Como de costumbre, el Concierto de Año Nuevo de Viena, rodeado de la pompa y los brillos barrocos del Wiener Staatsoper, acaba entre aplausos con la Marcha Radetzky, vieja sintonia muy popular en los tiempos del Imperio Austrohungaro. La vieja Europa parece que no se da cuenta que esos tiempos ya no volveran.
Nuestro rincón europeo, una pequeña península de la gran plataforma asiática, ha desempeñado durante los tres últimos siglos un papel determinante en el mundo, a pesar de desangrarnos brutalmente en guerras locales; ahora ya todo cambió (como decía la canción). Nuestra Europa, fruto imperfecto del Mediterráneo y los hielos nórdicos, dónde hablamos dialectos del latín y de las estepas gélidas, que rezamos a un dios arameo…, nuestra Europa mira confusa a EE.UU., China, Rusia e Israel, espantada ante las amenazas de Trump, Musk, Putin y los rabinos coléricos israelís; entre vehículos eléctricos chinos ,el Shangri-La de Mar-a-Lago y el boceto de un nuevo mapa mundial.
Volvemos al escenario de hace un siglo: Unos EEUU codisiosos y sin valores, como aquellos Teddy Roosevelt, Rockefeller, J.P. Morgan o W.R.Hearst, comprando Alaska, invadiendo Cuba y Filipinas o enviando a los indios a las reservas (los que aún seguían vivos). No por casualidad el Presidente Trump utiliza el mismo eslogán que acuñara el Presidente Wilson en 1914: “America First”, siendo también el nombre de la asociación a la que pertenecía Charles Lindbergh, gran aviador y filo-nazi. Los EE.UU. del New Deal , de esos jóvenes inmigrantes de segunda generación que volvieron a Europa en 1943, en nombre de la democrácia, a echar a los psicópatas nazis y fascistas, esos norteamericanos desaparecieron, vuelven los magnates y los usureros, que tan bien caracterizaron su siglo XIX.
Las pataletas beligerantes por el Canal de Panamá o las brabuconadas sobre Groenlandia (ojo, Unión Europea), recuperan esos espíritus y reflejan las pulsiones del estadounidense medio, en este sentido Trump es más interprete y actor que líder enloquecido. Volvemos a la importancia de los imaginarios en política, las creencias y la mágia, esto es, el nacionalismo, importan más que la gestión. Si me permiten la inmodestia, les recomiendo mi libro “Días de otoño” ( Ed.Hildy S.L. 2019 ), sobre uno de los capítulos más ridículos del nacionalismo cantonal como fue el “Procés”.
Ya no es “Bienvenido Mr.Marshal”, ahora el bienvenido Mr.Trump te deja sin cartera. Y no olvidemos, tenemos Trump para rato, no pensemos que se va a ir en cuatro años, posiblemente intente repetir mandato, logicamente cambiando la Constitución Norteamericana. Tenemos una apuesta en un buen bar de tapas con respecto a ese tema, ojalá la perdamos.
Para Europa ya se acabaron los días de vino y rosas: El petroleo y el gas no costaran cuatro “chavos”, los norteamericanos no nos pagaran la defensa y los chinos no nos fabricaran nuestro productos con condiciones laborales abusivas. Ahora nos debatimos entre los sonetos hippies de algunas izquierdas autistas y el supremacismo racial faccioso, que tantas veces nos ha llevado al abismo. El seudo ideario “Woke” (no estamos muy seguros de llamarlo así…) ha minado la ideologia de izquierdas, a estos progresista empoderados no los vemos hablar de sanidad y educación públicas, salarios, seguridad laboral o pensiones…
A los ciudadanos nos protegen las Instituciones y las leyes, el Estado y los derechos, sobre todo a los más humildes. Mucho ojo con los que ante la desesperación argumentan: “El pueblo salva al pueblo”, las demagogias justifican las dictaduras. Por ello los europeos debemos seguir ese marco que se llama Estado de derecho, de derechos humanos y de justícia social internacional. Logicamente dentro de una industria potenciada, soberana y una tecnologia que invierta en la ciencia pura, limitando a algunas empresas multinacionales sus lucrativos y poco éticos excesos tecnológicos. También habrá que mirar a Africa y a América como iguales, sobre todo en los negocios, en ese sentido el acuerdo con el bloque de Mercosur es un paso positivo. Cuidando nuestra defensa, naturalmente, con dos guerras al lado de casa y la amenaza mafioso-religiosa del Yihadismo, nos parece pertinente hablar de presupuesto de defensa.
Creemos que desde Europa la mejor bienevenida al Sr.Trump debe ser impedir con el músculo político que este constipado faccioso se convierta en pandemia.
Nicolás Cortés Rojano