La ética de la carne

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Mucho se está hablando en estos días de la ganadería industrial o ganadería intensiva, que no es más que un sistema que busca la mayor producción de carne, leche y huevos al más bajo coste y en el menor tiempo posible.

Esto conlleva que haya gran cantidad de animales hacinados en espacios reducidos. Animales torturados, alimentados con piensos y forrajes provenientes de terceros países de mala calidad, y dándoles cantidades de antibióticos y medicamentos, si estos animales estuvieran en granjas tradicionales, donde se cuida el bienestar animal, no necesitarían estos medicamentos que pueden llegar a transferirse a los que consumen dicha carne.

Además la enorme cantidad de animales genera una gran cantidad gases de efecto invernadero y otros como el amoniaco, así como de excrementos, que están convirtiendo los campos agrícolas en auténticos vertederos.

España es ya el país dónde más carne se consume en toda la Unión Europea y donde el número de animales para consumo humano no para de crecer. Según los/as expertos/as esto es alarmante, no solo por los problemas medioambientales que acarrea, sino también por los problemas de salud que desencadenan. En España sería necesario reducir el consumo de carne y lácteos para alcanzar un consumo medio por persona a la semana de 300 gramos de carne y de 630 gramos de lácteos.

La ganadería industrial, son auténticas fábricas de cambio climático. Un estudio elaborado por científicos del IPCC y la FAO, estima que el 19% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero está provocado por la ganadería. Solo en España es responsable del 9% de las emisiones.

Por otro lado, es también una de las principales emisoras a nivel mundial de metano, un gas de efecto invernadero con un poder de calentamiento 28 veces superior al CO2. El compromiso presentado por la UE y EEUU de reducir las emisiones un 30% para 2030 será imposible de alcanzar si mantenemos este tipo de ganadería (agenda 2030).

En España, la contaminación media por nitratos del agua subterránea ha aumentado más de un 50% desde el 2016.

Desde 2020 el sector es el tercero más contaminante de España, con referencia a los gases invernaderos, emitiendo más de 60 millones de toneladas de CO2.

¿La ganadería industrial es la solución para la despoblación? Por supuesto que NO. Nos intentan hacer creer que las macrogranjas son la panacea para el medio rural y la solución para la España vaciada, pero si se analizan los datos económicos es todo lo contrario.

La industrialización de la producción agrícola trajo consigo la despoblación del medio rural, los/las trabajadores/as en el sector agrario, respecto al total estatal, ha pasado del 36,3% al 3,98% en el periodo 1997-2016. También se dio una pérdida de más de 2 millones en el número de explotaciones ganaderas (ganadería extensiva). Por mucho que la industria haga promesas de empleo, la verdad es que  la ganadería intensiva ha traído un gran desempleo en el mundo rural y unas condiciones laborales precarias para sus trabajadores/as.

Ante todos estos datos la reflexión es necesaria, debemos volver a la tan alabada dieta mediterránea, basada en el consumo de verduras y productos de proximidad, y quien quiera comer carne, que sea de calidad, de ganadería expansiva, la de toda la vida. Si priorízanos en la calidad en lugar de en la cantidad y el precio estaremos velando por el empleo, el medioambiente, nuestra salud y el bienestar animal.

Nuestra conciencia debería hacernos reflexionar y entender que no todo vale por comer carne barata y que maltratar y torturar animales, tratándolos como si fueran cosas, que no sienten dolor, estrés y sufrimiento no debería ser una opción. Porque los animales de compañía son por fin seres sintientes, pero no dudemos que una vaca, un cerdo o un pollo sienten también.

Victoria Corbacho

Sindicalista UGT Baix Llobregat

@vickycorbacho

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