«Pensaba que cuando intentaba hacer el bien, el mal se imponía a mis esfuerzos»
Sí. ¿Cómo sales de una novela en la que quieres quedarte? ¿Cómo aceptas el abandono de un personaje con quien quieres seguir conviviendo? ¿Cómo gestionas la intriga por saber el final y las ganas de que no acabe la historia para poder continuar habitando en ella?
¿Os ha pasado alguna vez? ¿Alguna vez habéis tenido esta sensación?
Es agridulce, ¿verdad?
A mí acaba de pasarme. Empecé a leer la historia de Jana predispuesta a dejarme seducir por ella. Ya conocía a la autora; de hecho, es una de mis preferidas. Hace unas semanas, cuando le comenté que mi idilio con su obra empezó con La mujer de las cien sonrisas, me miró y me dijo: «De eso hace muchos años». Y mientras me firmaba el libro rumiaba y añadió: «Unos veinticinco». «Sí -le respondí-, hace mucho, y es un libro que he recomendado y regalado varias veces». Es el que me enganchó a ella, a su escritura.
La traductora de haikus es la última novela de Monika Zgustova, una escritora de origen checo que lleva muchos años viviendo cerca de Barcelona. Monika es novelista, traductora y articulista. Habla varios idiomas y ella misma traduce sus obras al catalán y castellano. He leído varias de sus novelas (no me atrevería a decir que todas porque alguna me falta, seguro) y su escritura poética, sus personajes bien definidos, casi siempre femeninos, me fascinan. ¡Me gustaría tanto escribir tan bien como ella!
¿Es La traductora de haikus una novela autobiográfica? Diríamos que no pero sí. El personaje principal, a quien adoras y abofetearías a partes iguales, está basado en su madre. Su padre, su hermano y ella misma son comparsas necesarias en una vida de tormento y disfrute. Con Jana vivimos sus inicios en la Praga comunista, sufriendo el terror del régimen: «Por la noche, no obstante, me volvió a la memoria todo lo que me habían dicho. Que Tomás y yo éramos enemigos del pueblo. Enemigos de nuestro sistema comunista. Que íbamos a contracorriente y que un día lo lamentaríamos.¡ Ir siempre y en cualquier condición a contracorriente es tan difícil, tan duro!».
Después llega el exilio a un país radicalmente opuesto al suyo, Estados Unidos. Este tema, el exilio, flota en toda la novela, y vemos cómo cada personaje lo afronta de maneras distintas. En Jana conviven la cara y la cruz de esta fractura: «A mí, que también era inmigrante y por ello débil, la miseria de mi marido me fortaleció», confiesa, pero al mismo tiempo descubrimos su fascinación por el nuevo idioma cuando apunta que: «(…) cada día encontraba una palabra nueva que, durante un rato, saboreaba en la lengua como si fuera una cucharada de helado de vainilla».
Pero si algo es La traductora de haikus, pienso, es la historia de una mujer que no deja indiferente a nadie; alguien que se te mete dentro y se queda a vivir contigo, con todas sus luces y sus sombras.
«Mientras observaba los cuadros, me daba cuenta de que yo era como aquella chica sentada en un café del que todo el mundo se había ido; yo era la mujer en la habitación del hotel que leía una carta y no sabía qué pensar. Todos estamos solos, y todas. Sea como fuere, yo me encontraba doblemente sola porque lo estaba en medio de los que tenía más cerca».

Iolanda Pàmies Rimbau
Periodista i escriptora
@iolandapamies