Emily Murphy

woman draped in a flag of canada

Queremos mujeres líderes hoy como nunca antes. Líderes que no teman que los insulten y que estén dispuestos a salir y luchar. Creo que las mujeres pueden salvar la Civilization. Las mujeres son personas.

Emily Murphy fue una de las cinco mujeres que cambiaron la historia de Canadá, al conseguir que las mismas fueran reconocidas como personas, pero, al igual que las otras, su vida tuvo claroscuros, puntos aceptados y rechazados.  Tal vez fue su entorno, su educación o las circunstancias del momento, lo que la hizo embarcarse en múltiples historias.

Emily Murphy nació en 1868 y falleció en 1933.  Su apellido Murphy era de casada, su nombre de soltera era Emily Gowan Ferguson, nacida en una importante familia de Ontario.  Su abuelo materno fue Ogle R. Gowan, que fue político y periodista.  Y sus tíos formaron parte de la Corte Suprema.

Fue la tercera hija de Isaac, un rico terrateniente y hombre de negocios, y de Emily Ferguson.  El pertenecer a esta familia fue para ella toda una ventaja, se le permitió estudiar en una escuela de élite femenina, y desarrollarse intelectualmente, era, en cierto modo, una privilegiada.

El asistir a esta escuela supuso una influencia en su formación, pero también en su vida, ya que conoció allí al que sería su marido, Arthur Murphy, que en esos momentos estudiaba teología.

Pronto, en 1887, se casaron y formaron una familia con cuatro hijas.

Emily, antes de la famosa reunión del té, estuvo involucrada y comprometida con muchas causas, pero siguiendo en cierto modo el rol que le correspondía como esposa y madre en primer lugar.

Su vida personal estuvo muy llena, entre 1900 y 1906 se dedicó a la escritura, a hacer de periodista realizando bocetos de viajes y publicando con el seudónimo de Janey Canuck.  Pero no podían ser ajenos a ella los problemas sociales y de pobreza que observaba en el estado de Alberta donde vivía, y tampoco la situación de las mujeres que no habían podido gozar de los privilegios que ella tuvo.

Toda esta labor y compromiso tienen como resultado que en el año 1910 sea nombrada miembro de la Junta del Hospital de Edmonton, siendo la primera mujer en llegar a dicho puesto.

Su experiencia en dicho hospital será clave, allí se da cuenta de que la ley es sumamente injusta con las mujeres, al carecer de derechos las mujeres no podían tener propiedades a su nombre, y el marido podía vender y disponer como quisiera, condenándolas, en muchas ocasiones, su mujer e hijos, a la miseria.  En este momento se plantea un objetivo clave: revocar la ley de propiedad, y en 1916 se aprueba en Alberta la Ley Dower, la cual otorgaba a las mujeres el derecho legal al 33% de la propiedad del marido. Las mujeres, si se eran totalmente desposeída de propiedades por sus maridos, podían recurrir legamente.

Con este paso las mujeres comenzaban a visibilizarse, a formar parte “real” de la sociedad, aunque aún no lo eran plenamente.

Con este hecho Emily abandonó el anonimato, convirtiéndose en una figura destacable de la lucha por los derechos de las mujeres.  Empezó a participar en asociaciones, siendo miembro de Equal Franchise League, que era una asociación de mujeres sufragistas, y trabajó, junto con otras feministas en que las mujeres consiguieran el voto en el estado de Alberta, coso que sucedió en 1916.

Sus conocimientos legales le permitían contribuir y participar en determinadas causas, y entre otras defender a las mujeres acusadas de prostitución, pero, curiosamente, tanto a ella como a sus acompañantes se les solicitó que abandonaran la sala del tribunal donde se realizaba el juicio, ya que “sería inapropiado que ellas estuvieran presentes”.  Emily pensaba que juzgar a las prostitutas solamente con presencia masculina no era adecuado, por ello protestó ante el Fiscal General argumentando que si las mujeres no podían ser juzgadas con hombres y mujeres presentes deberían serlo por una jueza. “Si la evidencia no es apta para ser escuchada en una compañía mixta”, argumentó, “entonces… el gobierno… [debe] establecer un tribunal especial presidido por mujeres, para juzgar a otras mujeres”.

Esta protesta de Emily hizo posible pudiera convertirse en magistrada, siendo la primera mujer en conseguir dicho puesto en el Imperio Británico.  Pero no todo era fácil, el primer juicio al que asistió como tal supuso que el abogado del acusado, Eardley Jackson, protestará y recusará a la magistrada ya que el veredicto, que era de culpabilidad, que había emitido no era válido al ser la magistrada una mujer.  Para ello se basó en la ley BNA de 1867, que establecía que persona era igual a hombre.

Este hecho desencadenó una serie de reacciones y una gran campaña para cambiar esta obsoleta ley reconocer a las mujeres como personas.

Como se explicó en el artículo anterior, cinco mujeres reunidas, Las Cinco Famosas, cuestionaron a ley y elevaron protestas, hasta que, finalmente, se dio a las mujeres la categoría de personas.

“¿La palabra ‘persona’ en la Sección 24 de la Ley de América del Norte Británica incluye a las mujeres?”

Esta sentencia fuera histórica y puso a Emily en primer plano de la historia, pero en su vida hubo, como dije al principio, claroscuros que enturbiaron sus esfuerzos y sus logros.

Un caso claro es su libro “La vela negra”, de 1922, en él trata el tema del tráfico de drogas en su país, y mantiene la tesis de que tanto las drogas, la prostitución, el alcohol, como la pobreza son algo ajeno al país y sus habitantes y va ligado a la llega de inmigrantes.   Afirmaba que “(el uso de drogas) es un flagelo tan terrible en sus efectos que amenaza los cimientos mismos de la civilización”.

Otra seria polémica suya es su apoyo, como otros grupos del momento, a la eugenesia, apoyando dicho movimiento, y junto con otras feministas (algunas de ellas del grupo de las Cinco Famosas) dio conferencias en favor de la esterilización involuntaria, es decir impuesta, entre las personas que calificaban con “deficientes mentales”. 

En un artículo de 1932 titulado “Sobrepoblación y control de la natalidad”, afirma: “… la sobrepoblación [es un] problema básico de todos… ninguno de nuestros problemas se puede aliviar hasta que se resuelva”. Como los conflictos no terminaban Emily, que era pacifista, teorizó que la única razón para la guerra era que las naciones necesitaban luchar por la tierra para acomodar a su creciente población. Su argumento era básico:  si hubiera control de la población, la gente no necesitaría tanta tierra, y sin la constante necesidad de más tierra, la guerra dejaría de existir.

Su solución a estos problemas sociales fue nada menos que la eugenesia.

La cría selectiva era considerada un enfoque científico y social progresista y Emily apoyó la esterilización de aquellos individuos que se consideraban deficientes mentales. Creía que los inferiores mental y socialmente se reproducían más que los “pura sangre humanos.

En una petición, escribió que los niños con problemas mentales eran “una amenaza para la sociedad y un costo enorme para el estado… la ciencia está demostrando que los problemas mentales son una condición hereditaria transmisible”.

Estas campañas tuvieron su éxito ya que en 1928 la Asamblea Legislativa de Alberta fue la primera del país en aprobar una Ley de Esterilización Sexual, que no fue derogada hasta 1972.  Amparados en dicha ley unas 3.000 personas fueron esterilizadas contra su voluntad.

Emily fue miembro del Canadian Women’s Press Club (presidenta, 1913-1920), el National Council of Women, el Federated Women’s Institute y otras veinte organizaciones.

Emily Murphy murió repentinamente mientras dormía en 1933 a la edad de 65 años. Aunque ella ganó una importante victoria por los derechos de las mujeres en todo el Imperio Británico, ella nunca realizó su sueño de convertirse en senadora.

Cronología

1868 – Nace en Cookstown, Ontario el 14 de marzo

1887: se casa con Arthur Murphy y tiene cuatro hijas, Madeliene, Kathleen, Evelyn y Doris.

1898 – La familia se muda a Inglaterra. Emily comienza a escribir bajo el seudónimo de Janey Canuck.

1901: se muda a Swan River, Manitoba. Se publica The Impressions of Janey Canuck Abroad.

1907 – Se muda a Edmonton, Alberta y comienza su activismo social.

1910 – Primera mujer nombrada miembro de la Junta del Hospital de Edmonton.

1911 – Se aprueba la Ley Dower de 1911 y otorga a las mujeres de Alberta derechos de propiedad.

1913 – Presidenta del Club de Prensa de Mujeres Canadienses. (Hasta 1920).

1916 – Las mujeres de Alberta obtienen el voto. Se convierte en la primera magistrada del Imperio Británico.

1922 – Se publica The Black Candle sobre el tráfico de drogas en Canadá.

1927 – Recluta a Nelly McClung, Henrietta Muir Edwards, Louise McKinney e Irene Parlby para apoyar una petición a la Corte Suprema de Canadá para incluir a las mujeres en la definición de “personas”.

1929 – 18 de octubre El Consejo Privado de Inglaterra sostiene que las mujeres, de conformidad con la s. 24 de la Ley de América del Norte Británica de 1867 (ahora llamada Ley de la Constitución de 1867), son elegibles para ser nombrados para el Senado canadiense.

1933 – Muere mientras dormía el 17 de octubre a la edad de 65 años.

Su vida llena, como ya he dicho, de claroscuros tuvo puntos fundamentales y, en otros, las tendencias ideológicas, hoy consideradas pseudocientíficas, de superioridad racial, la inclinaron a posiciones que consideramos criticables, pero, no obstante, su labor es digna de encomio, fue todo un reto en aquel momento en que una mujer no era “nada” ni “nadie”, y ella consiguió ponerla en primer plano, aunque éste fuera no entendido y criticado.  Así lo afirmó y los sostuvo “creo que las mujeres pueden salvar la civilización”.

Emily Murphy, una mujer de contrastes que defendió a las mujeres.

We want women leaders today as never before. Leaders who are not afraid to be called names and who are willing to go out and fight. I think women can save Civilization. Women are persons.

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