Súsanna Helena Patursson

photo of a sheep

Veðurføst. “incapaz de moverse debido a las condiciones meteorológicas”

Con este título tan sugerente Susanna Helena Patursson hace hincapié en la necesidad de salir al aire libre, de que salieran las mujeres del hogar, tras la larga estancia del invierno feroés.

El vivir en un pequeño archipiélago puede dar la sensación de lejanía, pero a la vez de propia personalidad vinculada a esa sensación de lejanía.

Susanna Helena Patursson, era de las Islas Feroe, un archipiélago que en feroés se llama Føroyar; y en danés es Færøerne, que parece ser significa “islas de corderos o de las ovejas”, no queda claro que, si esta denominación proviene de los monjes irlandeses que estuvieron en las mismas hacia el siglo VII, o bien, tiene influencia noruega.  Más bien parece que, al ser unas islas, las diferentes influencias y ocupaciones influyeran en su nombre, y, claro está, en su espíritu.

Lo que, si es cierto que su ubicación en el Atlántico Norte, entre territorios que el mar era parte de su vida diaria, supuso que entraran diferentes influencias del entorno.

La unión histórica de algunos territorios escandinavos, supuso que las islas formaron parte del estado conjunto de Noruega y Dinamarca, hasta que, finalmente, en 1814 se separan dichos territorios, quedando bajo el control danés definitivamente.

En este territorio bilingüe, ya que se habla feroés y danés, nace Susanna Helena Patursson en 1864, falleciendo en 1916.

Era hija del granjero real Poul Peder Pedersen y de Ellen Cathrine Djonesen. Creció en la granja del rey Kirkjubøargarður, donde ella y sus hermanos tomaron lecciones privadas.

El padre de Susanna Helena fue uno de los grandes campesinos reales de las Islas Feroe, es decir, agricultores privilegiados cuyas tierras se heredaban indivisas a los hijos. Creció en el asentamiento tradicional de Kirkjubøur, donde parece ser nació el rey Sverre de Noruega, y allí se encuentra el monumento más importante de las Islas Feroe, Kirkjubø-múrurin, una catedral, en ruinas, del siglo XII al XIII.

Al principio acudió, junto con sus hermanos Jóannes y Sverre, a una escuela privada, de hecho, ésta estaba en su propia casa, y posteriormente se desplazó a Copenhague a coser, a bordar, y también clases de piano.

En Copenhague organizó un sindicato de mujeres y en 1896 persuadió a la Asociación de las Islas Feroe para que se afiliara con mujeres.

Estuvo trabajando en un despacho de abogados, en el cual se puso en contacto con unas realidades diferentes, hasta su regreso a las islas.  Fue en 1904, ya con 40 años, cuando regresa, y se involucra, junto con sus hermanos en el movimiento nacionalista, pero, especialmente en la situación de las mujeres.

Ya en este momento ha realizado unos cuantos escritos en la lengua fe las Feroe, el feroés, habiendo escrito una obra de teatro titulada Veðurføst (palabra de género femenino que significa “incapaz de moverse debido a las condiciones meteorológicas”), aunque solamente nos quedan fragmentos de dicha obra.  También comienza a publicar en periódicos nacionalistas de las islas como Føringatíðindi y Fuglaframi.

Tras su regreso a las islas su implicación con el movimiento feminista, de hecho, se la considera la primera feminista del territorio, y funda la primera revista feminista de las Islas Feroe, Oyggjarnar (“Las Islas”), que estuvo dirigida por ella desde 1905 hasta 1908.

Oyggjarnar tuvo una gran importancia en la historia de las Islas Feroe. Cada número tenía cuatro páginas, salía semanalmente y originalmente se vendía por 1,5 coronas por una suscripción de medio año, posteriormente el precio se rebajó.

La revista tenía artículos relacionadas con las profesiones de las mujeres y la educación de las mismas, pero sobre todo enfatizó el papel de las mujeres en el movimiento nacional, haciendo de la cocina una preocupación nacional. Las mujeres tenían que asegurarse de cocinar adecuadamente para equipar a la próxima generación para las grandes tareas del futuro.

Al mismo tiempo, hizo una llamada a la igualdad al señalar que era importante que las niñas comieran tan bien como los niños. Además, la revista propuso a que las mujeres hicieran ejercicio físico en los momentos en los que se podía, ya que el verano era breve, y el largo invierno las mantenía en el interior de sus hogares.

En Oyggjarnar surgió un nuevo rol femenino, unas nuevas mujeres luchando por un futuro mejor.

Las recetas que salieron en la revista fueron publicadas en un libro en 1909 con el título Matreglur fyri hvørt hús (“Platos para cada casa”). Teniendo una segunda parte en 1912 siguió el libro Fríðka um búgvið (El embellecimiento de la casa).

Fue Susanna Helena la pionera del feminismo de las feroesas, y aunque en su momento parecía que pasaban de refilón, sus ideas contribuyeron a que, en 1952, ya fallecida, se fundara Kvinnufelagið (Asociación de Mujeres) en Tórshavn.

Su vida no fue fácil, la ridiculizaron sus tanto por partidarios como por opositores y lo único que se conserva son sus recetas y consejos de ama de casa y algunos poemas. Tuvo que fallecer para ser reconocida, para buscar esos escritos suyos, además de las recetas, ya perdidos, en realzar no sólo el que escribiera en feroés sino también, y en especial, que quisiera dar un lugar a las mujeres en la vida de las islas más allá del doméstico y del cuidado del ganado, más allá de ser la sombra de sus maridos, más allá de contribuir a la procreación.  Pero en su momento no fue entendida, ¿era demasiado avanzada, proponía cosas revolucionarias?  No, solamente proponía dar un lugar real y reconocido a las mujeres feroesas.

Susanna Helena buscó un lugar para las mujeres, un lugar sano, un lugar reconocido, un lugar al aire libre (la buena salud física), un lugar en el que la cocina y sus recetas fueran reconocidas no como algo oculto sino como algo importante, algo femenino, pero no solamente femenino, algo universal.  Y aunque parezca paradójico, ese afán de mostrar y transmitir lo que hacen las mujeres supuso el ponerlas en primer plano, o al menos lo intentó.  Años después sus esfuerzos, en unas pequeñas islas llamadas Feroe, serán reconocidos y será identificada como la pionera del feminismo del territorio.

Por tanto, Susanna Helena intentó demostrar que las mujeres hacían, y hacían mucho, mucho más de lo que se decía, de lo que se expresaba, puso la primera piedra, puede que pequeña y tapada por las burlas, del feminismo inminente feroés.

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