Ciencia con “A”

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No sé si es bueno o malo esto de los “días internacionales” porque significa que existen temas importantes pendientes y cada día se acumulan más, hasta el punto de que ya no quedan días del calendario y alguno reivindica más de una causa.

El 11 de Febrero es el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, así todo en mayúsculas.  ONU declara. Y no lo hace solamente desde el paradigma de los derechos básicos, sino también pensando en los Objetivos de Desarrollo Sostenible y uniendo dos de ellos: la igualdad y la promoción de la ciencia y el conocimiento. Ambos para avanzar en el desarrollo económico y social de los países de forma equitativa y del mundo en general.  Subir a las mujeres al carro del desarrollo económico, en pleno derecho, no es tan reciente. Sólo desde que disponemos de educación en igualdad, y no todos los países pueden decirlo, estamos en condiciones de considerar a ambos sexos como fuerza de trabajo.   Que las mujeres trabajan desde el inicio de los tiempos no ha sido suficiente para reconocer su valor social y remunerar su aportación.  Sólo desde el momento en que se nos considera “fuerza de trabajo” y a partir de reivindicaciones continuas y reiteradas sobre la necesidad de facilitar la conciliación personal y laboral, también se va teniendo en consideración el trabajo de los cuidados, de momento aún no remunerados y aún no suficientemente repartidos con el varón.

En esa tesitura sociológica, las mujeres que eligen dedicarse a la investigación, en nuestro sistema actual de ciencia, acumulan dificultades para superar los obstáculos: los comunes a todas las mujeres trabajadoras y los propios de un sistema excesivamente jerarquizado y masculinizado, como es el de la investigación.  Los relevos son lentos, la subordinación sigue existiendo durante décadas, no se dan incentivos ni dinámicas internas para que las mujeres líderes en sus campos de conocimiento avancen a los hombres, sea por méritos propios o por algún sistema diseñado para lograr la equidad.  Ante bajos salarios y escaso reconocimiento profesional, qué ocurre?  O se van a otros países más propicios para la ciencia o abandonan su carrera.  Talento desperdiciado.

Eso es lo que nos indica, año tras año, informes como  “Científicas en cifras”, elaborados por el Ministerio de Ciencia e Innovación, en los que se analiza la evolución de las vocaciones científicas entre las mujeres, pero también los avances excesivamente lentos en la promoción de mujeres en la ciencia.  Los datos son persistentes:

  • En España tenemos más mujeres matriculadas en grados que hombres (55,6%) y también superan a los hombres en obtener la licenciatura y el título de doctora representa el 52,6% del total de doctorados.
  • Entre las profesoras universitarias, sólo el 25% llegan a ser catedráticas o profesoras de investigación, después de una larga carrera que suele coincidir con la etapa de formación de una familia y crianza de los hijos.
  • Mujeres y hombres tienen igual tasa de éxito en las convocatorias de financiación de investigación, pero sólo el 35% de las mujeres dirige los proyectos y sólo el 33% gestiona los fondos obtenidos.
  • Las áreas de conocimiento de preferencia de las mujeres siguen estando centradas en funciones tradicionalmente asignadas al género femenino, como la salud o los servicios sociales, pero se observan avances en ciencias (49,8%) y tímidamente en ingenierías (38,4%)

                    Gràfica El Periódico 10 Febrero 2022)

Rosa Menéndez, presidenta del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, insiste en la necesidad de seguir analizando con más detalle las razones de la desigualdad y promover cambios reales en el sistema de ciencia y desarrollo de carreras científicas que evite la fuga de talento femenino, no sólo por una razón de igualdad de oportunidades sino también porque en la propia ciencia se generan sesgos si sólo la protagonizan los hombres.  Se ha observado claramente en el diseño de dispositivos de seguridad que no tienen en cuenta en cuerpo de la mujer, o de corazones artificiales que sólo encajan en un cuerpo de mujer en el 20% de los casos, o en la investigación básica sobre patologías tradicionalmente femeninas, como el cáncer de mama, que no tiene en cuenta posible desarrollo en hombres; en la investigación de fármacos, que no tiene en consideración pesos y metabolismos diferentes o, ya últimamente, en el diseño de aplicaciones informáticas para la salud o el uso de datos en inteligencia artificial, que tienden a conclusiones erróneas a partir de un mal diseño de inicio. 

El sesgo de género en ciencia, simplemente, genera mala ciencia y, aunque la dimensión de género puede y debe ser tenida en cuenta también por los hombres científicos, la presencia de mujeres puede minimizar la reproducción de estereotipos y errores de cálculo que no podemos permitirnos a estas alturas.

Referencias

https://www.un.org/es/observances/women-and-girls-in-science-day

https://www.ciencia.gob.es/Secc-Servicios/Igualdad/cientificas-en-cifras.html;jsessionid=614C655A36C757B2990E4F81AAC6B222.2

Isabel Sierra

@IsabelSierraNav

Psicòloga

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