Ya sabemos que los conflictos forman parte de la historia humana. ¿Qué pueblo no los ha tenido con sus vecinos? El conflicto empieza, casi, en la misma familia. En nuestro país, quizás sea el tema de la organización territorial, junto con el de las lenguas, los que más encono generan. Aunque uno no pierde la esperanza en que el gerracivilismo entre vecinos y hermanos sea posible superarlo. El testamento de Bernardo Estornés, un nacionalista navarro de los de antes, y gran promotor de la cultura vasca, es un ejemplo de ello. Estornés tenía la convicción de que había un nudo georgiano original, con muchas afrentas históricas a resolver, sin embargo no albergaba rencores personales, y bastaría, afirmaba, con arreglar lo del contencioso desde los afectos y amistad para que vascos y españoles pudieran vivir fraternalmente como lo había hecho él en su “bien amada” Zaragoza.
J. Ramón Martínez
Periodista

