reparto de carnets

No hace mucho alguien puso de moda la frase “ el problema no es quemar contenedores, el problema es buscar comida en ellos”, y aunque estoy de acuerdo en que lo segundo es indiscutiblemente más grave no justifica que lo primero esté bien,  el vandalismo también es un problema.

Algunos aparecieron en la política actual con un mensaje activista, su misión, revolucionar al pueblo.

A lo largo de la historia, en situaciones de desesperación y problemas sociales graves esas revoluciones han sido necesarias y útiles. En la actualidad el problema de gran parte de éstas nuevas contiendas es el discurso, la hipocresía que muchas veces se utiliza en los mensajes y la demagogia en cada uno de sus aspectos. Al final terminan en viejas consignas, donde para que haya un bueno tiene que haber un malo,  donde el que discrepa se le despoja de esa aura casi celestial que caracteriza a los que piensan como ellos, viejo pensamiento totalitario aunque se disfrace de buenas intenciones.

Nunca se equivocan, el problema siempre es de otros, vendiendo tolerancia cuándo son incapaces de tolerar.

A modo de ejemplo, si críticas aspectos del Islam, si te duele y no entiendes costumbres o ritos que damnifican a las mujeres bajo tu punto de vista, según ellos sufres de islamofofia. No puedes criticar el burka, pero en cambio, si criticas el hábito de una monja eres muy progre.

Sería más fácil comprender que no importa etnia, condición o religión para que todos debamos gozar de respeto, en todas partes hay personas buenas y malas, costumbres sanas y dañinas, el respeto es fundamental y discrepar debería servir para potenciar el debate constructivo, no para la lapidación del discrepante.

El reparto de carnets se ha puesto de moda, el creer que no todo puede ser de forma inmediata no está bien visto, defender que para conseguir algo no basta con quererlo, ni con chasquear los dedos, te convierte en una persona conservadora, y justificar que hay algunas líneas rojas que no deben cruzarse para evitar daños colaterales no es popular.

No les gusta la política seria, ni admiten las dificultades del trabajo político, viven en un activismo constante y para conseguir la hegemonía de su ideología matarían mediáticamente antes al compañero que al enemigo, por cierto, enemigo con el que hacen la pinza, y ni siquiera lo ven.

El respeto y la tolerancia es algo que la derecha más cerrada y extrema no entiende, lo triste es que hay un sector vocero de izquierda egocéntrica que tampoco.

Generalizar siempre es injusto, y dentro de toda ideología sin excepción encontramos manzanas podridas, pero también las hay rojas y buenas. Me quedo con esos compañeros/as de viaje y con el debate que me ofrecen.

Sonia Beltrán

Treballadora Autónoma, postgrau comunicació i lideratge politic UAB

@soniabeltrn8

Deixa un comentari