Del “caserío”, ¡me fío!

Optimista irredenta, aunque descreída, siempre he pensado que el dicho “en el pecado lleva la penitencia” es una verdad incuestionable. Las fechorías se pagan en este mundo, seguro. A veces la factura llega tarde, como a Pujol, por ejemplo. Pero llega. La naturaleza tiene unos mecanismos inextricables para pasar cuentas y restaurar el equilibrio en la vida de los simples mortales, que somos todos y todas. Esta teoría, que tranquiliza el ánimo y calma el espíritu en estos tiempos de la cólera, se nos ha manifestado oportuna y meridianamente en el Congreso de los Diputados.

¿Cómo se explica sino que el dedo de un diputado se moviera tres veces en contra de su voluntad? Fue, a buen seguro, una fuerza superior que se sustanció en la Cámara, nunca mejor dicho, en el momento justo. Esta vez actuó con una inmediatez pasmosa, como el corrector del Word, dándole a beber al PP de su propia medicina, evitando que la reforma laboral se fuera al traste, y salvando a Esquerra y al PNV del oprobio de ver fracasar, por su culpa, un acuerdo amplio con patronal y sindicatos incluidos. Vamos, ¡un auténtico tres por uno!

De la misma forma que ha arraigado el concepto “tamayazo” en nuestro vocabulario, que no sé por qué me viene ahora a la cabeza, propongo desde ya que llamemos “caserío” a este fenómeno justiciero y reparador de entuertos. Porqué yo, del “caserío”, ¡me fío!.

Rosa Boladeras

Periodista

http://www.rosaboladeras.net/

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