Adela Zamudio

Una mujer superior en elecciones no vota y vota el pillo peor (permitidme que me asombre), con sólo saber firmar puede votar el idiota porque es un hombre.

En un mundo masculino una mujer, una chica, una niña, tenía un destino ya determinado desde su nacimiento: silencio y obediencia.  Solamente podía aspirar al matrimonio, que era el objetivo y fin de su vida.  Nunca alzar la voz ni protestar.  Aceptar resignada que era eso, una mujer.

Paz Juana Plácida Adela Rafaela Zamudio Ribero, o sencillamente Adela Zamudio, nació en 1854 en Cochabamba (Bolivia), y falleció 73 años después, en 1928, en la misma localidad.

Su padre era Adolfo Zamudio Echeverria, ingeniero de minas, y su madre, Modesta Cesárea Rivero Barrón, hija de un propietario de minas. Tuvo tres hermanos Mauro, Amalia y Máximo, ella era la segunda, después de Arturo. Ella era, por lo tanto, la mayor de las niñas.

Su educación comenzó en un centro católico, el Beaterío de San Alberto, no pasó de tercero de primaria, ya que era la educación y formación máxima que se impartía a las mujeres en ese momento en el país.

Pero sus padres intentaron que tuviera una educación de alto nivel, superior al que las chicas de su época tenían, por eso contrataron a una maestra inglesa, mis Elisabeth Gové, que llegó desde Londres únicamente para enseñarle la lengua inglesa, de esta manera llegó a poder leer perfectamente en inglés e incluso poder hacer alguna traducción.

Como miembro de una familia acomodada goza de una buena vida, una vida tranquila y en cierto modo bucólica.  Pero pronto despierta su curiosidad el entorno, su necesidad de conocer y expresarse, su interés por el mundo que la rodea, y, en especial, su rebeldía y queja porque una mujer no pueda decidir, votar, prepararse.

De hecho, todo ello le provoca una sensación de soledad, y con este adjetivo, Soledad, firmará muchos escritos.  Algunos autores comentan que tal vez hace referencia a su soledad física, al no casarse, se sabe que tuvo un único noviazgo a la edad de veinte años, pero éste terminó en ruptura y este hecho fue el que le hizo rechazar la idea del matrimonio; otros autores piensan que con ello destaca la soledad que siente como persona capaz pero incapaz ante la ley que la posterga a la última fila por ser mujer: soledad.

Así, y a la temprana edad de quince años, publica su primer poema, Dos Rosas, firmado con el pseudónimo de “Soledad”. Editando en 1887 su primer libro Ensayos Poéticos que tuvo buena acogida por la crítica.

Su familia sufrirá de problemas financieros, a partir de este momento vivirá siempre con su familia y con múltiples problemas económicos.

A principios del siglo XIX comienza a trabajar como profesora en la escuela en la que había estudiado, finalmente el 1905 funda el Liceo de Señoritas. Adela fundamentalmente enseña en la escuela temas de letras y escritura, pero también dibujo y pintura, ya que solía acompañar sus poemas de dibujos y pinturas hechos por ella. Esto le llevará a abrir en su casa una academia de dibujo y pintura.

Compaginando este trabajo con la escritura, especialmente artículos para El Heraldo de Cochabamba, que era de ideología progresista, criticando la enseñanza religiosa (de hecho, abogaba por su supresión), y también defendiendo a las mujeres, poniendo en tela de juicio su situación y hablando claramente de discriminación.

Esta situación del entorno, de ese pequeño mundo masculino en el que ella era una “mujer soltera”, con una serie de prejuicios, de discriminaciones, provocaron en ella una gran indignación que manifestó en toda su obra, tanto poesías, como ensayos, novelas, etc.  Siempre reivindicando a las mujeres en medio de una sociedad machista, cerrada ideas de cambio y de igualdad. Exponiéndolo por escrito en algunos poemas de manera clara y patente, como el titulado “Nacer Hombre”, que es toda una declaración de protesta ante la sociedad desigual e injusta en la que vive:

“NACER HOMBRE”

Cuánto trabajo ella pasa por corregir la torpeza de su esposo,
y en la casa, (permitidme que me asombre)
tan inepto como fatuo,
sigue él siendo la cabeza,
porque es hombre.

Si algunos versos escriben
- ¿de alguno esos versos son que ella sólo los suscribe?;
(permitidme que me asombre)
Si ese alguno no es poeta ¿por qué tal suposición?
-porque es hombre.

Una mujer superior en elecciones no vota,
y vota el pillo peor;
(permitidme que me asombre)
con sólo saber firmar puede votar un idiota,
porque es hombre.

Él se abate y bebe o juega en un revés de la suerte;
ella sufre, lucha y ruega;
ella se llama ¿ser débil?,
y él se apellida ¿ser fuerte? porque es hombre.

Ella debe perdonar si su esposo le es infiel;
mas, él se puede vengar; (permitidme que me asombre)
en un caso semejante hasta puede matar él,
porque es hombre.

¡oh, mortal!
¡oh mortal privilegiado,
que de perfecto y cabal, gozas seguro renombre!
para ello ¿qué te ha bastado?
Nacer hombre.

Adela es partidaria de una educación para las mujeres, pero laica, con una serie de programas a nivel nacional, también haciendo una serie de propuestas “demasiado avanzadas para su época”, tales como el matrimonio civil, el divorcio y la separación iglesia-estado.   Llevará todas estas ideas a su Liceo, y también las plasmará en los artículos que va escribiendo.  Todo ello le llevará a una polémica con los sectores más reaccionarios del conservadurismo religioso del país, la más destacable en la que tendrá con el padre Francisco Pierini, el cual era el promotor de un grupo ultraconservador, conocido como “Liga de las Señoritas Católicas”, y que, defendiendo los privilegios legales y fiscales de la Iglesia Católica, y el control que tienen del sistema educativo.

El padre Pierini excomulga a Adela, y se convierte en su enemigo y gran perseguidor, y que estalla cuando a Adela le encarga el gobierno dirigir la primera Escuela Fiscal de Señoritas, que ella misma había fundado.

Adela sigue su labor liberaría, y tras la publicación de su novela “Íntimas”, el padre Pierini, que quiere terminar de una vez con la influencia de Adela y con sus iniciativas, funda en 1913, contraponiendo a la fundada por Adela, la “Escuela Superior de Señoritas”, que tiene como base el dogma y normas católicas más estrictas y rígidas. Y para dar importancia a la fundación de esta escuela hace que su “Liga de Señoritas Católicas” organice un “concierto infantil” con el objeto de recaudar fondos.  Lo curioso y que llamará la atención es el programa: “La viuda alegre” de Franz Lehar.

La polémica está servida, ya que el padre Pierini ha permitido bajo su dirección el representar una obra, además por niños y niñas, picaresca y de una moral relajada, contrario a lo que patrocinaba.

Adela no deja escapar la ocasión para contraatacar, apareciendo un artículo suyo en El Heraldo donde deja las cosas muy claras: “La Liga de Señora Católicas ha presentado al público no un juguete dramático, no una pieza inocente interpretada por niñitas como se hizo otras veces, sino una función de gala según el gusto moderno (…).  Un hermoso e inteligente niño, hijo nada menos que de un comisionado de instrucción municipal, haciendo de borracho y libertino, ha cantado loas al vicio y a la disipación con asombrosa maestría.  Una nena de cinco años, defendiéndose con el abanico de los besos de un enamorado y cayendo luego en sus brazos desmayada, ha imitado   con   gracia   igualmente   asombrosa   las   añagazas   de   una   coqueta resabida.  Otra, esposa infiel de seis años, ha sido sorprendida y duramente increpada por el marido. (…)”.

Era un ataque en toda regla o bien al desatino de Pierini, o a su doble moral, educando en una cosa, y representando una obra opuesta a la moral que defendía.  Adela consigue con su ataque sin piedad, destacando este doble juego, doble sucio juego de control e impiedad: “Como educadora protesto en voz alta contra esas exhibiciones infantiles que no dicen bien de nuestra cultura.  Ya que nuestras costumbres, poco definidas, nos inducen a explotar la gracia de los niños en beneficio de obras de caridad, bien o mal entendidas, sepamos por lo menos presentarlos sin escarnio de su inocencia”.

Evidentemente, el padre Pierini se vio pillado en una contradicción total, su afán de control y descalificación de la obra y pensamiento de Adela le habían hecho caer en un error de suma gravedad.  Pero no se para aquí y decide atacar de nuevo, esta vez con un libelo, y Adela responde de nuevo en carta abierta: “Lo que evidentemente irrita a Ud.  y le escandaliza es que, una cualquiera como yo, una mercenaria que gana el pan, tachada además de irreligiosidad, se haya atrevido a denunciar un error de matronas piadosas, ricas e influyentes. Si esa es la moral católica que Ud.  tanto encomia, yo no la profeso ni la enseñaré jamás a mis alumnas. Yo profeso la moral humana, la inmutable, la que aquilata la virtud donde se encuentre, humilde y desconocida, y condena el error sea quien fuere el potentado que ha caído en él”.

La disputa verbal y escrita va creciendo, convirtiéndose casi en una disputa nacional, así un grupo de poetas decide solidarizarse con Adela y apoyarla en sus planteamientos y defenderla. Y, mientras, en su ciudad los intelectuales de la misma le regalan una pluma de oro con firmas.  Sin duda, ella es la vencedora.

Pero otro de sus objetivos y grandes defensas era la plenitud de derechos de la mujer.  En 1921 aparece el primer número de la revista “Feminiflor”, dirigida y escrita por y para mujeres, y dos años después, en 1923 se constituye en la capital, La Paz, la primera organización de mujeres que luchan por los derechos políticos: el Ateneo Femenino.

Poco a poco se va progresando, las mujeres pasan de invisibles a semi-invisibles, paran de nada a tener un pequeño papel, pero papel, en la sociedad. En 1926 la Ley de Divorcio recibe un gran apoyo público, pero no será sancionada hasta casi una década después, 1932.  El papel de la mujer cada vez es más claro, movimiento sindical femenino, federaciones obreras femeninas, etc.

Está al final del camino, morirá un 2 de junio de 1928, dejando su epitafio escrito: Vuelo a morar en ignorada estrella”.

Adela llegó sutilmente, nadie podía imaginarse su fuerza arrolladora y su firmeza, dotada de una fina ironía que plasmaba en sus escritos supo adelantarse a su tiempo, enfrentarse a los poderes establecidos y no callarse cuando consideraba que debía hablar.

Admirada y criticada a la vez en su época, rechazada por algunos sectores como provocativa, no cayó en la soez ironía de respuestas burdas y fáciles, sus respuestas fueron siempre ingeniosas, elegantes e inteligentes.  Sus enemigos podían crecer, pero no podían con ella.

No era una mujer débil, la sociedad del momento en Bolivia (como será en otros países y en momentos más actuales), considerarán a la mujer un ser débil. Y ella se pregunta: ¿débil, por qué?

“Ella sufre, lucha y ruega (Permitidme que asombre) que a ella se le llame el “ser débil” …”

https://www.poemas-del-alma.com/adela-zamudio.htm

Marisa Escuer

Professora de la UOC i Docent de Secundària

@marisaescuer

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