Citaré a Marx y espero que no me excomulguen: “La historia ocurre dos veces: La primera vez como una tragedia y la segunda como una farsa”, en eso pense éste pasado fin de semana, viendo como un tipo se caracteriza de Papa de Roma y de Caballero Jedi a la vez, y ese señor resulta que es el Presidente de la nación más poderosa de la Tierra. ¿Es éste el nuevo ropaje de los fascismos 2.0, con sus sigilosos avances en la municipales británicas y en las legislativas rumanas? Las viejas taras occidentales se repiten, siguiendo tendencias cauce de nuestra historia: Ultraradicalismos voceros que se han consolidado tras hechos sociales traumáticos y crisis económicas, tras la guerra de 1914 y la depresión de 1929, tras el desplome financiero de 2008 y el Covid.
No descubrimos nada nuevo: La prueba del algodón a estos nuevos ultraderechistas rupestre, deseo lujurioso de aquel “Tea Party” de antaño, es bastante fácil, salgan de su espacio de comodidad sectaria y hagámosles hablar de sanidad, de enseñanza, de creación de empleo, de salarios, del precio de los alimentos o de vivienda. Ahí está la goma de la máscara y el talón de Aquiles. Sólo son un atajo de neo-liberales que vienen a saquear el Estado, disfrazados de Fascistas 2.0.
Por citar a su clown más colorista, que nunca defrauda, a Miley, el que con su motosierra solo conseguirá mutilarse: Echar trabajadores públicos a la calle, eliminar servicios, sumado al saqueo a sus empresas productivas, el rapto de sus instituciones y el timo de la estampita de los BitCoins (a los que seguirán otras fantochadas especulativas que nos deleitaran); su andadura gubernamental será tan trágica como breve, la de un joker descerebrado sin mayor trascendencia histórica. Eso sí, Argentina quedará como un solar.
No queda más que la acción de una izquierda que debe acentuar la cercanía y el realismo, combativa y clara. Que no ceda al letargo de lo “Woke”, demasiadas veces más moralista que realmente social, más preocupada en hablar de los premios Goya o de los Oscar que de los salarios, la salud laboral, la vivienda o las pensiones. Tenemos que hacer un esfuerzo desde las izquierdas, no solo los partidos políticos, también movimientos sociales, colectivos, plataformas, intelectuales y sindicatos: hablemos un lenguaje más social y de derechos. Hágase caso a Byung-Chul Han, solo la esperanza nos lleva en buena dirección. Si no les gusta, llámenlo resiliencia y acción.
Y nuestra realidad española se impone, con un Sánchez que siempre se fortalece ante la adversidad, el eterno bailarín en el campo de minas, ahora tendrá que lidiar con las eléctricas, ardua labor en un sector enrevesado y privatizado. En una Europa misteriosamente unida, con diferentes tonos: El glamour impostado francés, la taimada simpatía italiana, pero extrañamente unida. Trump ha conseguido, por torpeza, el mayor grado de cohesión histórica de la Unión Europea.
Decíamos, y nuestra realidad española se impone: en algunos círculos extranjeros y, digamos, “esotéricos”, parecen empeñados en poner la proa hacia España, sobrados como están de dólares, algunos traman y preparan perfiles para un tercer hombre, un hombre/mujer de hielo, que encabece una plataforma populista sumada a algún otro partido conservador. Una vieja maniobra muy utilizada por la derecha económica de nuestro país; hace décadas ya se intentó con Mario Conde, ante la falta de liderazgo en el PP, el mismo Rivera y Ciutadans lo fueron recientemente, lo ha intentado también Almise Pérez. Intentar, con un perfil más seductor, atraer a trabajadores urbanos (que se consideran cándidamente clase media), ya que éstos ven a Abascal poco más o menos como un apoderado taurino, a pesar de la aclamación de Trump como su discípulo “Santiago Oubescal”. Una operación pensada para más allá de 2027, dependiendo de cómo vayan las elecciones francesas y si se consolida el gobierno del PSOE, con la posible pérdida de la mayoría absoluta del PP en Andalucía (la importancia de los detalles).
Los mensajes fuerza están ya muy sobados, pero ahí los tienen: echar funcionarios, tomarse un cigarrillo en el bar, pedir el segundo gin-tonic, menos inmigrantes por las calles (trabajando sí pueden estar), “despilfarros” de las administraciones, “potenciar” la economía y cuidar a los autónomos (sobre todo a los bares, a las empresas de mantenimiento o pequeñas de logística ni mirarlos) ridiculizar los derechos humanos, decir que las pensiones no son sostenibles, que los jubilados abusan de la sanidad y que en los hospitales privados no hay listas de espera… Éstos son los sueños húmedos del cuñadismo fascista 2.0. Estos serán los mantras que alguien que aún no conocemos, o sí, va a repetir hasta la extenuación. No se preocupen, habrá voluntarios. Hace bastante tiempo que en la política se ha abierto el campo: puede ser un actor, una cantante, una tiktoker, una presidenta autonómica e incluso una monja (en Catalunya tenemos sobrada experiencia surrealista en el sector).
El laboratorio político peninsular se torna en aquelarre, pero esta batalla ideológica será para largo, con Europa como escenario y epicentro. Y pensar que Francis Fukuyama, aquel politólogo liberal, decía hace más de 30 años que la historia había acabado…
Nicolás Cortés Rojano