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PANFLETO CÍVICO

“Está bien creer, pero no mucho y sin molestar”. Julio Caro Baroja

Siempre recordaré esta cita del sobrino de Pío Baroja que implica la necesidad de duda, de escepticismo y de distancia ante las creencias políticas, religiosas o del tipo que sea. Igualmente, me venía a la memoria la lectura de Los Baroja, publicado en 1972, que explicaba la huida a Francia del escritor perseguido; en este caso, tanto por la derecha como por la izquierda. Aquella historia me hizo cambiar la idea taxativa que tenía sobre nuestra guerra civil dividida en dos bandos irreconciliables, donde en uno se situaban los buenos y, en la otra trinchera, los malos.

Pues bien, con esta idea que forma parte de mi identidad política, comienzo una colaboración con los amigos catalanes del Club Còrtum. Aunque atrapado por otros menesteres, era difícil oponerse, y más viniendo de Catalunya, una tierra con la que uno tiene tantos vínculos afectivos y culturales. Y ahora, si cabe, con más motivos. Vivimos en un tiempo de confusión y peligro, como diría el gran amigo Josep Burgaya, o de eclipse de la razón, en palabras de Manuel Cruz, un verdadero constructor de puentes. Y  es que estamos más necesitados que nunca de fortalecer los valores democráticos y convivenciales.

A partir de la próxima semana, por tanto, empezaré mis publicaciones con un pequeño texto, casi un breviario, un opúsculo, que he titulado Panfleto Cívico. Una apuesta por asentar el argumentario democrático, más allá de los descalificativos, de la furia y la ira tan al uso. Hoy debe abrirse paso una nueva cultura política, una nueva ciudadanía, un cambio de software para la España del siglo XXI.

 Y es que todos estamos necesitados de un reset en lo individual y también en lo colectivo. Hay que dejar atrás los discursos guerracivilistas del pasado que viven de tensionar al máximo, de buscar culpables, de antagonismos irreconciliables. Es la batalla ideológica del siglo XXI, que usa todos los recursos necesarios, visuales y semánticos, para alcanzar victorias propagandísticas. De ahí que la lucha por el relato y el storytelling tengan tanta importancia.

Panfleto cívico quiere comprender, antes que nada, el mundo que le rodea, más allá de las batallas por el poder, y sobre todo sin estigmatizar o criminalizar a las personas, algo que se ha normalizado en exceso. Es raro hoy no encontrarse con un artículo donde el titular ya señala quién es el malo. En consecuencia, será éste un viaje desde la atalaya mediática de un observador que busca con curiosidad entender las complejidades actuales, y, principalmente, con voluntad democrática.

Panfleto cívico es también la huella de su autor, una generación que vivió el paso del franquismo a la democracia en un contexto de fervores revolucionarios e idealismos sin límite. Y quizás como consecuencia de haber vivido de cerca lo que fue el autoritarismo hispano sea mayor nuestro escepticismo y moderación. Una vuelta de nuevo a la cita de J. C. B: “Está bien creer, no mucho, y sin molestar”.

La realidad es que en este largo camino, la sociedad española ha cambiado a pasos acelerados, y el país se ha ido modernizando, aunque no lo suficiente, ni todo lo deseable. A partir del 93, nuevas élites políticas y económicas, que ya nada tenían que ver con aquel espíritu de la Transición, van a llegar con hambre de gloria y poder. La ideología del triunfo, la moral del éxito y el narcisismo en estado puro se institucionalizaron. Todo parece indicar que fue en aquellos años cuando se incubaron las burbujas, y nuestros déficits democráticos del presente.

El caso es que, más de treinta años después, la sensación es que la evolución democrática se ha detenido y no se tiene claro por dónde avanzar, aunque todo puede apuntar a un tiempo de reformas y de regeneración política. “Los jóvenes salieron a la calle  y súbitamente todos los partidos envejecieron”, expresaba El Roto en una de sus viñetas humorísticas.

Por último, Panfleto Cívico pretende ser un argumentario abierto, sin certezas ni verdades absolutas. El objetivo de fondo es ensanchar los espacios de diálogo y colaboración, así como articular una idea de moderación dentro de una mirada crítica, con las dificultades de hacerlo en una sociedad cada vez con mayores desigualdades y en medio de una praxis de explotación del otro desde la política, la cultura y la economía. Es el mercado, dirían desde ese capitalismo salvaje que nos inunda.

José Ramón Martínez

Periodista.

@JoseRam54820384

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