Análisis comparativo de dos transiciones

parked cars near charging stations

Tengo la impresión de que la sociedad que nos ha tocado vivir (y sufrir) va acelerada y está en continúa transición. La transición es un proceso que puede llevar de una dictadura a una democracia, pero que en general se basa, en cualquier materia,  en ir del estado A al B. Pienso que es interesante destinar este pequeño átomo a analizar comparativamente dos transiciones que estamos viviendo simultáneamente.

La primera es la llamada TRANSICIÓN BANCARIA, que consiste fundamentalmente en  pasar de un modelo tradicional de relación del banco con sus clientes a otro impersonalizado. Y, por supuesto, en aras a la sacrosanta digitalización. Como consecuencia de esta transición, en unos poco años las oficinas bancarias se han reducido a la mitad (muchos pueblos de la España vaciada han quedado vaciados de servicios bancarios), se han perdido 100.000 empleos y para redondear la jugada, no sé cuántos muchos miles de millones de euros nos ha costado el rescate de unos bancos mal gestionados.

La transición bancaria, diseñada desde arriba, ha chocado con la realidad y ha encendido la protesta de los clientes (la mayoría personas de edad pero no solo), poco dispuestos a manejar terminales de ordenador, hablar con máquinas y ver muy reducidos los horarios de atención personalizada que exigen citas previas por teléfono, tanto o más complicadas que con un médico de un CAP.

Los que protestan de esta transición alocada han recogido ya más de 500.000 firmas e incluso parece que tanto la Vicepresidenta de Asuntos Económicos y Transformación Digital como el Banco de España, van a tomar cartas en el asunto. Por tanto, no vale cualquier manera de llevar a cabo una transición bancaria, que en el fondo no cambia el modelo de negocio de los bancos, que no es otro que ganar dinero con nuestros ahorros. Probablemente no solo se deberán hacer las cosas de otro modo, sino también más lentamente.

La segunda es la llamada TRANSICIÓN ENERGÉTICA, a cargo de un mal llamado Ministerio de Transición Ecológica. A diferencia de la bancaria, la energética no tiene por objetivo principal mejorar el negocio de nadie optimizando costes sino que se enfoca, nada más y nada menos, a salvar la Tierra. En efecto, como consecuencia del uso masivo de combustibles fósiles desde la revolución industrial, ha aumentado la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera hasta producir un cambio en el sistema climático.

Si la transición bancaria consiste en sustituir personal y oficinas por máquinas, la energética se basa en dejar de utilizar carbón y petróleo a favor, fundamentalmente, de la energía solar (el viento también lo es). Tanto en un caso como otro, de momento no cambia el modelo global de negocio (ganar dinero, los bancos pero también en las empresas eléctricas) y solo se modifica la manera de generarlo (máquinas en un caso y energías renovables en otro). No en vano, al menos el 65% del negocio de las renovables está en manos de las 5-6 grandes empresas de siempre de gas y electricidad.

La transición energética, con innumerables proyectos de macro-parques fotovoltaicos o eólicos, han encendido la protesta de los territorios en los que se quieren implantar, al igual que la  bancaria. La protesta ha supuesto la aparición de plataformas opositoras (Plataforma a Favor de los Paisajes de Teruel en el caso del medio terrestre o Stop Macro Parc Eòlic Marí en la Costa Brava solo son dos buenos ejemplos) y también coordinadoras de grupos opositores (como ALIENTE). Los promotores de los grandes macro-parques quieren desprestigiar a los que se oponen con aquello tan manido de que “lo quieren pero no junto a su casa”. No es cierto.

En todo caso, si la protesta de los clientes de los bancos ha bastado para que la Administración reconsidere cómo se ha abordado la transición bancaria, sería recomendable que alguien analizara qué se está haciendo mal en la transición energética cuando el territorio protesta de modo tan unánime. Si hay humo, hay fuego.

Por último, también una diferencia significativa entre ambas transiciones: mientras la bancaria ha vaciado la España vacía de oficinas bancarias, la energética pretende llenar la misma España vacía de aerogeneradores y campos fotovoltaicos, para generar un exceso de  energía que no necesita el territorio. Lo peor es que ni la una ni la otra servirán para fijar la población ni fomentar la economía  en la España vaciada. En consecuencia, son transiciones fundamentalmente injustas y que sólo la Administración tiene capacidad para corregir. Otra cosa es que tenga la voluntad para hacerlo. Pero es evidente que, en cualquier transición, no todo vale. Según cómo se haga, provoca excusión social o territorial.

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