Mansión Morris Jumel

La última película de Tom Hanks, que he de reconocer que no he visto, transcurre en un único espacio a lo largo del tiempo narrando las vidas de las personas que en ese lugar han vivido, incluso se recrean situaciones futuras. Existe un lugar en Nueva York que bien podría haber sido elegido para rodar este film o, como mínimo, ser inspirador para el guion.

Se trata de la mansión Morris Jumel en el actual Harlem. La historia de sus habitantes puede comenzar con los Manhattan, un pueblo originario que posiblemente convivió con los Lenape o formaba parte de ellos. Existen dudas acerca de quién habitaba realmente esas tierras, que fueron compradas por los neerlandeses en el siglo XVII y pasaron rápidamente a ser tierras de cultivo. Sobre 1765 se edificó una casa de veraneo para Roger Morris, un antiguo militar británico que residía en el Bajo Manhattan. Cuando se inició la guerra de independencia, Morris huyó a Inglaterra y pasaron por las habitaciones de la mansión George Washington y diferentes militares de los dos bandos de la contienda. En los años siguientes la propiedad pasó por diversas manos, siendo desde una taberna al lugar donde el primer presidente de los Estado Unidos celebró alguna fiesta.

Posteriormente, en 1810 la casa fue comprada por la familia Jumel. Quizás este sea el período mas interesante de la propiedad. El esposo del matrimonio Jumel era comerciante y la esposa, Eliza Bowen, una mujer de orígenes migrantes y humildes. No fueron admitidos con agrado por la alta sociedad neoyorquina. Residieron en Francia y se dice que frecuentaron círculos napoleónicos, adquiriendo muebles que se atribuyen al propio Napoleón y ofreciéndole, según algunas fuentes, viajar a Estados Unidos después de Waterloo. Sabemos que ese viaje no fructificó. Eliza siempre fue hábil en los negocios, tanto mientras estuvo casada con Morris como en su viudedad, así como durante su posterior matrimonio con Aaron Burr, exvicepresidente de los EE.UU. Este fue un corto matrimonio, tal vez de connivencia. Eliza solicitó el divorcio cuatro meses después del enlace. Curiosamente, el divorcio se concedió el mismo día de la muerte del esposo. La vida de Eliza es destacable tanto por su carácter y habilidad en los negocios como por llegar a ser una de las mujeres más ricas de su época.

A la muerte de Eliza la propiedad de la casa pasó a manos de una sobrina suya, produciéndose una batalla legal que duró diecisiete años, ya que el hermano de la sobrina quedó fuera de la herencia. Con posterioridad, en una nueva venta, la casa pasó a manos de Agustine Le Prince, fotógrafo y cineasta francés desaparecido en circunstancias extrañas. Por último, hasta 1903, fue habitada por familia de General Ferdinand Earle. A la muerte de este, su mujer hizo campaña para que se conservara como lugar histórico y fue comprada por el Ayuntamiento de Nueva York. Actualmente es un espacio comunitario donde pueden verse exposiciones, tanto históricas acerca de la vida de la casa como de temáticas actuales, representaciones teatrales o musicales y otras muchas más actividades, en el interior de la mansión o en sus jardines.

Su entorno también es destacable por la calle Sylvan Terrace, o edificios cercanos en los que en los años 40 y 50 del siglo pasado residieron personajes del mundo musical como Duke Ellington.

Los que me conozcan o recuerden alguno de mis escritos anteriores se extrañaran de que no he comentado nada sobre sindicalismo o temas más sociales y es que quiero finalizar con un recuerdo hacia una persona que pasó también por esta casa y para ello también haré una referencia cinematográfica. Quiero referirme a la película Doce años de esclavitud, basada en la historia real de Solomon Northup, que fue secuestrado y vendido como esclavo. En la película poco se habla de su mujer, Anne Northup, que trabajó como cocinera para Eliza Bowen (Jumel) en New Jersey o en la propia Mansión Morris Jumel, residiendo allí con sus tres hijos.

He resumido bastante la azarosa historia de la mansión y de algunos de sus habitantes. Como siempre pueden complementar la información en redes y no me negaran que es bastante interesante.

P.D. Estas líneas y la imagen son fruto de mi estancia de tres meses en la ciudad de Nueva York por asuntos personales.

Miguel Monera.

Sindicalista felizmente Jubilado

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