En palabras de Jordi Gracia, la izquierda está necesitada de mayor prudencia y pragmatismo para reparar las averías del sistema que ni puede ni sabe cómo reemplazar. Y la derecha debería dejar atrás esa política de acoso y derribo que ha practicado desde hace décadas y tener un mayor sentido de Estado o de lo que debe ser un proyecto de vida en común. Igualmente, los nacionalismos periféricos deberían dejar de ser partidos-lobby siempre pendientes de que pueden sacar en Madrid y acercarse más a un proyecto europeo en el que estamos todos embarcados. Se hace necesario construir algo nuevo, vivir de otra manera, como diría el filósofo Manuel Cruz. El caso es que este país avanzaría más si fuera capaz de recuperar aquel espíritu de reconciliación y diálogo, base fundamental de la Transición y de nuestra democracia.
J. Ramón Martínez
Periodista