María Currea Manrique

“Mujer de las Américas”

El año 1960 la OEA, Organización de Estados Americanos, María Currea Manrique fue designada “Mujer de las Américas”.

No era un reconocimiento gratuito a esta colombiana, era el resultado de un firme trabajo en favor de las mujeres, y como enfermera, de la salud de las colombianas, de hecho, destacaron su labor con las siguientes palabras: “su extraordinario trabajo a favor del sufragio femenino durante la década de los cuarenta y primeros años de la de los cincuenta”.

María Curre (1890-1985) nació en la ciudad de Bogotá no en cualquier familia, ya que era hija de un militar y héroe nacional muy conocido, Aníbal Bonilla y de Hersilia Manrique Ramírez. Una familia acomodada del país.

El padre había participado en Guerra de los Mil Días, que se produjo entre 1899 y 1902, y fue un conflicto civil que no duró exactamente mil días, sino en realidad 1130 aproximadamente. Fue un enfrentamiento que tuvo como protagonistas a los partidos tradicionales, liberal y conservador, que, a su vez, se hayan divididos en gran cantidad de fracciones Liberales en las ramas tradicional (moderados) y belicista (radicales); conservadores en históricos (azules moderados y hasta con ciertos tintes liberales) y nacionalistas (azules retardatarios al extremo). Sus divisiones en gran parte se basaron en la forma de percibir la política centralizadora de la denominada Regeneración, que hasta hacía poco tiempo habían dirigido Rafael Núñez y su vicepresidente Miguel Antonio Caro. Pero las consecuencias de los tres años de conflicto bélico fueron devastadoras: desvaluación de la moneda, destrucción de las infraestructuras, y un gran número de muertos en la que los autores no se ponen de acuerdo, entre 80 mil y 100 muertos según unos, y otros llegan a los 4 millones.

Hay momentos en los que las parejas se sienten orgullosos de la compañera de vida y de sus capacidades y las incitan a seguir, este es el caso de María, que se casó con Ruperto Aya, general revolucionario en la Guerra de los Mil Días, como su padre. Su marido “la impulsó para que hiciera realidad su más grande sueño: trabajar en defensa de los derechos de la mujer”.

Estudió en Europa y gracias a su marido se entrevistó con el presidente Olaya Herrera en apoyo de la Ley 28 de 1932 otorgando los primeros derechos civiles a la mujer.

En 1937 viajó a los Estados Unidos donde estudió en el Centro Henry Street y se graduó como enfermera en el Presbyterian Hospital de Nueva York.  Allí consiguió amplios contactos con la Comisión Interamericana de Mujeres, y así se convirtió la representante de Colombia, entre los años 1938 y 1948.

Posteriormente fue a Francia donde obtuvo el título de doctora en Filosofía y Letras de la Universidad por la Sorbona de París.

Su regreso en 1944 a su país era una nueva mujer, diferente de la que salió, más culta, más sabia y más comprometida, una mujer ya madre de cuatro hijos, pero luchadora y sin miedo a emprender nuevas acciones, inteligente y capaz de moverse en cualquier ambiente, aunque fuera masculino y hostil.

Se encontró un país en evolución, y donde los movimientos sufragistas habían enraizado, estaba la Unión Femenina de Colombia y la Alianza Femenina de Colombia.  María pronto entra en contacto con ellas, y se une a estos movimientos, en los que se encuentra a otras mujeres como Georgina Fletcher, María Calderón de Nieto, María Montaña de Rueda Vargas, Saturia García de Álvarez y Teresa Cuervo. Mujeres que, como ella, piensan y actúan para que las cosas cambien.

En 1953 fallece su marido, es un momento especial, los dos partidos dominantes hablan de promover el voto femenino.  Ese mismo año es designada representante de su país en la Comisión Interamericana de Mujeres, y al año siguiente, 1954, fundó, juntamente con Bertha Hernández, esposa del expresidente Mariano Ospina Pérez, la Organización Nacional Femenina, ello le permite ser llamada por el gobierno para formar parte de la comisión en apoyo de voto femenino en la Asamblea Constituyente, junto con otras figuras femeninas destacadas del momento.  Esta comisión estará constituida por las conservadoras Josefina Valencia de Hubach y Teresa Santamaría de González (suplente) y las liberales Esmeralda Arboleda de Uribe y María Currea de Aya (suplente).

María Currea de Aya, marcó la existencia de las jóvenes colombianas que se admiraban ante su rebeldía a su independencia. Se refería a ellas como: “Mis chinitas”.

En 1954 se unió a otras líderes y emprendió una nueva acción, y que tuvo su culminación el 25 de agosto del mismo año cuando, más de 1.000 mujeres, se reunieron en el Salón Elíptico del Capitolio Nacional, durante el gobierno del general Gustavo Rojas Pinilla, concediéndoles la plena ciudadanía a las mujeres colombianas, con lo cual podían tener derecho pleno al sufragio. Pero para votar era necesario tener la cédula de ciudadanía, y se embarcará en un recorrido del país junto a su hija Beatriz. Todo ello culminó en diciembre de 1957 cuando cerca de dos millones de mujeres pudieron votar por primera vez.

Como reconocimiento a este hecho fue nombrada primera concejal de Bogotá y presidenta del Cabildo en el año 1959, siendo la primera mujer en ocupar dichos puestos.

Su labor no había terminado, y se implica en la creación de un partido femenino, diferente de los ya existentes, porque “tan sólo la mujer puede impedir esta tremenda ruina moral, unida en un partido de mujeres, partido único de centro, ni liberal ni conservador ni comunista”.

Pero no todos los sectores feministas la apoyan, sí que lo hará Ofelia Uribe de Acosta y la Unión Femenina de Colombia, pero no recibirá el apoyo de los movimientos feministas conservadores, y de algunos sectores socialistas.

Fue también fundadora de la Escuela de Enfermería en la Cruz Roja y de la Asociación Colombiana de Recreación.

Podemos añadir su faceta de escritora con ensayos sobre derechos civiles y políticos de las mujeres colombianas.

María Currea de Aya murió en Bogotá el 23 de mayo de 1985, a la edad de 95 años.

María, como mujer, como enfermera, como luchadora, como feminista, como trabajadora incansable, siempre tuvo frases de ánimo para aquellas que la admiraban y las seguían, marcando el camino que unas recorrieron junto a ella, y otras siguiendo sus huellas.  Ella siempre decía:” alas chinitas cuando se es mujer –y más enfermeras- el trabajo tiene que ser doble, para ser reconocidas”.

Le siguen muchas chinitas en Colombia, en la enfermería, y en la defensa de las mujeres.

¡¡¡¡¡Vamos chinitas!!!!!

Marisa Escuer

Professora de la UOC i Docent de Secundària

@marisaescuer

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