En este mundo de la “era Netflix” –así la denominan algunos-, ya se sabe que se impone el relato publicitario, tanto en la política como en cualquier otro ámbito. Si repasamos este universo comunicativo, vemos que casi todos utilizan los mismos patrones narrativos: de un lado los virtuosos, quienes patrimonializan las bondades humanas y terrenales; del otro, los malos, casi el infierno. Se dibuja así un mundo bipolar, blanco o negro, sin dudas ni explicaciones. Un paseo por esta sociedad de las redes, puede llevarnos desde una idílica Moscú de coches lujosos y jóvenes modelos hasta una Israel de lindas y simpáticas mujeres militares paseando por las calles, y así un largo etcétera. Esa es la realidad que nos rodea y que nos quieren vender pero hay otras realidades más invisibilizadas.
J. Ramón Martínez
Periodista