Site icon Còrtum

Europa ante la mutación de los principios de la ilustración

Durante más de dos siglos Europa creyó habitar una historia orientada por la razón y el progreso. La Ilustración no fue solo un momento fundacional, sino un hilo que se fue reformulando en distintos regímenes políticos que, aun contradictorios, compartían la convicción de que la sociedad podía organizarse racionalmente.

El bonapartismo fue la primera gran torsión: orden, centralización y modernización autoritaria bajo retórica ilustrada. Weimar representó otra reformulación: la razón institucional llevada al extremo jurídico, incapaz de contener las fuerzas emocionales y sociales que terminaron destruyéndola desde dentro. Tras la guerra, el Estado del bienestar encarnó la Ilustración social: el progreso ya no como libertad abstracta sino como derechos materiales garantizados por el Estado.

El neoliberalismo supuso un nuevo desplazamiento: mantuvo la fe ilustrada en la racionalidad, pero trasladándola del Estado al mercado. Fue el momento en que la política empezó a convivir con la posmodernidad: relativización de verdades, fragmentación cultural, pérdida de grandes relatos. Aun así, subsistía una secuencia histórica: cada etapa seguía creyendo —aunque fuera críticamente— en una idea de progreso.

Lo que hoy emerge en Europa rompe esa continuidad. El iliberalismo y las autocracias electorales no son una evolución del paradigma ilustrado, sino su impugnación frontal. Ya no discuten cómo avanzar, sino la propia noción de avance. Desprecian la mediación institucional, erosionan el pluralismo y convierten la verdad en un instrumento de poder. No reformulan la Ilustración: la jubilan por decreto simbólico.

Es, en términos históricos, un auténtico edadismo ideológico: declarar obsoleto el ciclo de la modernidad democrática y sustituirlo por liderazgos que operan en clave emocional, tribal y tecnológica. En ese gesto no solo se cuestiona la política liberal y se niega la idea misma de una historia orientada hacia formas más racionales de organización social.

Europa sigue reaccionando como si enfrentara desviaciones coyunturales, cuando en realidad asiste a la ruptura de una secuencia de tres siglos. El problema ya no es político en sentido clásico sino es civilizatorio. Por primera vez desde el XVIII, el continente convive con proyectos de poder que no prometen un futuro mejor, sino que lanzan un ataque radical contra el propio ciclo histórico en el que el progreso funcionaba como principio organizador, como horizonte normativo y como herramienta para construir sociedades más justas, igualitarias y democráticas.

Héctor Santcovsky

Exit mobile version