Zitkala-Sa

“No hay nada grande, no hay nada pequeño; todo está en la mente”

Es muy difícil vivir entre dos mundos que no se conocen y no se quieren conocer; dos mundos que se ignoran, y considerándose uno de ellos superior al otro, considerando a los autóctonos del territorio como ajenos, como salvajes, como seres inferiores.  Ser india americana era difícil, una cultura menospreciada, si llegaba a considerarse cultura, pero cuando no puedes ser ni de aquí ni de allá y sientes que vas perdiendo tu espíritu. 

Una mujer nativa americana, considerada como el New Deal de los nativos americanos, y de las mujeres nativas americanas, aquellas salvajes menospreciadas en la sociedad blanca.

Zitkala-Sa, es el nombre en lengua lakota, y significa Pájaro Rojo, así se referían al pájaro que conocemos como cardenal.  Su nombre anglosajón era Gertrude Simmons Bonnin, y vivió entre 1876 y 1938, un período convulso en Estados Unidos, es en ese momento en el que las protestas y movimientos sociales tienen una gran fuerza.  Su madre fue Ellen Simmons, que tenía un nombre en lengua lakota, ya que era un india sioux, Thaté Iyóhiwiŋ, y su significado Alcanza el viento.  Su padre un francés llamado Felker, que abandonó a la familia.

Fue criada y educada por su madre y sus tías siguiendo las tradiciones de los indios sioux.  A los ocho años abandonó la reserva, fue enviada a un internado de cuáqueros en Indiana. En esto momento llegaron a la reserva misioneros con la intención de “educar” a los niños indios en una institución cuáquera en Indiana, el Instituto de Trabajo Manual de White’s Indiana, allí les enseñaban a hablar, leer y escribir en inglés.  El fundador de la escuela se lo hizo con el objetivo de ayudar a avanzar a “los niños pobres blancos, indios y de color”.

Estuvo en esta escuela hasta 1887, y describe su estancia allí como un periodo complejo y contradictorio.  Sentía haber perdido su alma sioux, la obligaron a rezar como cuáquera y le cortaron el pelo tradicionalmente largo. Este hecho le marcó mucho porque era un signo de identidad. “Sentí las frías hojas de las tijeras contra mi cuello, y las oí roer una de mis gruesas trenzas. Entonces perdí mi espíritu “. Y lloró porque creía que había muerto su identidad india.

Como contra partida, se alegró de aprender a leer y escribir y de tocar el violín. Ella misma se describía después de este periodo “ni una india salvaje ni una mansa”, sentía que estaba perdiendo su identidad, pero no estaba ni convencida ni integrada en la blanca. 

En 1897 regresa a la reserva Yankton a vivir con su madre.  Estará allí tres años, dándose cuenta de que, si bien se siente india y añora sus tradiciones, ya no pertenece por completo a este lugar.  Se siente defrauda, muchos en la reserva se sienten cómodos en la cultura blanca, y mientras ella no se siente de ninguna.

Se graduó en la institución cuáquera Earlham College, y tanto esta institución como las mujeres la criaron influyeron en sus ideas de igualdad, una igualdad no solamente legal o administrativa, una igualdad espiritual de los sexos.  Una igualdad desde el nacimiento que ni la sociedad ni la ley le otorgaban.

En 1891, ante sus aspiraciones de ampliar su educación, y a la edad de quince años regresa al Instituto de Trabajo Manual de Indiana de White. Tiene planes de futuro, tal vez ser ama de llaves, como harían muchas de sus compañeras.  Estudia piano y violín, y comienza a dedicarse a la enseñanza de la música en la misma institución, pero acaba renunciando. Al diplomarse en 1895 pronunciará un discurso, su primer discurso, que versará sobre la igualdad de derechos de las mujeres. Es un inicio.

Su madre desea que regrese a casa, pero Zitkala-Sa decide ir a Earlham College en Richmond, Indiana, allí le ofrecieron una beca. En este momento la educación superior femenina es escasa, limitada y poco accesible.

Su estancia no será fácil, la mayoría de sus compañeros son blancos, y ella es una india. Pero nuevamente demostró su gran capacidad y talento con un discurso en 1896 titulado “Side by side”.  Es un periodo de redescubrimiento y comenzará a recopilar historias tradicionales de las tribus nativas, las comienza a traducir al inglés para que las lean los niños.

Sin embargo, en 1897, seis semanas antes de graduarse, se vio obligada a dejar Earlham College debido a problemas de salud y económicos.

Alrededor de 190 comenzó a escribir historias autobiográficas, que se publicaron en 1900, en la revista Atlantic Monthly, y empezó a expresar públicamente sus sentimientos por escrito.

Vivía en una situación incomoda y confusa, su pueblo parecía perder su horizonte cultural, y, por otro lado, no eran iguales al resto de la población, y eran tratos de manera injusta. Ella se fue convirtiendo en la voz que reclamaba de su pueblo. Y su compromiso era enseñar su cultura, mostrarla, y lo hizo a través de los cuentos: “he intentado trasplantar el espíritu nativo de estos cuentos al idioma inglés, ya que América en los últimos siglos ha adquirido una segunda lengua”.

Pero la vida continuaba, y en 1901 se comprometió con Carlos Montezuma, poco tiempo después rompió el compromiso, ya que el no quería renunciar a la práctica de la medicina en Chicago, y, menos todavía, trasladarse con ella a la Reserva Indígena Yankton

En 1902 conoció y se casó con el capitán Raymond Talefase Bonnin. De raza mixta, era culturalmente Yankton y tenía una cuarta parte de ascendencia Yankton Dakota.

Poco después de su matrimonio, el capitán Bonnin fue asignado a la reserva de Uintah-Ouray en Utah. La pareja vivió y trabajó allí con la gente de Ute durante los siguientes catorce años. Durante este período, Zitkala-Ša dio a luz al único hijo de la pareja, Raymond Ohiya Bonnin.

También se unió a la Sociedad de Indios Americanos (SAI), ésta había sido fundada en 1911.  En esta organización un grupo de nativos se dedicaban a contrarrestar los estereotipos que había sobre ellos, querían demostrar que los nativos no vivían anclados en el pasado, eran modernos y podían contribuir a la mejora del país. En 1916 fue elegida presidenta de dicha organización, con lo cual la pareja se traslada a Washington DC, y allí comenzó a editar la revista American Indian.

Pero Zitkala-Sa también tenía otra batalla, el voto femenino. A raíz de su traslado a Washington DC, y coincidiendo con una mayor actividad del movimiento sufragista blanco, ella comienza a reivindicar el voto de los nativos. 

La comenzaron a invitar a diferentes reuniones a dar conferencias, las asociaciones sufragistas se fijaron en ella y en sus reivindicaciones, en estas reuniones siempre buscaban el mostrar la vida tradicional india. Ella aprovecha este interés para hacer presentaciones especiales, acude con un vestido de piel de ante acompañando accesorios indígenas.

El público en general no podía imaginar a los indígenas como “modernos”, y estaban convencidos de que estas comunidades nativas acabarían desapareciendo al no poderse adaptar. Además, hay una clara política de “asimilación”, con la que se consideraba que se les ayudaba a “sobrevivir”, de acuerdo con las creencias del momento, y solamente abandonando sus tradiciones lograrían superarlo.

Por otro lado, las sufragistas blancas alababan las tradiciones matriarcales de las sociedades nativas, lo que denominaban Haudenosaunee, y presentaban a las mujeres indígenas como mujeres poderosas, muchas sufragistas blancas se fijaron en ellas, y acudieron a las reservas a conocerlas.

La vida de los nativos había sido una total contradicción, ya que “los primeros estadounidenses” carecían de los derechos que tenían el resto.  Además, muchos de ellos habían participado en la Gran Guerra, pero no eran ciudadanos de pleno derecho, y estaban bajo la tutela del gobierno.

Pero no todos los pueblos indios estaban de acuerdo con los postulados de Zitkala-Sa, era un país diverso. Algunos líderes tribales creían que, si aceptaban la ciudadanía estadounidense y participaban en las elecciones, suponía renunciar a sus derechos como naciones soberanas, perdiendo sus derechos sobre la tierra y sus recursos.

Pero no fue la única sufragista indígena, hubo otras que la apoyaron. Señalaron su condición de no libres como pupilos dependientes de la Oficina de Asuntos Indígenas y abogaron por una nueva comunidad democrática. Querían que los nativos se gobernaran a sí mismos y votaran por sus propios representantes, y que el gobierno federal de los Estados Unidos cumpliera sus tratados. Zitkala-Sa abogó por el autogobierno tribal que se vinculó con el gobierno federal, el establecimiento de propiedades tribales comunales, especialmente rebaños de ganado, y sistemas educativos con maestros competentes y planes de estudios que incluían leyes, gobiernos comparativos y tratados.

En 1924, se otorgó la ciudadanía a los nativos americanos. En el mismo año, la Asociación de Derechos Indios asignó a Zitkala-Sa investigar presuntos abusos de algunas tribus de Oklahoma por parte del gobierno federal. Con dos compañeros investigadores, fue coautora Los indios pobres ricos de Oklahoma, una revelación que resultó en la creación de la Comisión Meriam.

En 1926, ella, junto a su marido, fundó el Consejo Nacional de Indios Americanos, dedicado a unir a las tribus de los Estados Unidos en una causa común: obtener plenos derechos de ciudadanía a través del sufragio. Desde 1926 hasta su muerte en 1938, Zitkala-Sa se desempeñaría como presidenta, principal recaudadora de fondos y oradora de la NCAI.

La influencia Zitkala-Sa fue tal que, en 1934 bajo la administración de Franklin D. Roosevelt, contribuyó a la aprobación, por parte del Congreso, de la Ley de Reorganización India. La ley alentaba a las tribus a restaurar y adoptar el autogobierno, siguiendo un modelo de gobierno representativo elegido. Devolvió la administración de sus tierras a los nativos americanos.

Como ella misma nos relata en “Los días escolares de una niña india”, la escuela tenía por objetivo despojar a los niños nativos de su cultura, e instaurar en su mente y espíritu la cultura dominante, pero para ella esta pérdida no le aportó nada bueno, no le compensó, y así abandonó definitivamente a Gertrude Simmons para ser siempre la india sioux Zitkala-Sa.  A partir de ese momento su recuperado yo buscó la identificación con aquello que le querían arrancar: “la muerte yace bajo esta apariencia de civilización”. Decía que los blancos habían “olvidado la curación en árboles y arroyos.

A lo largo de su vida escribió numerosos artículos y libros, una vida plena y muy fructífera.

Zitkala-Sa murió el 26 de enero de 1938 en Washington, D.C., a la edad de sesenta y un años. Está enterrada bajo el nombre de Gertrude Simmons Bonnin en el Cementerio Nacional de Arlington.  Al final le impusieron el nombre que rechazó, pero dejó huella, a pesar de ello, porque a finales del siglo XX, la Universidad de Nebraska reeditó muchos de sus escritos sobre la cultura nativa americana.

Ella recuperó yo inicial, su identidad.  Buscó el reconocimiento de su pueblo, su identidad, no era una cultura inferior, era la primera cultura del país, los primeros ciudadanos, pero los últimos en realidad.  Como mujer sioux vivía en armonía con la naturaleza, la oía, la sentía, el hombre blanco no podía comprenderlo.  Algunas mujeres blancas sufragistas se dieron cuenta del valor de la mujer nativa en su tribu, reconocimiento que ellas no tenían, y, aunque en ocasiones de manera algo folklórica, se acercaron a ella.   Pero como ella misma dijo: “son pocos los que se han detenido a cuestionar si la vida real o la muerte duradera se esconde debajo de esta apariencia de civilización”.

Zitkala-Sa volvió con el Gran Espíritu que nunca le abandonó.  Las mujeres, blancas o no, nativas de cualquier tribu, tuvieron en ella una gran defensora, de sus derechos, de los de la humanidad, y también los de la naturaleza. 

“La voz del Gran Espíritu se escucha en el canto de los pájaros, el murmullo de las poderosas aguas y el dulce aliento de las flores”.

Marisa Escuer

Professora de la UOC i Docent de Secundària

@marisaescuer

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