Una breve reflexión sobre el feminismo (¿O los feminismos?)

Este verano he visto un fragmento de una tertulia en un programa de televisión en el que se
estaba debatiendo sobre feminismo. En dicho vídeo salía, entre otras personalidades, Lucía
Etxebarría diciéndole a una compañera de plató que no tenía ningún derecho a hablar sobre
feminismo por llevar su cabello cubierto por un velo, ya que desde su punto de vista era un
símbolo de opresión hacia las mujeres. Cabe decir que el debate no trataba sobre este tema y
que la escritora en ningún momento le había preguntado acerca de las razones por las cuales
lo llevaba. Sólo dio por hecho de que le habían impuesto llevarlo, y ante esa circunstancia ella
no la quería ni escuchar.


Es inevitable preguntarse si el velo es un símbolo de opresión. Habrá quienes argumenten que
sea necesario recurrir a la prohibición de su uso en las instituciones públicas, ya que es
impensable que en un país democrático se permitan aquellas acciones que contribuyan al
recorte de libertades de las personas. Por otro lado habrá quienes se reafirmen en que las
únicas personas que pueden realmente responder a esa pregunta sean las que lleven el velo. Y
tanto una como otra parecen no contemplar todos los factores del mismo caso.


En primer lugar una prenda en sí misma no puede ser un símbolo de opresión. Achacar el velo
como un símbolo de opresión hacia nosotras es como decir que la quema de sujetadores nos
libera o dejarse bigote nos empodera. El feminismo va en contra de las diferentes formas de
opresión hacia nosotras y se ha luchado para que tengamos garantizadas una serie de
libertades, como la sexual o la estética. Se ha luchado contra la gordofobia, se ha visibilizado el
vello corporal en zonas en las que eran impensables que se visibilizaran, hasta llegar al punto
en el que hemos visto axilas teñidas de rosa fosforescente. En su momento Alicia Keys optó
por dejarse de maquillar para realizar conciertos, entre otros actos públicos. No hay que
olvidar que en el vídeo de la tertulia Lucia Etxebarría aparecía vestida con ropa femenina y
maquillada ¿Os imagináis que alguna de nosotras le dijera que se callase porque se pinta los
ojos? ¿A qué sonaría ridículo?


Y es que quizás se está poniendo el foco en el lugar equivocado y no habría que preguntarse si
una prenda de ropa o un accesorio resulta ser un símbolo de opresión si no para que se utiliza.
En este sentido cabría pensar en que las únicas que tienen la respuesta correcta somos
nosotras pero no es del todo cierto, ya que si bien tenemos un cierto conocimiento sobre
nosotras mismas, hay que tener en cuenta que en la mayoría de ocasiones muchas de
nosotras, y no me refiero sólo a las mujeres, no somos conscientes de nuestro grado de
sometimiento, y con lo cual podemos acabar diciendo que no llevamos a cabo una acción
porque no queremos cuando en realidad puede ser porque la sola idea de plantearlo pueda
ser motivo de sanción. Por tanto lo ideal sería que aparte de escucharnos a nosotras, también
hubiera profesionales en el campo de las ciencias sociales, con perspectiva de género y
multicultural, que trabajasen en conjunto con ellas. De hecho ya existen proyectos que han
optado por esta metodología, como es el caso de la Workaló.


Por último cuando Lucía Etxebarría mandó a callar a esa señora también dio por hecho que
nosotras, las mujeres occidentales, estábamos en una situación de superioridad con respecto
al resto. Y cabría preguntarse cuáles son las razones por las cuales lo estamos, si es que lo
estamos realmente, antes de creernos con el deber de empoderar a las mujeres como si
fuéramos maestras de algo. Quizás disfrutamos de estos derechos porque durante años
nuestras antepasadas salieron a las calles a partirse la cara por ellos. En todo caso, tendrían
que ser ellas las que dieran cátedra y no nosotras. O quizás fue por un interés mayor, que veía
que a la larga acabaría beneficiándose de alguna manera al reconocer nuestros derechos. O
quizás fue una combinación de ambas causas. Quién sabe.


Puede que la clave sea tener consciencia de la naturaleza de nuestra situación. Si nos fijamos
aún tenemos mucho camino por delante. Todavía no podemos disponer sobre nuestra
capacidad reproductiva con total libertad, ya que para optar por la esterilización tendríamos
que recurrir a la sanidad privada. Tampoco podemos emanciparnos sin pareja, ni avales de por
medio, ya que no contamos con trabajos estables y sueldos dignos para ello. Si mal no
recuerdo en los últimos resultados de una encuesta de Eurostat se vio que nosotras
realizábamos más horas en las tareas domésticas y de cuidado que los hombres. Aún hoy en
día en Europa los cargos directivos y puestos de trabajo con mejores condiciones laborales
están ocupados principalmente por hombres. Y en cuanto a los medios audiovisuales se sigue
criminalizando aquellas mujeres que se han vestido de manera provocativa, que hayan
mostrado algún atisbo de tener una vida sexualmente activa o con sobrepeso ¿Y con todos
estos indicios todavía creemos que estamos en condiciones de enseñar algo a alguien?
Según Simone de Beauvoir no había que dar por hecho la garantía de nuestros derechos, ya
que en algún momento dado estos podrían desaparecer. Así que está bien que entre nosotras
nos ayudemos, pero esto no debe implicar que debamos enseñarles como tienen que
empoderarse, ya que al hacerlo no seríamos muy diferentes a aquellos hombres que sin
consultarnos se disponen a indicarnos mediante señas como aparcar nuestro coche.

Noèlia Guzmán Funcasta

Graduada en sociologia i especialitzada en gènere

@ng_funcasta

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