El origen del dilema de la OTAN

Putin calificó al gobierno ucraniano como una “banda de drogadictos y neonazis”. Todos creíamos que conocíamos a Putin tras 22 años, pero hemos visto que no. Hemos vuelto a 1939 en Europa. Según el mandatario ruso, las repúblicas de Donbás solicitaron ayuda y esto legitima su decisión de realizar una operación militar especial.

La resistencia está siendo más importante que la que pensaban los países europeos y hasta el momento Rusia solo ha empleado el 30% de los efectivos que tenía bordeando Ucrania.

Mientras la guerra arrolla al pueblo ucraniano y amenaza de forma directa a la OTAN de “repercusiones nunca vistas” en caso de intervenir en el conflicto iniciado ya en 2014, pero que ha estallado realmente ahora, febrero de 2022, tenemos que recordar qué es la OTAN y los protocolos inamovibles en caso de legítima defensa de un ataque.

La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) tiene sus orígenes en la firma del Tratado de Washington de 1949, mediante el cual diez países de ambos lados del Atlántico (Bélgica, Canadá, Dinamarca, Estados Unidos, Francia, Islandia, Italia, Luxemburgo, Noruega, Países Bajos, Portugal y Reino Unido) se comprometieron a defenderse mutuamente en caso de agresión armada contra cualquiera de ellos.

Así nació una alianza que vinculaba la defensa de América del Norte con un conjunto de países de Europa Occidental sobre la base del artículo 51 (Capítulo VII) de la Carta de las Naciones Unidas, que reconoce el derecho de legítima defensa inminente individual o colectiva en caso de ataque armado.

Sin duda, la evolución de la situación internacional ha determinado la continua adaptación de la Alianza Atlántica a los cambios en su entorno estratégico. El fin de la Guerra Fría en 1989 supuso, ante el desvanecimiento de una amenaza de invasión militar, el establecimiento de nuevas formas de cooperación política y militar para tratar los conflictos regionales y preservar la paz y la estabilidad.

España entró en la OTAN el 30 de mayo de 1982, pero el 31 de enero de 1986 nuestro país realizó un referéndum a la soberanía nacional para decidir la permanencia de España en la OTAN. Debemos partir del hecho de que el referéndum celebrado lo fue al amparo del art. 92 de la Constitución Española, tratándose de un acto meramente consultivo y como tal no jurídicamente vinculante. Este referéndum convocado por el entonces Presidente Don Felipe González el 12 de marzo de 1986 por el gobierno del PSOE obtuvo una participación de casi un 60%, y de esta forma se ganó la continuidad de España en dicha organización con un 57% de los votos a favor.

Volviendo a la actualidad, cabe recordar que hasta el día de hoy Ucrania es socio de la OTAN, pero no es miembro de la organización y esta es la principal clave de la crisis que estamos sufriendo internacionalmente.

Todos confiábamos estas últimas semanas que la vía diplomática sería suficiente y en ningún caso pensábamos que Rusia atacaría de esta brutal forma al pueblo ucraniano y tendría bajo amenaza a toda la OTAN y socios de ella.

Es importante recordar que, si cualquier país miembro de la OTAN es atacado con un crimen de guerra, a diferencia de Ucrania que es socio pero no miembro, se activaría automáticamente el artículo 5 de la OTAN, según el cual califica que un ataque contra un país de la Alianza equivale a un ataque contra todos ellos, por lo que es obligatorio responder.

Es decir, en caso de que esto sucediera, nos estaríamos enfrentando prácticamente seguro a una III Guerra Mundial.

Bajo el miedo de que Rusia ataque algún miembro de la OTAN y por lo tanto suceda lo anteriormente mencionado por decreto ley, y con la esperanza de la vía diplomática y mediación de China y su mandatario Xi Jinping, tenemos el gran dilema que divide toda la Alianza; ¿Debemos ayudar a Ucrania como si fuera cualquier otro miembro de la OTAN y atacar como tal o mantenernos en sanciones económicas contra Putin y sus aliados como el anuncio de la exclusión de bancos rusos del sistema SWIFT y la paralización de activos del banco central por EEUU y la Unión Europea? Eso sumado a sanciones sociales como son de momento la eliminación ipso facto de Rusia en Eurovisión, de la final de la Champions League que tenía que celebrarse en la ciudad rusa de San Petersburgo o la también suspensión del Gran Premio de Fórmula I de Rusia.

¿El lema “no a la guerra” es compatible con la ayuda al pueblo ucraniano teniendo en cuenta que ya está en guerra? ¿Esperamos a ser atacados la OTAN para obligatoriamente atacar? ¿Está en el fondo la OTAN esperando la rendición o la invasión de Rusia a Ucrania? Y por encima de todas esas preguntas, la más egoísta pero no por ello menos legítima… ¿Vale la pena enfrentarse a un monstruo mundial como es Rusia cuyo presidente es sanguinario, sin escrúpulos y con armas nucleares que pueden hacer que el Covid-19 quede como una anécdota?

Si la respuesta es no; ¿Somos unos hipócritas los ciudadanos miembros de la OTAN?

Es cuestión de tiempo tener la respuesta de estas preguntas y el destino realmente no depende de nosotros, pero la ética personal y la hipocresía de la ciudadanía está en debate mientras el miedo cada hora que pasa aumenta más.

Cesc Núñez

Assessor especialista en Protocol Institucional

@cescgalietti

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