Kate Sheppard

“Todo lo que nos separa, ya sea de clase, raza, credo o sexo, es inhumano, y hay que superarlo”.

En mitad del siglo XIX el Imperio Británico había puesto su impronta en todos los continentes, su tamaño, su variedad, su organización, marcaron el desarrollo de los territorios.  Y mientras en casa, en las Islas Británicas, todo se iba desarrollando poco a poco, las colonias formaban un conglomerado que daba materiales y prestigio a la metrópolis. 

Pero todas las colonias no eran iguales, las denominadas colonias de población estaban pensadas para la emigración, para tener un desarrollo diferente, y, por tanto, gozaban de cierta autonomía y capacidad de gestión.  No es de extrañar que estos territorios atrajeran a muchos británicos de diferentes posiciones sociales y económicas, incluso familias enteras.  Era el afán de aventuras, el buscar nuevos horizontes, o sencillamente en comenzar de nuevos, pero no dejaban de ser un buen reclamo.

Tal vez era también el huir de una estructura muy rígida, o el crear una sociedad sin anclajes pesados en el pasado.

En este contexto nace Catherine Wilson Malcolm (1847–1934) en Liverpool, y que conoceremos por su nombre de casada como Kate Sheppard.  Sus padres eran escoceses, Jemima Crawford Souter y Andrew Wilson Malcom, y el nombre se le puso en nombre en recuerdo de una de sus abuelas.

Era una niña despierta, inteligente, con una sólida formación religiosa, pero también conocedora del pensamiento socialista, parece ser que su tío, que era ministro de la Iglesia Libre de Escocia, influyó mucho en su formación intelectual.

Siendo muy joven, en 1862, y con solo quince años, se queda huérfana de padre. Cuatro años después la madre toma la decisión de viajara a Nueva Zelanda, con sus cuatro hijos. En este territorio, concretamente en la localidad de Christchurch, se establecieron, ya que allí ya tenían familia. Al poco de llegar, en 1871, Katherine, ya con 24 años, se casa con Walter Allen Sheppard, que era un comerciante de la zona, y de este matrimonio nació su único hijo Douglas.

Pronto Kate establece contacto con grupos religiosos de la zona, participa en reuniones, en recaudar fondos, en clases de Biblia, y se convierte en un miembro muy activo de la Asociación de Damas.

Como mujer religiosa, educada en estrictos principios, pero a la vez inquieta y emprendedora, se vincula a la Unión de Mujeres Cristianas por la Templanza, convirtiéndose en una de la fundadora de la esta unión en Nueva Zelanda. Estando en este grupo pronto se da cuenta de la necesidad que tienen de realizar reformas sociales y legislativas que busquen el bienestar tanto de las mujeres como de los niños, pero es muy difícil conseguir reformas sin el voto femenino. Vincula el voto femenino a la lucha contra el alcohol y otros vicios, alegando que las mujeres son fundamentales para mejorar la sociedad.

Vinculada a este grupo comienza a dar conferencias, a expandir nuevas ideas, y, especialmente, a incitar e invitar a conseguir el tan importante reconocimiento del voto femenino como pilar del cambio real. En todas estas rutas y charlas le acompaña su hermana pequeña Isabella May que actúa como superintendente de la organización.

Reparten folletos, los envían a los miembros del parlamento, hace mil y una cosas para dar a conocer sus ideas, y las del grupo que representa. De hecho, el nombre no nos puede hacer caer en error, actúan como un grupo promotor, como un sindicato, que propone mejoras sociales, pero también consideran que el voto femenino es fundamental para el cambio.  Piden continuamente el voto de las mujeres mayores de 21 años, ya que éstas, al ser excluidas, están clasificadas entre los jóvenes, los locos y los delincuentes.

En 1879 se concedió el sufragio universal masculino a todos los hombres mayores de 21 años, independientemente de si poseían propiedades o no, pero las mujeres todavía estaban excluidas.

En 1891 la WCTU (The Woman’s Christian Temperance Union) realiza la primera solicitud al Parlamento, y ésta cuenta con el apoyo de personajes relevantes del mismo. Ha sido firmadas por más de 9.000 mujeres. El segundo intento lo realizan al año siguiente, 1892, y en este momento presentan ya más de 19.000 firmas.

Mientras intentan la vía parlamentaria, Kate comienza a editar una página exclusiva para mujeres en el Prohibitionist, la revista nacional neozelandesa de la templanza. La promoción de las ideas, el énfasis en el voto femenino como la mejor medida para mejorar la sociedad hace posible que en 1983 se presente al parlamento la tercera petición, en este momento casi llegan a las 32.000 firmas, todo un éxito para el pequeño grupo de 600 mujeres que constituyen la asociación.  La opinión pública neozelandesa se hace eco de sus reclamaciones, y ante la presión social el parlamento ya no la puede ignorar.

De esta manera, el 19 de septiembre de 1893 se aprueba la ley electoral, y la misma Kate Sheppard recibe un telegrama de sus oposiciones. Las mujeres pueden votar.

Quedan pocas semanas para las elecciones, la WCTU ha conseguido el primer punto de sus objetivos, el reconocimiento del voto femenino, pero para ser efectivo las mujeres deben inscribirse en el censo.

Es un trabajo complejo y costoso, pero con gran éxito al final, ya que consiguieron votar el 65% de las mujeres neozelandesas. Era la primera vez que su voz tenía valor real.

Aunque las mujeres tienen derecho a votar no pueden ser elegibles para presentarse en el parlamento elecciones hasta el año 1919, y no fue hasta 1933 que fue elegida la primera mujer como miembro del parlamento.

Pero la vida continua y Kate ha de regresar a Gran Bretaña con su marido y su hijo, no por ello olvida sus objetivos, en el continente la reticencia al voto para las mujeres es grande, pronto establece contacto con las feministas más destacadas, y comienza una nueva ronda de discurso, de viajes, de debates.

Se había impuesto una misión, y el éxito conseguido en Nueva Zelanda da esperanzas y coraje a las feministas inglesas.

El Consejo Internacional de Mujeres le pide a Kate que organice el mismo en Nueva Zelanda, ha de regresar por la tanto nuevamente, y allí en 1896 es elegida presidenta del mismo. Su ausencia había provocado cierto caos en la organización, de tal forma que la ley que proponía que las mujeres pudieran formar parte del Parlamento fue rechazada, y algunos políticos solicitaban que hubiera una cámara de mujeres separada de la de los hombres.  Su ausencia había hecho perder peso a la causa femenina que parecía en claro retroceso.

A pesar de todos los problemas que pudieran surgir Kate no paró en su empeño difusor, de tal manera que en 1895 apareció un nuevo periódico en Nueva Zelanda, se llamaba White Ribbon, y estaba administrado y publicado por mujeres, siendo una iniciativa de Kate.  Tenía dieciséis páginas donde se informaba de lo que hacía la asociación (o sindicato como les gustaba llamarse) con el objetivo de crear una sociedad justa dentro del socialismo cristiano.  En el periódico se encontraba diversidad de informaciones: salud, educación, lucha contra el alcoholismo, discriminaciones políticas y legales, igualdad de salarios, etc.  Todo dirigido a concienciar a un público femenino de que debían luchar para adquirir la completa igualdad política, social y salarial.  Muchos de los artículos los había escrito la propia Kate, y hacían mucho hincapié en el tema familiar ya que consideraba la familia como la base del estado, y, consecuentemente, el estado debía estar al servicio de las familias. Era evidente en aquellos artículos que el estatus de la mujer dentro de la familia debía mejorar y ser considerado como un puntal de la misma, como de la sociedad.  Y se lo pregunta sin duda: “Si la madre está empequeñecida, reprimida, ¿cómo pueden los hijos crecer hasta alcanzar su plena estatura mental y moral?”.  Y tiene muy presente esta situación difícil de la mujer casada que no tiene capacidad ni independencia económica y que suponen la causa de su consideración como inferior: “no había mayor anomalía que la exaltación por parte de los hombres de la vocación de esposa y madre, por un lado, mientras que, por el otro, el cargo está despojado por ley de todo su atractivo y dignidad, y una esposa y madre se considera no sólo como “dependiente” de la generosidad de su marido, sino que incluso los hijos de su propio cuerpo son considerados propiedad legal de él”.  También en este tema presenta una solución práctica:debería haber una ley que asigne una cierta parte justa de las ganancias o ingresos del esposo para el uso separado de la esposa, pagadera si ella lo desea, por su propia cuenta “[MEV1] 

Kate Sheppard tuvo un periodo muy fructífero entre 1887 y 1902, charlas, conferencias, debates, artículos, viajes, …. un sinfín de actividades que la tuvieron siempre en primera línea.

En 1902, el matrimonio de Sheppard vive bajo una gran tensión, hecho que parece ser llevaba ya bastantes años produciéndose. En este momento su marido vende la casa y se traslada a Inglaterra con su hijo, ya que este pensaba iniciar allí sus estudios. Kate Sheppard compra muebles nuevos y parece que planea seguir allí su vida en una una nueva residencia Christchurch, finalmente en 1903 la vende, renuncia a sus cargos y se traslada a Gran Bretaña, antes pasando por Canadá y Estados Unidos en donde entabla relación con las sufragistas de la zona.

De regreso a Londres participa activamente en la promoción del sufragio femenino, pero su salud no es la misma y se ve en la necesidad de dejar su trabajo. En 1904 regresa a Nueva Zelanda con su marido, pero al poco tiempo el se vuelve a Inglaterra. Ella permanece en Nueva Zelanda activa, participando en círculos políticos y dando discursos, a la vez que sigue escribiendo artículos.

En 1909, en la reunión quinquenal de Toronto del Consejo Internacional de Mujeres, es elegida vicepresidenta honoraria a pesar de que ella no había podido asistir a la misma.

El año anterior había asistido a la boda de su hijo Douglas con Wilhelmina Sievwright, hija de una amiga de Kate, pero su hijo fallece al año siguiente, 1910.

Finalmente, en 1925 fallece en Nueva Zelanda a la edad de 78 años.

Ella creía que las mujeres deberían participar plenamente en todos los aspectos de la sociedad, incluida la política. Entre las causas que adoptó por primera vez fue la reforma del vestido para las mujeres, principalmente la abolición de los corsés y otras prendas restrictivas. En una época en la que se animaba a las mujeres a ser “femeninas”, también promovía el ciclismo y otras actividades físicas.

Como mujer incansable ella no encontró barreras en su objetivo, ni las grandes distancias, ni la oposición masculina, ni los posibles problemas domésticos, la frenaron en aquello que creía justo: la igualdad total entre hombre y mujeres.

Se puede decir que fue una adelantada a su tiempo, una mujer que creía en ella, en sus capacidades y en su firme objetivo.

Esta fue Kate Sheppard.

https://theconversation.com/the-epicentre-of-womens-suffrage-kate-sheppards-christchurch-home-finally-opens-as-a-public-museum-151

Marisa Escuer

Professora de la UOC i Docent de Secundària

@marisaescuer

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