Quien vive en Barcelona siente cierto orgullo por su ciudad por diversas razones desde la cultura, el mar, el dinamismo y también su historia.
Entre los diversos elementos históricos que definen la ciudad nos encontramos con su pasado industrial. Más de una vez se habla del Poble Nou, La Maquinista en Sant Andreu, la España Industrial en Sants o fábricas de Ciutat Vella y así podríamos poner bastantes ejemplos del pasado fabril de la ciudad y de los municipios anexados. Pero en pocas ocasiones nos acordamos de que cuando esta urbe empezó a expandirse fuera de murallas, en el espacio que se ganó existieron empresas instaladas en los territorios que rodeaban la antigua ciudad y que hoy es L´Eixample. Esa expansión que llamamos Plan Cerdá también incluyó viviendas humildes, fruto del despegue económico.
Voy a poner algunos ejemplos, algunos conocidos y otros menos, unos desaparecidos y otros transformados: Fabrica Batlló (actual Escola Industrial); Myrurgia, conocida por sus colonias; Editorial Sopena; Fábrica Elizalde -no confundir con la casa del mismo nombre- donde se llegaron a construir motores de aviación; Fábrica Cazeneuve, aunque más que una fábrica era un gran almacén de textil.
Podríamos seguir, incluso quién lea estas líneas pueda recordar alguna más, pero también me quiero referir a un elemento paralelo y que Cerdá incluso tuvo en mente cuando diseñó su plan: las viviendas de los más humildes. En los diferentes barrios del distrito se encuentran bloques con cierta antigüedad que nada tienen que ver con la Casa Milà o Les Punxes. Además, podemos encontrarnos con algunos lugares insólitos, algunos ya desaparecidos, como sucede con la mayoría de las fábricas, y que en nada recuerdan la ampulosidad de los famosos edificios. Me refiero a los pasajes o pasillos de viviendas sencillas donde se alojaron quienes contribuyeron con su sudor y esfuerzo a construir está ciudad, siendo explotados en la mayoría de los casos. Algunos de ellos siguen todavía en pie, otros, como ya dijimos, han desaparecido. Por ejemplo, el Pasatge de León es accesible y se puede visitar; otros conjuntos de viviendas como los de las calles de Rosselló o de Enrique Granados no son accesibles; entre los ya desaparecidos está el de la calle de Vilamarí.
Recordar nuestra historia es importante y cuando paseamos por la ciudad está bien saber que la expansión después del derribo de las murallas no fue homogénea y se construyeron edificios con distinta funcionalidad y características.
Por este motivo he presentado un sencillo proyecto de memoria a los presupuestos participativos de Barcelona: la colocación de placas explicativas de algunos de los sitios mencionados.
Miguel Monera Urbina
Exsindicalista Felizmente Jubilado
Miguel, me parece una idea estupenda la señalización de lo que ha sido la historia industrial de Barcelona.