Los hombres no somos corresponsables con los valores y las actividades que son mayormente ejercidas por las mujeres
El pasado mes de diciembre asistí al “Festivalet de Nadal” de Danza de Arbúcies (Girona). Con una asistencia de público importante, unas 400 personas, llenando el local, agotadas las entradas con semanas de antelación.
Unas 80 artistas danzantes, de la Escola de Dansa de Arbúcies, desde 4 hasta 40 y pico años. Era una muestra de las coreografías que aprenden y practican en la Escola. La recaudación tiene fines benéficos.
Lo que me sorprendió fue que, como bien he escrito (Unas 80 artistas), no había ni un solo hombre, todo mujeres.
Mientras las mujeres, con su esfuerzo, van entrando más y más en actividades habitual y tradicionalmente de hombres, los hombres parece que no entramos en el mundo habitual y tradicionalmente de mujeres.
Recientemente se ha publicado el dato de la presencia femenina en el trabajo de la construcción. Más de un 10% de las personas en este sector tan masculino son mujeres, subiendo año tras año su participación. Puede parecer poco, pero hasta hace pocos años la presencia femenina en la construcción era inexistente. En otras muchas actividades masculinas (bomberos, seguridad, industria pesada, transporte, etc) ha aumentado significativamente su presencia.
Si vamos a un museo, lo más probable es que haya una mayoría de mujeres. Lo mismo si vamos a alguna salida o actividad cultural, conferencias, exposiciones, viajes organizados, cursos y actividades en centros sociales. Siempre con mayoría abundante femenina.
En los deportes tradicionalmente masculinos, futbol, baloncesto y tantos otros, la presencia de equipos femeninos está aumentando mucho, llegando a codearse con los hombres en asistencia e interés social.
En cambio, en todo lo “tradicionalmente” femenino, no ha aumentado el “interés” y presencia masculina.
Nos podemos preguntar cuáles pueden ser los motivos de este “desequilibrio”. Creo que debemos aludir a la expresión: “tradicionalmente”. Los hombres parece que estamos muy bien en la zona de “confort”, no nos interesamos apenas por lo que ocurre en el mundo “tradicionalmente” femenino.
Parece que, incluso, seamos renuentes a la hora de abrir puertas que posibiliten la integración de mujeres en ese mundo tradicionalmente masculino. Se percibe cierto tufo de misoginia. Han de imponerse por ley cuotas de participación, desde la política hasta los órganos de dirección de empresas, para que haya avances en este sentido.
A las mujeres no se les obliga a ir aumentando su presencia y participación en actividades eminentemente masculinas, lo hacen porque tienen interés y piensan que pueden contribuir a mejorar el valor que aportamos, tanto económica como socialmente. Suelen llegar mejor preparadas, con más formación y disposición para entrar. Y al haberse desarrollado leyes y normas que ayudan a favorecer la incorporación femenina, las mujeres se van integrando y preparando para ello.
A pesar de los prejuicios, va aumentando más y más su presencia, también a pesar de las ocupaciones adicionales que muchas mujeres llevan adelante y que muchas veces los hombres no somos proclives a realizar. Por ejemplo, se ha tenido que obligar, por ley, a los hombres que hagan efectivas las semanas de cuidado de los recién nacidos. Antes, cuando se podía optar por hacerlo uno u otro progenitor/a, eran mayoría las mujeres que terminaban ocupándose esas semanas en teoría asignadas al hombre.
También en la escuela, en estas actividades como la danza, y tantas otras, consideradas extraescolares, parece que no se fomenta o posibilita, e incluso no está bien visto, que niños participen con las niñas.
Posiblemente sea en la escuela donde se pueda fomentar la integración de hombres y mujeres en todo tipo de actividades. Aunque también debe ser parte de la educación y guía de los progenitores el fomentar esta inclusión en las actividades donde “tradicionalmente” hay mayoría significativa de mujeres.

Antonio Puparelli
Informàtic i activista social
@apuparelli
