La guerra de Ucrania parece enquistada, sin apenas noticias. Supongo que las duras condiciones del invierno implican, necesariamente, un apaciguamiento a las actividades bélicas. Pronto se cumplirán dos años de guerra y si el país ha resistido se debe sobre todo a las cuantiosas ayudas recibidas del exterior (EUA, Reino Unido y Unión Europea), articulada en tres patas: recursos económicos, ayuda militar y apoyo diplomático. Esta misma semana hemos sabido que, con el voto a regañadientes de Viktor Orbán de Hungría, la Europa de los 27 va a destinar 50.000 millones de euros a Ucrania. Sin duda, sin estos apoyos, la invasión rusa hubiera podido ser un paseo militar, a pesar de la voluntad de resistencia de las víctimas.
Una guerra enquistada, injustamente cruel, entre un estado con aparentes valores democráticos (Ucrania, cuya historia es compleja desde que se desgajó de la Unión Soviética y que ocupa el lugar 87 de países por su índice democrático) y una Rusia invasora, un estado con evidentes carencias democráticas, en el que los conflictos con los opositores a menudo se resuelven con la cárcel, incluso con la muerte (ocupa el lugar 146 de la misma lista). Una gran potencia contra un estado objetivamente más débil, que planta cara pero al que además ayudan los países democráticos.
Este modelo de enfrentamiento de un totalitarismo contra una democracia, por débil que sea, me ha recordado la situación de España, cuando se sublevó un grupo de generales (no todo el ejército) contra el orden constitucional, con la excusa de los problemas que tenía la joven república, que eran muchos y en general fueron mal resueltos, desde los sucesos de Casas Viejas al asesinato de uno de los líderes de la oposición al gobierno por miembros de las fuerzas de orden público.
Desde el primer momento (incluso antes de golpe), las potencias fascistas europeas (Alemania e Italia), prestaron ayuda al levantamiento, con material clave para trasladar el ejército de África a la península (sobretodo aviones). Posteriormente, los barcos de guerra nazis colaboraron decisivamente en el bloqueo de la península y junto con la marina franquista, hicieron todo tipo de desmanes, desde el bombardeo de ciudades indefensas a la matanza de civiles en la carretera de Málaga a Almería (“la desbandá”) que huían de las tropas llamadas irónicamente “nacionales” . Además, Mussolini envió el Cuerpo de Tropas Voluntarias (que no lo eran), con casi 45.000 hombres bien armados que formaron parte de las fuerzas terrestres-
En esta situación, muy comparable a la actual en Ucrania, ¿qué hicieron las potencias occidentales entre 1936 y 1939? Básicamente mirar hacia otro lado. Las fuerzas de derecha de Estados Unidos y el Reino Unido, impresionadas por las matanzas de religiosos y gente “de orden” en el territorio republicano, presionaron a su gobiernos para que no ayudaran a la República. Al contrario, personajes y compañías importantes como Henry Ford, Joseph Kennedy (el padre del futuro presidente) y Texaco suministraron flotas de camiones y petróleo a Franco, que de las armas ya se encargaron Alemania e Italia. Y Francia, a pesar de un gobierno también de Frente Popular coetáneo con el de España (presidido por Léon Blum), abrió y cerró caprichosamente sus fronteras, evitando la llegada de materiales de los dos únicos países que se pusieron junto a la legalidad republicana: Checoslovaquia (hasta que fue ocupada por Hitler) y la Unión Soviética.
Además, las potencias occidentales crearon un Comité de No Intervención (en Londres) que fue una auténtica farsa ya que en ningún momento evitaron la ayuda de los países totalitarios a Franco y en cambio crearon todo tipo de obstáculos al aprovisionamiento de la República, a pesar de ostentar la legalidad. La vergonzante retirada obligada de las Brigadas Internacionales en septiembre de 1938, en plena batalla del Ebro, es sin duda el acuerdo más conocido del Comité aunque no fue el más decisivo para la derrota republicana.
Y en un ejercicio de historia ficción, ¿Cuál hubiera sido el resultado si las democracias occidentales hubiesen actuado del mismo modo con la República Española de cómo lo están haciendo ahora con Ucrania? Que con toda seguridad nos hubieron ahorrado cuarenta años de feroz y sanguinaria dictadura.
La memoria democrática es también esto, para que no vuelva a ocurrir.

Ferran Vallespinós
Doctor en Biologia i Investigador del CSIC
Alcalde de Tiana (1995’2007)
