Hay que acudir a los pensadores griegos para comprender lo que está ocurriendo
ECPATÍA: Proceso mental voluntario de exclusión de sentimientos, actitudes, pensamientos y motivaciones inducidas por otro. Antónimo de Empatía.
Hay personas que practican la Ecpatía hasta niveles extremos. Posiblemente es la base del liberalismo. “Si no me importa lo que les ocurra a otros, yo sigo adelante. Lo que no esté expresamente prohibido puedo hacerlo”. Llevado al extremo, encontramos el egoísmo y la total falta de sentimientos de empatía.
Un ejemplo vivido en primera persona: El 11 de septiembre de 2001, pocas horas después de los atentados a las Torres Gemelas, viajaba a una ciudad europea por trabajo, a la sede de una multinacional del sector petroquímico. Al día siguiente, por la tarde-noche fui invitado, junto a otros 15 cargos intermedios de la empresa, a una cena-coloquio (“encuentro junto a la chimenea” lo llamaban). El consejero delegado de la empresa, tras la rápida cena y sentados en semicírculo, nos dijo algo parecido a esto, lo que recuerdo: “…seguro que todos tenéis vuestras ideas sobre lo ocurrido ayer…. Pero lo que quiero deciros es que debemos pensar en las oportunidades que puede representar para la empresa…”. En aquellos momentos pensé en la poca/nula empatía que tenía aquella persona con las víctimas, sus familias y los sentimientos de dolor y nausea que nos producía a la mayoría de las personas aquellos trágicos atentados ocurridos apenas 30 horas antes.
La empatía se define como: “…la capacidad que tiene una persona de comprender las emociones y los sentimientos de los demás, basada en el reconocimiento del otro como un individuo similar con mente propia”.
Los animales que podríamos considerar “superiores”, y en general los mamíferos, demuestran tener ese sentimiento entre los miembros de su especie y con los de otras. Hay muchas evidencias de empatía en el mundo animal, incluidos los humanos. Lo que no se observa en absoluto, aparte de entre humanos, es la crueldad y desprecio hacia miembros de su propia especie.
A lo largo de la historia humana se ha evidenciado muy a menudo esa falta de empatía. Llevando incluso a masacres indiscriminadas, genocidios y daño infringido a colectivos por los más peregrinos motivos. Lo que estamos asistiendo en Palestina, causando daños de todo tipo, desde corte de ayuda sanitaria, alimentaria, energética, de movilidad voluntaria, de exclusión, de exterminio…, no puede entenderse sin una falta total de empatía.
Otra forma evidente de ecpatía es el desprecio hacia colectivos que no resultan del agrado del individuo, por idioma, ideología, etnia, raza, creencia, sexo, identidad sexual…, que, precisamente, están amparados por La Declaración Universal de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas. En la mayoría de los casos son minorías o grupos de personas que consideran “inferiores”. Ocurrió con los negros, indios, orientales, etc, siendo incluso esclavizados y desposeídos de derechos. Las mujeres, que han sido sometidas a los hombres, sin reconocerles derechos hasta no hace mucho y que siguen sometidas en muchos países y “culturas”. Los musulmanes, los judíos, etc. por sus creencias religiosas, al igual que algunas personas de otras creencias las consideran inferiores o despreciables.
Al parecer, la ecpatía se produce a menudo cuando a la otra persona se la encasilla en un grupo al que considera, en genérico, que debe ser excluido de ese sentimiento de empatía, de manera intencionada.
Cuando los gobernantes tienen esa falta de empatía hacia grupos de personas de entre sus gobernados, es cuando se llegan a producir los desmanes que hemos visto sin ir muy lejos. Algunos ejemplos: Margaret Thatcher, congelando los fondos de solidaridad de los trabajadores de medios de comunicación, restricción de derechos como el aborto, el matrimonio igualitario, la transexualidad, prohibición de la libertad de expresión, no aceptar protestas ni manifestaciones pacíficas de estos grupos reivindicando sus derechos y necesidades, etc.
Cuando esto ocurre en países con reglas democráticas de representación y gobierno se produce la perversión de la Democracia, que los antiguos griegos, con su sabiduría, ya dieron nombre: Oclocracia. El historiador Polibio escribió: “«Cuando la Democracia se mancha de ilegalidad y violencias, con el pasar del tiempo se constituye la oclocracia».
Según Jean-Jacques Rousseau en El contrato social, se define oclocracia como «la degeneración de la Democracia«.
Esto es exactamente lo que está haciendo el gobierno actual de EE. UU. y en otros tantos países. Sus gobernantes, principalmente, se consideran por encima de todos los ciudadanos e instituciones y con las manos libres para imponer sus ideas y criterios, sin la más mínima empatía hacia sus gobernados.
Según The New York Times (enlace al final), una de las recientes decisiones del presidente de EE. UU. ha sido prohibir (o al menos enviar a un comité de revisión si se utilizan) en los documentos federales el uso de, entre otras muchas palabras de carácter social, científico, sanitario, etc. la palabra: woman, mujer.
Parece que desean que desaparezca el 50% de la población de los documentos oficiales, que no se usen en discursos, que sea revisada su utilización, apartar del escenario público los colectivos, temas y debates que no están de acuerdo con sus ideas. Esto recuerda gobiernos autocráticos, que rechazan lo que no les gusta, prohíben manifestaciones sociales, expresiones de rechazo de regímenes autoritarios y tantas otras cosas para limitar la opción de crítica.
En resumen, rechazan todo lo que consideran “woke”, metiendo ahí todo lo que se aparta de sus ideas e intenciones, y la empatía brilla por su ausencia en prácticamente todo lo que deciden.
La Democracia, como la hemos conocido en el último siglo, está en peligro. Debemos defenderla y protegerla, señalando todo aquello que se aparta de la esencia del ser humano, como animal racional que se presupone que somos.
Antonio Puparelli
Informático y Activista Social
Enlaces:
https://www.nytimes.com/interactive/2025/03/07/us/trump-federal-agencies-websites-words-dei.html