Antropoceno como Metamorfosis. Aforismos sobre el sucumbir y el despertar

El Antropoceno es un nuevo concepto, describía en un artículo, que altera los conflictos políticos e ideológicos del siglo XIX y XX. Em el siglo XXI la consciencia y teoría revolucionaria han sido sustituidas por una revolución sin sujeto revolucionario, sin conciencia revolucionaria, sin teoría revolucionaria. Ulrich Beck señala que la discusión del cambio climático no es si sucede o no; lo que se plantea es qué podemos hacer para detenerlo, contenerlo y resolverlo. Y este énfasis en buscar soluciones viables nos hace ciegos para analizar cómo el cambio climático se ha convertido en una agente de la metamorfosis del mundo.

Doble pregunta por el Antropoceno.

Se plantea, por un lado, una pregunta política: ¿qué hacer ante el Antropoceno? Y, por otro lado, una pregunta analítica: ¿cómo el Antropoceno está alterando y modificando nuestro modo de pensar, estar y vivir en el mundo? La tesis de Ulrich Beck en La metamorfosis del mundo es que la consciencia revolucionaria es ajena a la metamorfosis del mundo.

En El ocaso de las revoluciones Joseé Ortega y Gasset señala que las revoluciones como las frutas y enfermedades tiene sus estaciones. Hoy sexta ola se presenta en cualquier fecha del año. El medieval se rebela contra los abusos; hoy, ante el cambio climático, nos revelamos contra los exitosos usos de la sociedad industrial. Lo que señala Ulrich Beck es que la revolución que antaño surge de las cabezas o espíritu, ahora brota de las condiciones objetivas de la vida cotidiana. El cambio climático, como efecto secundario, ha revolucionado la sociedad, la economía y la política. Y aunque la metamorfosis tenga lugar delante de nuestras narices queda fuera de nuestra consciencia y compresión: la teoría social es incapaz de conceptualizarla.

Tenemos la teoría de Marx colocada cabeza abajo. De la primera pregunta, ¿Qué hacer frente el cambio climático? La respuesta suele ser plantean transiciones ordenadas, prefiguradas, planificadas, controladas, esto es, soluciones viables intencionales, conscientes, voluntarias. Aquí es donde la solución viable se convierte en inviable. Las revoluciones industriales se han basado en conceptos de simultaneidad, sincronicidad, multiplicidad más próximos a Jung que a Newton.

Teoría social, teoría del riesgo y metamorfosis.

La teoría social explica cómo se produce y reproduce el poder, pero se queda muda cuando lo que acontece es una mutación de las relaciones de poder. La metamorfosis no es evolución, ni reforma, ni revolución. Es un cambio de horizonte existencial. Las desigualdades en el Antropoceno son opuestas que en la categoría de “clase” de la teoría social. El universalismo de la teoría social impide que entra en juego el cambio de supuestos universales. El Antropoceno rompe con la metafísica de la “reproducción del orden social”. Lo vemos en las previsiones macroeconómicas que sirven exclusivamente para reforzar la metafísica de la reproducción del orden social.

Edgar Morin en Cambiemos de vida: lecciones de la pandemia reflexiona cómo los relatos dominantes en el siglo XX caen uno tras otro: la economía prometió dejar atrás crisis cíclicas, la ciencia biomédica desterrar las enfermedades infecciosas a la edad media, la crisis ecológica desarrollará las tecnologías, etc. Es paradójico que, por vez primera, el médico se comporte de modo más estrecho que el hombre de negocio; uno sólo ve el beneficio, otro sólo ve el virus. La fisiología moderna cuestionó, hace un siglo, el paradigma de la “enfermedad-huésped”: el contexto importa. El virus no explica las desigual afectación, necesitamos añadir factores contextuales. ¿Qué es el “misterio epidemiológico”? Las desigualdades arraigadas en la sociedad tiene más relevancia que la tasa de vacuna, un robusto sistema de salud, etc.

¿Por qué no hablar, sin temor, de “sindemia”? Antropoceno incorpora esos factores contextuales. No nos relacionamos con la geosfera inanimada, sino con una naturaleza antropomorfizada. Urge ese “cambio de vía”.

La “transvaloración de valores” de Nietzsche ha ejercido una atracción y fascinación en Heidegger, Habermas, Foucault, Beck. El cambio climático se convierte, para Ulrich Beck, en la guía de un sistema de navegación. Desplazando antiguos valores que ahora giran alrededor del cambio climático. Situar en el centro del problema del Antropoceno la “Gran Aceleración” servir para reafirmar nuestras certezas: “ya lo decíamos hace medio siglo”. El Antropoceno viene a desestabiliza las certezas y las seguridades; n a reafirmarlas. Nos exige un cambio de horizonte existencial.

Saturación de malas noticias.

Nunca antes la política había estado tan saturada de conocimientos en que se anuncia un inminente colapso. Hablamos de “punto de inflexión”, de ventana de oportunidad cada vez más estrecha, etc.; ¿y no hacemos nada? Sería una ingenuidad política y sociológica pensar que de la “descripción del problema” lograremos una metamorfosis normativa, la acción política, etc. Buscar soluciones viables se convierte en un obstáculo; pues al centramos en la crisis ecológica no vemos la crisis civilizatoria.

Herbert Wells, autor de La guerra de los mundos, vio que la confianza de las comunidades se estaba desintegrando ante una sombra del miedo. Instó a una discusión despiadada sobre todos los aspectos de su época. Un siglo después estamos aterrorizados que las generaciones presentes no sean capaces de redefinir su “propósito”. En el futuro verán que hemos dejado detrás un cementerio de oportunidades perdidas. Jürgen Habermas señaló que en lugar de mirar “arriba”, a los expertos, hemos de buscar las “motivaciones” mirando “abajo” a la sociedad civil.

En la secular el hombre es una nueva fuerza geológica y, a la vez, una nulidad. Colin Wilson afirmó que nunca antes en la historia la humanidad había tenido una imagen tan deplorable de sí misma.

Optimistas y pesimistas comparten la misma cosmovisión de quien no percibe la metamorfosis en curso. El optimismo tecnológico, como recuerda Carlos Álvarez Pereira -en el informe del 50 aniversario del Club de Roma, puede ser un acelerador de modelos de conocimientos caducos. Los avances del microscopio en el siglo XIX, por ejemplo, cambió el sentido del péndulo retrocediendo a un mecanicismo del siglo XVII logrando eclipsar la medicina experimental.

Las ruinas de futuro.

Exclamar que “el mundo está desquiciado” es el inicio para abandonar categorías obsoletas y reemplazar un marco de referencia por otro. La teoría social entiende del cambio, pero no entiende de la metamorfosis. Walter Benjamin nos proporciona en El Ángel de la historia la imagen de un ángel empujado al futuro, pero que le da la espalda, mira al pasado donde ver ruina tras ruina.

Seria horrible un mundo sin ruinas; sin que las civilizaciones se sucedan unas a otras. F.W.G. Hegel señala cómo nos puede deprimir que la figura más belle se encuentre en su ocaso. J.W. Goethe reivindica, en cambio, la vida y la mutación.

En todo sucumbir hay un despertar señala Ulrich Beck. Más allá de la apocalipsi y la salvación está la metamorfosis; esa evolución cósmica pasa desapercibida cuando queremos soluciones viables; es una obsesión que bloquea nuestra imaginación política para cambiar los marcos de referencia. La agudeza predictiva de los climatólogos en la intemperie contrasta con la nulidad para ver dentro de sí mismo nuevas normas y nuevos comienzos.

Volvamos a la estructura de la doble pregunta: los ecologistas, científicos y político pregunta: ¿cómo hacer ante el cambio climático? Es una pregunta que está en las agendas de gobiernos, políticos y organizaciones ecologistas. Los sociólogos preguntan: ¿cómo el cambio climático está transformado la sociedad? Uno se centra en los efectos primarios del cambio climático, otros en los efectos secundarios; unos en los “males públicos”, otros en la metamorfosis de “males” en “bienes”: el cambio climático convertido en un agente de la metamorfosis del mundo. No tiene nada que ver con que el cambio climático tenga efectos negativos y positivos: el bien se oculta tras el mal. La estructura de la primera pregunta lleva a respuestas decepcionantes, la segunda a respuesta ambivalentes.

Sociedades exterminadoras.

Desde hace décadas cada año aparece un informe demoledor de Worldwatch Institut sobre “el deplorable estado del mundo”. Las tendencias se agravan: pérdida de biodiversidad, aumento temperaturas, degradación de suelos cultivables, etc. ¿Qué hace que no actuemos, aunque sea por nuestro propio interés? Las amenazas no incentivan a actuar: actuamos cuando percibimos oportunidades.

Sociedades intolerantes, desiguales y represivas cuando se sientes amenazadas se aferran a sus coordenadas culturales. Actúan bajo estrategias racionales de supervivencia. Las sociedades igualitarias, tolerantes, etc., tiende a olfatear oportunidades al modificar las estrategias de actuación racional.

La exterioridad de la naturaleza que no ofrecen los sentidos, señaló K. Marx en su crítica a Hegel en 1844, es una naturaleza deficiente. Hegel busca esa esencial en la religión, no en el hombre; es teosofía, no antroposofía; su filosofía no es de la libertad.

El espíritu de la naturaleza.

Es chocante que la ciencia de tan poca relevancia a los modelos interpretativos que sirven para entender el mundo. La catástrofe no se produce por transgredir, sino por seguir la “norma”. La ciencia tiene su parte de responsabilidad. La secuencia se invierte; de la conmoción antropológica y de la catarsis social surgen un debate público que cuestiona el orden y las normas.

El Antropoceno significa, antes que nada, que ya va siendo hora de liberar a los políticos de las “ataduras” que los inmovilizan. Norbert Elias distingue entre psicogénesis y sociogénesis: las estructuras industriales crean estructuras mentales.

La teoría del riesgo global Ulrich Beck no aliente una vuelta a la “lógica del control” basadas en seguridades y certezas. La era de incertidumbres e incertezas es una oportunidad para construir una sociedad autocritica y reflexiva. El Covid-19 supuso refutar la teoría de Ulrich Beck; acierta en el diagnóstico. Regresamos al “modelos del control” de la sociología decimonónica y la política de invisibilizar incertidumbres.

Censura inapropiada a la ciencia.

El director de The BMJ, Kamran Abbasi, señala que los políticos que dice seguir la ciencia hay que recordarles que es una afirmación engañosa; rara vez la ciencia dice verdades absolutas. No tiene sentido servir servilmente lo que dicen la “ciencia”. Richard Horton, director de The Lancet, critica que virólogos y epidemiólogos enmarquen la actual “emergencia sanitaria” en términos de peste medieval.

El tema es más complejo que cortar la cadena de transmisión. En una comunicación al XIV congreso de sociología de la FES sitúo las reflexiones de los editores de The Lancet y The BMJ en relación a las categorías sociológicas de “mundo” y “comunicación”. Fueron desarrolladas por K. Jaspers, M. Heidegger, M. Foucault, J. Habermas o U. Beck. Fue rechazada con la respuesta insólita que los directores también “tienen sus servidumbres” y la comunicación tiene “una intención antigubernamental”.

Tiene oportunidad de escribir una  respuesta al editor. No caer en una censura inapropiada. Contestan que no sólo los políticos e industria han desatado una corrupción a gran escala; también científicos y expertos en salud son responsables de un desfalco oportunista. Añadiría al desfalco el congreso de sociólogos.

El Covid-19 ha tensionado más las “relaciones de producción”, “relaciones de definición” y “relaciones de poder”. La “política de invisibilidad” instala en la postverdad y argumentos “ad hominem”. En este ambiente se califica The BMJ de “blog de noticias falsas”. Nadie parece escapar a la represión, supresión y politización de la ciencia que cuesta vidas humanas. The Lancet, señalo su editor, fue creada como parte de la empresa colonial británica: encargada colonizar el mundo con la medicina británica y suprimir cualquier disidencia cultural. En el siglo XX hemos descubierto que el mundo no esta dominado por hombre-blancos. ¡Sorpresa! ¡Existen las mujeres! ¿En siglo XXI lograremos descubrir que existen otras civilizaciones?

¿El Antropoceno nos puede salvar?

Frente los imaginarios apocalípticos decir que e Antropoceno nos puede salvar es una provocación. Friedrich Hölderlin nos dejó escrito en el poema Patmos “dónde está el peligro, crece también lo que salva”. Dos siglos después volvemos a leer el poema sin convicción. El presidente de Alemania Johannes Rau, en medio de promesas del gran potencial de las ciencias de la vida para erradicar las enfermedades, etc., nos ofrecía una versión invertida del poema de Hölderlin: “pero, donde se acerca la salvación, también crece el peligro”.

Era una cita de Ernst Bloch. Con ella busca un antídoto ante profetas que prometen el paraíso en la tierra. Jürgen Habermas fue más duro contra esos nuevos profetas: son especulaciones temerarias de un puñado de intelectuales alucinados que miran en futuro en posos de café. Dos décadas después n sabemos si son chifladuras o pronósticos dignos de ser tomados en serio.

Bill Gates en Cómo evitar un desastre climático describe estrategias de empresarios “bien intencionados” para salvar la tierra. Miran con envidia cómo China toma decisiones sin el menor escrutinio democrático. No hay tiempo para debates democráticos, la geoingeniería es una tecnología de emergencia. Llegamos tarde para organiza un debate sobre los riesgos.

James Lovelock compara este tipo de actuaciones de emergencia con médicos; como describe Lewis Thomas en The Youngest Science. A pesar de tener una fisiología bien fundamentada y médicos que saben acompañan los procesos curativos, los médicos se empeñaron en buscar soluciones en la química de síntesis que ignora la fisiología moderna. Frente la geoingeniería James Lovelock defiende una especie de geo-fisiología. Volvemos a estar ante el dilema de Hamlet: ¿reconocer o suprimir? Parece que hemos olvidado que en el siglo XX los sistemas de la ciencia terrestre descubrieron la homeostasis y la complejidad simbiótica de los ecosistemas.

Aprendices de brujo.

“El Covid-19”, resalta ISGlobal, “ha puesto de manifiesto la fragmentación de la gobernanza mundial en materia de preparación y respuesta a las emergencias sanitarias y el papel fundamental que pueden desempeñar la ciencia, la investigación y la innovación”. La salud y el bienestar pueden verse afectados por una serie de (otros) peligros: catástrofes naturales, peligros químicos, radiológicos, etc. Vienen a señalar que el problema es la esclerosis de la política; hemos oído que los gobiernos “llegan tarde”, ahora que las naciones son demasiado egoístas, los gobiernos demasiado cobardes y no se puede consultar a la opinión pública.

La política autoritaria impide que los ciudadanos participen reflexivamente y se imponga medidas “a-reflexivas” basadas en el “control”. Socava la democracia y alienta los populismos. La idea es una salud global gestionada por una estrecha colaboración global público-privada: “industria farmacéutica, gobiernos nacionales y organizaciones internacionales deben trabajar juntos” -señala Bill Gates al promover la GERM, esto es, un equipo de 3000 virólogos y genetistas a tiempo completo que desarrollen vacunas experimentales.

El mismo día que Bill Gates hacia la presentación de esas propuestas la OMS presentaba el libro blanco: Fortalecimiento de la Arquitectura Global para la Preparación, Respuesta y Resiliencia ante Emergencia Sanitarias. Entre las 300 recomendaciones incluye un Consejo de Emergencia Sanitaria Mundial formado por Jefes de Estado. Excluye un control más fuerte de programas nacionales. El GERM incluye declarar la pandemia y coordinar la respuesta global (socava la soberanía nacional en materia de salud). El presupuesto que reclama Bill Gate, se pregunta Richard Horton, director de The Lancet, ¿es la próxima gran subvención para su fundación con 127.000 millones (iniciales) de dólares?

Impaciencia revolucionaria para imponer el “bien común” desde arriba.

La OMS quiere disuadir a los gobiernos de crear estructuras paralelas que supondría una mayor fragmentación de la gobernanza. Hay que leer entre líneas. Pide que los gobierno estén “alineados” con la OMS, significa que estén “subordinados”; quer “apoyan” las medidas de la OMS, significa tener a los gobiernos “controlados”; etc.

Para el editor The Lancet el libro blanco es ejercicio ambicioso de acaparar poder por parte de la OMS. Los estados pueden estar encantados: ya no deberán de “rendir cuentas” a sus ciudadanos. No sólo las elites desconfían de la democracia: opinión pública egoísta y gobiernos democráticos cobardes. El capitalismo atrevido gestionar “mejor” las emergencias.

La transformación de la política es de tal dimensión que hay quien permite preguntar: ¿es posible la democracia en tiempo del Antropoceno? La emergencia sanitaria, climática, energética, alimentaria, etc., saturan la política de nefastas noticias. La clase mediática la mira por encima del hombro y se gana la mayoría hipocondriaca.

Se invoca ingenuamente una “expertocracia” que imponga el “bien común” desde arriba. Regresa la idea de un “estado autoritario” capaz de una “distribución ascética” como propuso hace décadas Wolfgang Harich. Hoy Slovoj Zizek plantea, tras el Covid-19, regresar a la vieja lógica autoritaria comunista. Los intelectuales alucinados tienen su público. No se arresta, como sucedió al inicio en China, por dar “malas”.  Giorgio Agamben sostiene la tesis que un político no desaprovechara una buena crisis sanitaria. Yuval Noan Harari señala el dilema planteado en el Covid-19: vigilancia digital totalitaria o empoderar a los ciudadanos. Se optó por aislar y paralizar la vida social. Ese estado de vigilancia digital permite a China en unos minutos localizar cualquier ciudadano y todos sus contactos.

¿Ciencia o poesía?

Will Steffen con otros colegas describen el Antropoceno en términos de “Gran Aceleración”. Basta observar cómo a partir de 1750 y de forma más intensa a partir de 1950 los gráficos de población, PIB, consumo de materia prima, energía, etc., crecen de forma exponencial. El cambio climático es antropogénico. El Antropoceno lleva implícito que los humanos somos los “culpables”.

La “capacidad de carga” o “impacto humano sobre el medio ambiente” de Paul Ehrlich establece una fórmula que permite medir el impacto humano sobre la biosfera. El factor determinante es la población. Es una evolución cualitativa. La variable relevante es el incremento de la población que se produce a partir de la revolución científica y las innovaciones tecnológicas.

En el siglo XX aparece el “sistema de ciencia terrestre”, el pensamiento sistémico y complejo. La idea de competencia de la teoría evolucionista dio paso a la idea de colaboración simbiótica entre distintos reinos; una aportación de Lynn Margulis.

Vivimos en la sociología de la simplicidad. La revolución científica y el paradigma mecanicista rompen con el pensar orgánico aristotélico. No vemos más allá del mundo inorgánico en que imperan las leyes de la gravedad y la entropía. La hipótesis Gaia surge como consecuencia de no entender el “misterio” del equilibrio atmosférico entre oxígeno y nitrógeno. “El misterio de la atmósfera”, escribe el revisor, “toma giros no contaminados por la ciencia moderna”. Me recomendaba leer a Wallace Broecker. Considera que era una “vergüenza” que el Congreso de la Unión de Geofísica diera cabida a la hipótesis Gaia: “no tiene base científica”. En la conferencia inaugural Paul Ehrlich afirmó: “la hipótesis ha sido muy importante en un sentido poético”.

Antropoceno como rehabilitación visiones holísticas.

Paul J. Crutzen y Eugene Stoermer encuentran una amplia paternidad en el término de Antropoceno; rehabilitan autores disidentes, silenciados y olvidados: Eduard Suess, Antonio Stopani, Pierre Teilhard de Chardin o Vladimir Vernadsky. Todos tiene sus raíces en J.W. Goethe que considera que el cosmos es un gran organismo vivo.

James Lovelock resolvió el enigma si había vida en Marte: basta observar la atmosfera. La pregunta por el origen de la vida sería incorrecta, pues las condiciones para la vida presuponen existencia de vida.

La ciencia requiere de debate; esto es una polarización que impide el debate. La hipótesis Gaia se puede decir es un concepto metafísico, una idea más intuitiva que una hipótesis que pueda ser “probada”. Equivale a calificar la física cuántica de poesía. Es un error creer que una hipótesis es correcta si los hechos empíricos la “comprueba”. La teoría de la relatividad es un modelo que destrona la geometría euclidiana. ¿Dónde está la refutación empírica? La física cuántica trasforma la geometría en física y el tiempo es una dimensión del espacio. No se puede refutar, ni verificar.

Galileo dijo: “mente copito”, Significa que la ciencia no se basa en la observación de la naturaleza, residen en el espíritu que proyecta imágenes del mundo. Por ello transcienden la experiencia. Toby Tyrrell  rechaza hipótesis Gaia, la homeostasis, etc., al considera que todo se “explica” por la “buena fortuna”. “Dios juega a los dados” es la típica respuesta neodarwinista que niega una “intencionalidad” de la naturaleza. Por más que tiremos piedras hacia arriba cuando caen nunca tendremos una catedral.

Antropoceno como evolución al punto omega.

La evolución no es adaptativa: hay una fuerza que nos empuja hacia el “punto omega”.  Pierre Teilhard de Chardin vio que el hombre, a diferencia de los demás animales, carece de hábitat; el hombre había en él mismo, un “chez soi”: es el único animal que tiene un “mundo interior”. Va más allá de un cosmos vivo, Esta es la grandeza y dignidad del hombre. Jordi Llimona, capuchino de Sarrià, sacerdote, optimista existencial, fundador del PSC y escritor es poco reivindicado en la era del Antropoceno.

Encontramos ideologías vestidas de ciencia que se limitan a quitar el quitar el polvo de los siglos a viejas querellas. Desarrollo en el artículo del Antropoceno polémicas explosivas entre místicos cabalistas y cristianos con agnósticos. Stephen Hawking paso de ofrecer una “teoría del todo”, con acceso a la menta de Dios, a una “teoría de la nada” en The Grand Design en que “demuestra” que Dios no existe. Para científico sucede un estruendo, para el hindú un om, para Juan evangelista el Verbo: un sonido. Pitágoras descubre armonía de las esferas es según la longitud de las cuerdas. La ciencia sigue usando el término “cosmos” aunque se parece más a su opuesto “caos”.

El artículo sobre el Antropoceno no se centra en la historia geológica sino antropológica; la era axial supuso una lucha entre el poder terrenal y el poder transcendental; de modo que detrás de los grandes sistemas de conocimiento transmisibles se emancipan de las prácticas cotidianas. Jürgen Habermas sitúa un mundo de los medios y otro de los fines: conocimiento e interés. ¿Hay conocimiento sin interés? Nos encontramos con la estructura esquizofrénica del Zeitgeist: espíritu del tiempo. Ofrece una cronología que no es geológica, sino antropológica.

No nos deja de fascinar der Umwertug der Wert (la transvaloración de los valores). No se trata de cambiar unos valores por otros; no es un cambio del discurso descriptivo, sino que estamos en otro nivel; lo que Michel Foucault o Ulrich Beck hablan del “discurso reflexivo”. El cambio climático se convierte en una estrella fija que nos orienta en la navegación.

Hay alternativa.

Aprender a vivir y a morir en el Antropoceno. Reflexiones sobre el cambio climático y el fin de una civilización” de Roy Scranton nos invita a aceptar, con resignación, lo inevitable: “a menos que ocurra un milagro, los próximos 20 años verán una transformación sistémica cada vez más caótica en los patrones climáticos globales, una adaptación biológica impredecible y un espectro salvaje de respuestas políticas y económicas humanas, que incluyen la búsqueda de chivos expiatorios y la guerra”. Y añade: “no existe ninguna opción alternativa… Sin embargo, la humanidad puede sobrevivir y adaptarse al nuevo mundo del Antropoceno si aceptamos los límites que establece la naturaleza… Aprender a morir como civilización implica desprendernos de esta forma concreta de vida y de sus conceptos de dominio, éxito y progreso. ¿Seremos capaces?”.

Roy Scranton que atasca en la primera pregunta con una respuesta deprimente. Comete el error del gusano que percibe su metamorfosis en mariposa y se aferra a su cosmovisión larvaria desde la que percibe que se ha de resignar a perder el capullo.

Bruno Latour observa que las simbiosis entre las emergencia climática, sanitaria y social no son tres crisis, es una metamorfosis. Señalaba en COVID-19: ¿zoonosis o sindemia? Publica por “Ecología Política” que estamos en una crisis de paradigma. Gisli Palsson y otros proponen reconceptualizar el Antropoceno; para ello analiza como las colaboraciones de distintas disciplinas da lugar al “sistemas de ciencia de la tierra”. Para Jeremy Baskin esa reconceptualización inserta el hombre en la naturaleza legitimando, a partir del estado de excepción, grandes intervenciones. Manuel Arias Maldonado señala que, por un lado, tenemos las presiones externas a seres biológicos incrustados en entornos físicos; por otro lado, las respuestas a esas presiones serán culturales, esto es, la presión externa estimula a las fuerzas motrices internas que guía los cambios sociales.

El Antropoceno viene recusar el universalismo de la teoría de sistema que aspira a una especie de Castillo de Kafka emancipado de los humanos.

Jordi López Ortega

Premio extra ordinario de doctorado Universidad Carlos III; Investigador en la Goethe Universidad de Frankfurt, docentes en la UPC, es filósofo y sociólogo

@OrtegaJordi

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