Matilde Hidalgo Navarro

“La lucha contra la injusticia nunca terminará, pero debe prevalecer el coraje y el sentimiento de hacer las cosas por el camino del bien, excluyendo cualquier tipo de prejuicio”

En 1889, en Loja (Ecuador) y dentro de una familia liberal vinculada a la cultura alfarista, nace Matilde Hidalgo Navarro.  También su nombre tendrá polémica, ya que algunos la denominarán como Matilde Hidalgo de Procel, por su matrimonio.  No deja de ser curioso, pero también normal por el momento, la desaparición de su segundo apellido, y sustituido por un de, como de propiedad, y el apellido del marido.  Pero no es éste el tema cabal, era un momento y unas circunstancias que no hacen desmerecer los esfuerzos de Matilde Hidalgo.

Hija de Juan Manuel Hidalgo Pauta y Carmen Navarro del Castillo, sus padres eran procedentes de Venezuela, y ella era la menor de siete hermanos.  Su padre, que era comerciante, falleció relativamente joven; su madre ante esta circunstancia, se pone a trabajar de costurera para así poder mantener a la familia.

Los padres eran liberales y ya había sucedido en el país la llamada Revolución alfarista.  El nombre proviene de su líder, Eloy Alfaro Delgado, líder particular, diferente a los tradicionales del momento vinculados a los terratenientes criollos.  Esta revolución, también denominada Revolución Liberal, sucedió entre 1895 y 1922. Supone unos cambios radicales en el país, incorporando derechos y garantías tanto políticas como civiles en la constitución del país, separando el estado de la iglesia, pero también supuso cambios económicos y sociales.  En este momento de cambio, y nace Matilde, en una familia de ideas liberales.

No era tradición ni costumbre que la mujer ecuatoriana estudiara, así cuando acabó los estudios primarios, consigue en el año 1907 ser matriculada en el Colegio Bernardo Valdivieso para estudiar bachillerato, que terminó con unas muy buenas calificaciones.

Pero su deseo era estudiar medicina, lo cual no era fácil por su condición femenina, este hecho, absolutamente natural, suponía en aquel momento una traba para realizar dichos estudios, siendo rechazada por la Universidad Central ya que, según el rector, la joven debía centrarse en su destino de formar un hogar y cuidar de sus futuros hijos. Ofreciéndole como alternativa realizar otros estudios que eran, según ellos, más adecuados para una mujer, y no la carrera de Medicina que era considerada exclusivamente de hombres.

En uno de sus poemas, titulado “El deber de la Mujer”, escrito en 1912, expresa en verso esta frustración: “Es preciso abrirse paso/ entre envidia y mezquindades/ y burlando tempestades/ dedicarse ya a estudiar/ El estudio sublimiza/ enaltece y dignifica;/ es la Ciencia la que indica/ los medios de progresar”.

Por lo tanto, tuvo que trasladarse a otra ciudad, a Cuenca, y allí solicitó al rector de la Universidad de Azuay, el Dr. Honorato Vázquez, realizas los estudios, y éste, quien, curiosamente y con una mentalidad más abierta, entendió las aspiraciones de la joven y le permitió inscribirse en dicho centro. De tal manera que, en 1929, consigue el título de Licenciada en Medicina, habiendo tenido en sus estudios unas calificaciones altísimas.

Acabados sus estudios vuelve a la capital, Quito, y con el título bajo el brazo, la Universidad Central, le permite ingresar, y en 1921, tras pasar los exámenes de grado acaba convirtiéndose en la primera mujer doctora en médica de Ecuador.

En diciembre del mismo año regresó a Loja, allí montó un consultorio que tuvo bastante éxito, pero pronto surgieron problemas profesionales. Hubo un problema de una mala praxis en la que Matilde ayudó a un colega suyo en una operación que, desafortunadamente, terminó con la muerte del paciente, por ello fue acusada de negligencia y sometiéndola a juicio, siendo éste el motivo de su marcha de Loja y trasladándose a Guayaquil a trabajar. Allí prestó sus servicios en el Hospital General en calidad de médica auxiliar, tocándole ser testigo como médica de la masacre de los trabajadores del 15 de noviembre de 1922, hecho que jamás se le borrará de la mente.

En 1923 contrae matrimonio con el abogado Fernando Prócel Lefebre, se trasladan a vivir en Machala porque a su marido le nombraron profesor del colegio “9 de octubre”. Allí abrirá un consultorio médico al que acudirán personas con escasos recursos económicos, a quienes no cobrará por la consulta. Y a los que podían pagar, les pedía la módica suma de tres sucres, cuando el resto de los médicos habían establecido la mínima tarifa de cinco sucres, esto le ocasionó el reclamo de sus colegas.

Pero en este camino no está sola, su familia, su marido, y los movimientos de mujeres en todos los países del entorno, son, en cierto modo, un apoyo moral para ella.

Había roto ya unas primeras barreras, había realizado estudios superiores, estudiado medicina, siendo la primera en Ecuador, aunque no en América del Sur, pero sí la primera en el continente en conseguir el grado de doctor.  Había realizado una epopeya para el momento, roto muchas barreras, pero había muchas más que se debían romper.  En 1924 anuncia sus deseos de votar en las elecciones, cosa que no estaba permitida para las mujeres en ese momento.

Ese año da ese paso de gigante, cuando se abren los registros de empadronamiento para las elecciones Matilde pide registrarse para votar. Su solicitud es denegada al principio, pero ella insiste indicando que las leyes del país no impiden el voto femenino indicándolo como tal, y dada su insistencia logra su objetivo, convirtiéndose en la primera mujer en América Latina en poder ejercer su derecho al sufragio. No fue fácil conseguirlo y ella puso en este hecho todo su coraje y fuerza. En un primer momento, la Junta Electoral se negó a tramitar su inscripción, y la respuesta de Matilde Hidalgo ante esta negativa fue leer, delante de los miembros del órgano electoral, el artículo de la Constitución ecuatoriana que regulaba el derecho al voto, y que decía que “para ser ciudadano ecuatoriano y poder ejercer el derecho al voto el único requisito era ser mayor de 21 años y saber leer y escribir”.

Hidalgo recalcó que en dicho artículo no se especificaba el género de la persona, por lo que una mujer tenía el mismo derecho constitucional que los hombres. Su solicitud fue llevada al Consejo de Estado, que la aceptó por unanimidad. Por extensión, quedó aprobado el sufragio para todas las mujeres del país.

Finalmente consigue votar en Loja, convirtiendo a Ecuador en el primer país latinoamericano en el que una mujer puede votar.

Pero no fue tan sencillo como parece, ya que su caso fue llevado al Parlamento y al consejo de Estado en 1929, reconociendo éstos, finalmente, que las mujeres tenían derecho al voto.

Evidentemente ya no puede dar pasos hacia atrás, está totalmente involucrada en la defensa de las mujeres y en el reconocimiento de sus derechos, por lo tanto, se postulará para el parlamento, y será la primera congresista de Ecuador en el año 1941.

En relación a su carrera política tuvo diferentes cargos: en 1925 fue elegida concejal de Machala. En 1926, candidatizada por el Partido Liberal, llegó a ocupar la Vicepresidencia del Municipio Machaleño. En ese mismo año se la nombra Subdirectora de la Junta de Asistencia Pública de El Or. Logró remodelar los hospitales públicos y abrir el primer consultorio público gratuito a cargo de esta institución.

Entre los años 1933 y 1939 ocupó el vicerrectorado del colegio “9 de octubre de Machala”, cargo al que renunció para trasladarse a Quito a fin de educar a sus hijos. En la capital fue médico-profesora del Normal “Manuela Cañizares”, gracias al apoyo del presidente Aurelio Mosquera Narváez, quien fue también rector de la universidad Central del Ecuador.

Para 1944 la encontramos en calidad de directora del Primer Curso de Enfermería auspiciado por el Servicio Cooperativo Internacional de Salud Pública de los Estados Unidos.

En 1947 acudió como delegada por Ecuador a la Primera Reunión de Mujeres Médicas de América, reunida en Méjico, en donde fue designada como autoridad del evento.

En 1949 fue becada por el gobierno argentino para realizar estudios de especialidad de Pediatría, Neurología y Dietética en el Hospital del Niño de Buenos Aires. A su regreso, tornó a Machala para acompañar a su esposo en el desarrollo de actividades sociales, siempre orientadas a las clases sociales más necesitadas.

Además de la medicina, a Matilde Hidalgo le gustaba la poesía y publicó varios poemas en los que abordaba temas como la naturaleza, la ciencia o el amor.

Matilde Hidalgo de Procel falleció en Guayaquil el 20 de febrero de 1974, a la edad de 84 años, víctima de una apoplejía cerebral.

Su vida nos puede parecer fácil, pero no lo fue por los prejuicios sociales, por el peso de la tradición, por el hecho de que las mujeres nacieran ya con una marca de oficio y ocupación en el futuro, contra todo ello luchó Matilde.

Podemos pensar que no estuvo en un grupo feminista, que no lanzó grandes discursos, pero sin duda hizo algo más importante, rompió fronteras invisibles pero reales, abrió puertas sociales, escaló murallas de incomprensión, y consiguió, con todo ello, un puesto para la mujer ecuatoriano, un primer puesto, un primer paso, el de poder votar, porque en la ley había impedimento, este venía impuesto por la tradición, y por los gobernantes.

“La mujer es el templo místico donde se encierra la esperanza que la patria en lontananza ha alcanzado a divisar”.

Marisa Escuer

Professora de la UOC i Docent de Secundària

@marisaescuer

One thought on “Matilde Hidalgo Navarro

  1. Es una gran ecuatoriana. Es un referente fundamental, sus conquistas feministas abrieron nuevo escenarios para las mujeres ecuatorianas. Debería ser más difundida su vida y obra en Ecuador y América Latina para que sirva de inspiración a las chicas de las generaciones actuales y futuras.

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