Rod Steiger, Salvo Randone, Guido Alberti, Marcello Cannavale.
Vista y disfrutada por primera vez en la televisión local BTV.
A partir del derrumbe de un edificio al lado de una obra en construcción en un barrio popular de la ciudad de Nápoles, la película sigue la investigación oficial sobre el «accidente» y muestra, con gran realismo, la rosca política y los dilemas éticos alrededor del negocio inmobiliario y su expansión descontrolada, con su impacto social y ambiental y (y la implícita gentrificación resultante de Nápoles y otras tantas ciudades), así como los inevitables conflictos de intereses de empresarios devenidos concejales, con la estrecha convivencia de empresarios y políticos y su incidencia en las cambiantes alianzas políticas entre los partidos de derecha y el centro frente al partido comunista.
No hay tópico vinculado al tema que Francesco Rosi, director siempre comprometido en temas sociales y políticos como «Salvatore Giuliano», «Excelentísimos cadáveres», «El caso Mattei» o «Cristo se paró en Eboli», no haya dejado de explorar en esta película extraordinaria estrenada hace 60 años, de visión imprescindible, claramente vigente, de una modernidad asombrosa, que hace gala de un ritmo y un rigor documentales.
La de Francesco Rosi es pues una apuesta por el conocimiento de la verdad y la creencia en su poder para intervenir en la capacidad que tiene la sociedad para transformar la realidad. En el contexto de injusticia y corrupción que se presenta en «Las manos sobre la ciudad» la verdad puede ser vencida, pero no reemplazada.
Su vigencia es total y su calidad tan demoledora como excelente. Piero Piccioni en la música, Gianni di Venanzo tras la cámara, Rod Steiger de protagonista, como ese constructor y político tan corrupto como manipulador y unos secundarios interpretados en su mayoría por gente normal e incluso políticos en funciones, dan verdad y credibilidad a este gran trabajo del cineasta florentino.
El film obtuvo el León de Oro del Festival de Venecia de aquel año.
Joan Bibian