radio y sus vínculos con las agrupaciones feministas.

“Mi vida es un destierro sin retorno. No tuvo casa mi errante infancia perdida, no tiene tierra mi destierro. Mi vida navegó en nave de nostalgia (…) pensaba zarpar un día, y el presentido viaje me dejó en otro puerto de partida” reza el poema Destierro, escrito por Alaide Foppa, feminista que, si bien nació en España, luchó por la libertad y derechos de las mujeres del mundo.

Alaíde fue una mujer única y excepcional, una transgresora que reivindicó el placer de vivir, una luchadora social política, traductora, periodista, políglota, poeta y profesora, pero especialmente protagonista de su historia, de la historia de su país y de la defensa de las mujeres.

Su vida, plena, llena, alegre y triste, desde que decidió que defender la democracia, la libertad y a las mujeres como el grupo más sufriente de su país, nos muestra un ejemplo de lucha hasta el final, con el amargo sabor de boca de un final trágico y convertirse en una desaparecida, como muchas mujeres en el mundo, solamente por el hecho de serlo y por ser molesta al reivindicar sus derechos.

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