En sus Memorias de estío, el político más brillante e intelectual que ha dado la derecha española, Miguel Herrero de Miñón, se despedía de comité ejecutivo de su partido con estas palabras, corría el año de 1993. “No me creo dotado para el silencio parlamentario, ni para la algarada parlamentaria, sino para la activa participación en el debate positivo y constructivo. No deseo en consecuencia repetir la experiencia de la pasada legislatura y creo que mi mejor contribución a la vida pública puede hacerse al margen de la confrontación que me parece excesiva”. Treinta años después la sensación de incertidumbre está muy extendida. Desde luego hay preocupación de que las élites del país no están a la altura de las circunstancias, incapaces de construir un discurso político creíble sobre el presente y el futuro.
J. Ramón Martínez
Periodista

