Parece que Trump y su equipo han leído en sus redes sociales una frase de Carl von Clausewitz, la de que la guerra es la continuación de la política por otros medios, pero nadie les ha explicado que hay un libro entero y que es más importante leer el resto del texto para saber que hacer para no salir derrotado del conflicto que ellos han provocado.
La intervención en Venezuela y la guerra en Irán, por desgracia, no ha estado causada por el intento de restaurar la democracia en los dos países, como explicaron des del gobierno Trump en un primer momento, si no a la voluntad de controlar las mayores reservas de crudo mundiales y estrangular el suministro energético a China (el auténtico enemigo estratégico de los EEUU según la actual administración norteamericana).
La guerra en Irán, en un territorio geopolítico explosivo, era previsible que tuviera consecuencias económicas importantes en todo el mundo, y por tanto, también para Europa y España, con gran dependencia energética de los combustibles fósiles. El bloqueo del estrecho de Ormuz ha causado una subida sin precedentes del barril de petróleo y de los precios en los mercados de gas, y que no tienen visos de frenarse. Pero, además, esta guerra está dejando ver las costuras del sistema energético basado en combustibles fósiles, contaminantes, finitos y localizados solo en algunas zonas, lo que deja a la mayoría del mundo a merced de unos pocos países productores de petroleo.
Este incremento de precio de los fósiles, junto a la incertidumbre del abastecimiento energético, no es una buena noticia para la economía mundial. Pero, los datos nos apuntan algunas conclusiones sobre el sector energético futuro: cuando sube el petroleo y el gas, sube la rentabilidad de todos los sistemas que los substituyan. Es decir, los sistemas energéticos de fuentes renovables y sus derivadas (eficiencia energética, almacenamiento, la electrificación de consumos o los vehículos eléctricos).
Des del 28 de febrero, que estalló la guerra, en escasos días, se ha producido un aumento exponencial del precio del petroleo Brent. Antes de los ataques, el precio del crudo no alcanzaba los 70 dólares por barril, se sitúan ahora por encima de los 100 dólares. El crudo de referencia en Europa ha registrado su mayor escalada desde la invasión rusa de Ucrania en 2022. A 20/03/2026, el precio se sitúa en 107,38 dólares por barril, pero llego a alcanzar los 120 dólares por barril el 09/03/2026. Una escala de precios difícil de prever.
España está algo más protegida de los efectos de la crisis energética que otros países europeos, por la gran penetración de las renovables en el sector eléctrico nacional, pero queda mucho camino por recorrer, para descarbonizar completamente y disminuir la dependencia de su sistema energético (gastamos el 5% del PIB en importaciones de petróleo y derivados).
Antes de pasar a proponer algunas medidas recomendables para mejorar el mercado energético en nuestro país, citaré algunos ejemplos de magnitudes que nos pueden dar una idea de como podemos beneficiarnos de la implantación acelerada del nuevo modelo energético renovable, que ofrecen unos precios más estables, si apostamos por acabar el modelo con la implantación de baterías y la flexibilidad:
Según la consultora energética Pexapark, el índice europeo de precios de los contratos de contraventa de energía (PPA), cerró a 45,60 €/MWh, en enero de este año. Mientras que en el mercado diario nacional, el precio medio llegó, el 10 de marzo, en pleno conflicto, a los 136,86 €/Mwh.
Substituir una caldera de gas por una bomba de calor puede ahorrarnos en la factura energética unos 900 dólares anuales en escenarios de precios elevados, como este y que son previsibles en el futuro.
Y por último, un cálculo de la diferencia de precio del funcionamiento de los vehículos eléctricos respecto a los de combustión: a inicios de este año, el Ministerio de Transición ecológica, estimó que para vehículos con recorridos de 20.000 km/año, la ventaja económica del eléctrico respecto del de combustión era de 1.312 €/año, que con el aumento del precio del carburante, causado por la guerra, se ha puesto en 1.490 €/año (09/03/2026) Así pues, el aumento del petroleo y de los carburantes refuerzan la competitividad económica de los vehículos eléctricos, sin entrar en los beneficios ambientales.
Como he dicho antes, España tampoco se librará de la subida de combustible, sobre todo, en sectores nada electrificados y, por tanto, también necesitamos un plan de choque, basado en la energía renovable y descarbonizada, que nos permita sortear esta crisis y ganar independencia de los combustibles fósiles (no entraré en las medidas sociales, ni a las medidas de subsidios a los combustibles fósiles, porque daría para otros artículos). Aquí indicaré algunas medidas que podrían ayudar a sortear al menos algunos aspectos de la crisis energética actual, causada por la guerra:
1- Impulsar cambios normativos y planes de ayudas vinculadas a la aceleración de la implantación del nuevo sistema energético renovable: para electrificar todos los sectores económicos, especialmente el de la movilidad, eficiencia energética, renovables con almacenamiento para autoconsumo.
2- Activación de la excepción ibérica (tope al gas). Para que el precio del gas de los ciclos combinados no condicionen la fijación del precio de la electricidad del mercado mayorista, al modificar el sistema marginalista.
3- Habilitar las plantas de renovables en el control de tensión (gridforming), para reducir los costes del modelo reforzado (introducir la renovables mix energético del model antiapagones).
4- Reducir el tipo del IVA en la electricidad del tipo mínimo, del 21% al 4%
5- Reducción de impuestoa a la electricidad y supresión del Impuesto sobre el valor de la producción de energía eléctrica (IVPEE) para centrales de generación eléctrica a través de energías renovables.
6- Impuesto extraordinario a las empresas gasistas, petroleras y eléctricas no renovables, sobre los beneficios en los ejercicios de 2026 y siguientes si continua la desestabilización del mercado, si facturan más de 1.000 millones €/año.
7- Establecer un sistema de control del traslado de las subidas del precio de petróleo mayorista a los precios minoristas de los combustibles comercializados. Poniendo los medios adecuados para su seguimiento efectivo.
8- Crear un fondo estatal para paliar la crisis energética, con ingresos recaudados de los impuestos extraordinarios a las energéticas y por la intervención estatal de los ingresos adicionales de las empresas del sector energético originados por la crisis energética.
9- Implantar descuentos importantes o, incluso en caso de alza importantes de precios de los carburantes, la gratuidad en el transporte público de todos los niveles de la administración (con compensaciones estatales de ingresos en el caso de transporte autonómico y local, a partir del fondo creado por la intervención de los ingresos adicionales de las empresas energéticas originados por la crisis energética).
Para concluir:
Ante la volatilidad del precio del petroleo y el gas y la inseguridad de suministro ante los cada vez más probables conflictos regionales, cuando no globales, como los desencadenados por la guerra en Irán, que se está extendiendo por toda la región y que tiene visos de no ser breve, es el momento de acelerar el desarrollo de las energías renovables (sin entrar en las cruciales razones ambientales que nos abocan a la descarbonización del sistema energético para frenar la emergencia climática).
En España y en Europa, zonas tan vulnerables energéticamente, hay que redoblar la apuesta por soluciones propias, que impulsen las renovables, la electrificación de todos los sectores, el almacenamiento y, sobre todo, la eficiencia energética. El modelo energético renovable, especialmente favorable con las condiciones geográficas nacionales, por el viento y las horas solares, nos dará más soberanía económica y geopolítica.
Hay madurez tecnológica y es económicamente viable el cambio de modelo energético, solo es necesaria voluntad i complicidad social y política para avanzar y evitar los obstáculos de las fuerzas ligadas al modelo fósil, todavía tan poderoso, como para inestabilizar al planeta, como podemos ver estos días.
El cambio no es una cuestión ideológica, es una cuestión de país, de construir un modelo que no dependa del control de los suministros de combustible monopolizados por algunas grandes corporaciones y de otros países, con sistemasno democráticos i/o que se comportan como matones de barrio.
El cambio energético es imprescindible para frenar la catástrofe climática, pero también puede producir beneficios económicos y sociales, pero además aumentar soberanía, equidad y dignidad y generar más libertad y paz.
Carme García Lorés
Nota adicional, para no dejarnos embaucar por soluciones de bombero:
En esta Europa, desnortada y en busca de autor, parece que ahora Ursula von der Leyen, del brazo del Partido Popular Europeo (PPE) y de los partidos de extrema derecha, euro escépticos, pro rusos y proTrump, quieren vendernos la energía nuclear como la panacea a la dependencia energética europea. Una nueva ocurrencia más para imponer el retardismo climático y frenar la implantación del un nuevo modelo energético renovable y menos dependiente. Una solución que esconde, levemente para personas informadas, intereses armamentísticos y económicos de grupos económicos vinculados con las grandes energética, o de países como Francia, que prende salvar su modelo energético vinculado a la nuclear y seguir manteniendo su peso internacional gracias a poseer bombas nucleares, o de Rusia, que mira por donde, tiene el control casi monopolístico de la industria nuclear.
Este resbalón de von der Leyen, en el discurso del 11 de marzo (por cierto, el 15º aniversario del desastre nuclear de Fukushima), invadió las competencias propias de los países de la UE, pero además, como sabe que la construcción de nuevas centrales nucleares son caras y de larga implantación, nos quiso vender lo que llaman pequeños reactores modulares (SMR). No habló de costes, ni del tiempo que se necesita para la construcción de infraestructuras, ni del alto precio de la energía (que al final pagaremos los consumidores europeos), ni de la seguridad de los residuos generados (con un mayor descontrol del modelo descentralizado), ni por supuesto de sus emplazamientos. Si ya es difícil implantar instalaciones de fotovoltaicas y eólicas, que no pueden tener accidentes, ni generan residuos radiactivos para cientos de años, no creo que haya muchos municipios y grupos de ciudadanos haciendo campaña para solicitar la implantación de las nuevas centrales nucleares en su territorio, al lado de sus casas. Aunque nunca se sabe… igual se pone de moda pedir unos reactores nucleares modulares junto al jardín, porque los directivos de las empresas vinculadas a las nucleares o los dirigentes políticos pronucleares salen en trompa a pedir que se las instalen cerca de sus casas y del colegio de sus hijos. Paradojas del futuro.