Rosina Heikel

“Sólo un trato y una educación similares durante la infancia garantizaran oportunidades similares en el futuro”

Como en muchos otros lugares del mundo, o, más concretamente de Europa, la imagen de una mujer en determinados oficios todavía nos llama la atención, cuando sería lo normal aceptar cualquier oficio que se ha considerado tradicionalmente masculino desarrollado por una mujer.

Pero en el siglo XIX el papel de la mujer era secundario, su formación y educación solamente tenía una dirección: matrimonio y maternidad. Un estatus pasivo, un segundo plano, no considerando tampoco que esa labor doméstica era la columna vertebral de la vida familiar.

Y tampoco Finlandia en aquel momento es el país que ahora conocemos, no era un centro económico ni cultural con peso en Europa, otros países se llevaban esa categoría, aunque en ellos la situación de las féminas tampoco era maravillosa.

Emma Rosina Heikel nace en el año 1842 y fallece en 1929. Sus padres fueron Carl Johan Heikel (1786-1850) y su madre Christina Elisabet Dobbin (1813-1896). Después del nacimiento de la hija, el padre tuvo tiempo de trabajar como alcalde en Kokkola y como alcalde y llama en Oulu. El mayor de los hijos de la familia, John Edvard (1834-1917), fue asesor del Tribunal de Apelación de Vaasa, y el más joven, Emil (1837-1872), se graduó con una licenciatura en medicina antes de su muerte prematura.

Rosina Heikel asistió a la escuela en Pietarsaari, Vaasa y Helsinki, así como al Porvoo Women’s College. Ya en la escuela su sueño era una igual en la educación de los hijos, indistintamente del sexo, favoreciendo su desarrollo personal y potenciando sus aspiraciones vocacionales; en ese momento ser médica era un sueño, pero era su sueño que esperaba, a pesar de las dificultades, se convirtiera en realidad.

Tras la muerte de su padre en 1850, Rosina tuvo que dejar sus estudios, con 17 años, por motivos económicos. Este hecho la amargó, ya que, a sus hermanos, Alfred y Emil, se les permitió continuar sus estudios de medicina a pesar de tener los mismos problemas.

Posteriormente, Rosina viajó a Estocolmo, allí realizó cursos de gimnasia con Hjalmar Ling, se graduó como fisioterapeuta y asistió a conferencias de anatomía en la universidad. Un par de años después, completó un curso de partería en el Hospital General de Helsinki.  A partir de 1867, Rosina trabajó en la escuela de maternidad y obstetricia del Hospital General de Helsinki y completó allí un curso de obstetricia. Pero en ese momento la profesión partera no se consideraba adecuada para una mujer, y fue su hermano, estudiante de medicina, el que la animó a realizar dichos estudios.

No era fácil en Finlandia, y por ello Rosina viajó en el otoño de 1869 a Estocolmo, era un primer paso en su formación, y allí tomó clases particulares de ciencias naturales. Regresó a Helsinki en 1870 para comenzar sus estudios de medicina. Las mujeres todavía no tenían el derecho general de estudiar en la universidad, pero a partir de 1871, las mujeres que deseaban ejercer la profesión de médica tenían derecho a recibir educación en la escuela de medicina, pero sin recibir titulación oficial.

En el otoño de 1870, Rosina fue admitida para seguir las conferencias de fisiología en la Universidad de Helsinki. Un año más tarde, con un permiso especial del Emperador, se le permitió estudiar medicina sin estar oficialmente inscrita en la Universidad. Completó el grado de Licenciada en Medicina en 1871 y se le concedió un permiso restringido para practicar la medicina. La restricción se refería a sus pacientes: solo se le permitía tratar a mujeres y niños. Rosina nunca obtuvo permiso sin restricciones para practicar la medicina.

Su curiosidad era insaciable, y se apuntó a todas las conferencias médicas en la universidad y participando en los ejercicios prácticos necesarios para obtener una licenciatura. En eses momento trabajar junto a hombres en el Departamento de Anatomía era lo más difícil para una mujer. En 1873 Rosina aprobó los exámenes requeridos para la licenciatura en medicina de forma privada. Completó los exámenes requeridos para obtener la licenciatura en medicina en 1878, año en el que graduó como la primera médica en Finlandia y de los países nórdicos. Rosina recibió decenas de felicitaciones de toda Finlandia, especialmente de mujeres. Ellas alababan su actitud como una mujer que abría horizontes: “Felicitaciones a usted, que fue la primera mujer finlandesa que tuvo el coraje, la fuerza y la resistencia para crear un nuevo tipo de carrera”.

La graduación de la primera doctora se celebró en Vaasa y Helsinki en 1878, cuando el ministro de Estado von Willebrandt entregó los 2.000 FIM donados por la señorita Adelaïde Ehrnrooth para establecer un fondo de becas que lleva el nombre de Rosina Heikel. Pronto, la cantidad se quintuplicó y fueron las primeras becas para estudiantes de medicina.

El problema era que no había candidatas calificadas. Después de cinco años, la propia Rosina obtuvo el derecho a solicitar una beca para un viaje al extranjero a Suecia y Dinamarca durante tres meses. También recibió un derecho limitado a ejercer la medicina, es decir, permiso para tratar solo a mujeres y niños. Todas las mujeres solteras requerían una licencia separada para ejercer la medicina hasta 1914 y casadas hasta 1926.

Al igual que sus colegas médicos masculinos, Rosina completó sus estudios en el extranjero. Estudió en San Petersburgo, en Dresde en el año 1880 con el profesor Winkel, en Estocolmo con el profesor Abelin, en Estrasburgo con el profesor Freund y en Copenhague con el profesor Howitz.

En 1881, recibió una beca de viaje para especializarse en ginecología o ginecología y pediatría. Sin embargo, le negaron la admisión a las clínicas de Berlín como estudiante.

Rosina también asistió a congresos científicos y realizó viajes al extranjero en 1893, 1894 y 1897. Por iniciativa del profesor J. Pippingskiöld, Rosina, de 42 años, fue invitada a convertirse en miembro de la Läkaresällskapet (Asociación Médica Finlandesa) finlandesa en 1884.

Participó en múltiples actividades sociales. Fue fundadora de Friends of the Blind en 1887. También fue miembro adjunto de la junta de la Asociación para la Asistencia a los Enfermos de las Extremidades, fundada en 1889, de 1890 a 1893. En 1887, Heikel cofundó la Asociación para la Libertad Religiosa y la Tolerancia, pero este proyecto no se materializó debido a la oposición de los círculos eclesiásticos.

Pero hay otra faceta de Rosina que nos interesa comentar: las mujeres. De esta manera, participó en las actividades de la Unión de Mujeres y remarcó una posición firme para mejorar la situación de las mismas, comenzando por el nivel bajo de las escuelas para niñas. En 1892 hizo una presentación sobre el tema de la mujer y presentó un programa de tres puntos.

Primero, exigió el mismo nivel de escolaridad para las mujeres que para los hombres y apoyó el principio de la coeducación. Solo un trato y una educación similares durante la infancia garantizaran oportunidades similares en el futuro, dijo. Argumentando que solo a través del poder del conocimiento puede una mujer lograr la libertad espiritual y participar en el trabajo cultural de la humanidad.

En segundo lugar, pensó que todas las carreras debían abrirse a ambos sexos. El miedo a que las mujeres no cumplieran con sus deberes como madres y esposas le era ajeno. La mujer tenía que tener la oportunidad de crear su propia carrera y la sociedad no tenía por qué rechazar el trabajo de la mujer.

El tercer requisito siguió a los dos anteriores. Cuando las mujeres tienen derecho al mismo nivel de educación que los hombres y cuando todas las carreras están abiertas para ellas, esto da como resultado la igualdad de remuneración. La cooperación de las mujeres avanzaría. Estaba convencida de que las generaciones futuras recogerían la cosecha de las semillas sembradas por sus contemporáneos y puso sus esperanzas en sus seguidores, Ina Rosquist y Karolina Eskelin. En particular, esperaba que las pacientes aprendieran a confiar cada vez más en las ginecólogas.

Gracias a su iniciativa se fundó en 1988 la Asociación Concordia (Konkordia-liitto) 1888 con el objetivo de financiar los estudios de la mujer. Por ejemplo, en 1912 distribuyó 14 becas.

En 1888 habló en una reunión de la Sociedad Médica Finlandesa contra la prostitución legalizada, y en 1892 dirigió la Naisasialiitto Unioni para promover la igualdad en oportunidades educativas para niñas y niños.

Rosina sintió que el tiempo pasaba demasiado rápido. En su informe autobiográfico Min sista strid 1906, señaló lo difícil que fue para ella aceptar el hecho de que ya no podía seguir los últimos avances médicos y recibir pacientes debido a sus problemas de audición y memoria.

Encontró una nueva área de actividad al servicio de los Amigos de los Ciegos (Föreningen De Blindas Vänner). Además, fue miembro suplente de la junta directiva de la Asociación para la Asistencia a los Enfermos, fundada en 1889.

En 1895 redactó su última voluntad e instrucciones para su funeral. Esperaba que su cuerpo fuera quemado y las cenizas esparcidas por el suelo sin ningún monumento. También esperaba que no se anunciara su funeral: “Los pocos que me han apoyado pueden despedirse como yo quiera”. En particular, subrayando, prohibió el discurso del sacerdote en la tumba.

Rosina murió el 13 de diciembre de 1929 en Helsinki, sin familia sobreviviente.

Hoy en día miramos hacia Finlandia como un país económicamente desarrollado y donde las diferencias por sexo son pequeñas, o eso nos parece. Pero su historia es compleja, pegada a una Rusia expansionista y anclada en el pasado, y, posteriormente, a una URSS controladora.  Como país no lo ha tenido fácil, como no lo tuvo Rosina, mujer, inteligente, médica, siempre al final de la lista por ser mujer, y siempre preocupada por las mujeres y la salud de los más débiles.

No deseaba reconocimiento, como científica y práctica los hechos eran lo fundamental, los resultados, aquellos que la apreciaron las podían despedir en la intimidad y recordar, aquellos que la ignoraron y despreciaron podían pasar de ella, como habían hecho hasta ese momento.  La vida no era el recuerdo, era el momento y la acción.

Fue una pionera en muchas cosas, un baluarte en los países nórdicos, una mujer que abrió muchas puertas a muchas mujeres posteriores a ella. 

La educación era la primera puerta hacia la igualdad, luego el poder acceder en las mismas condiciones salariales que sus compañeros hombres al mismo puesto de trabajo.

La vida era algo que estaba allí, y había que aprovecharla.

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