Rosika Schwimmer

No tengo ningún sentido del nacionalismo, solo una conciencia cósmica de pertenecer a la familia humana“.

Rosika Schwimmer nace en el año 1877 en Budapest, el aún existente Imperio Austrohúngaro, y fallece como apátrida en la ciudad del Nueva York, al negarle la nacionalidad.

Rosika será un ejemplo y coherencia de feminismo y de pacifismo, coherencia que le llevará a marchar, a huir o a ser rechazada.

Pertenece a una familia judía húngara de clase media alta. Su padre, Max Bernat Schwimmer, era comerciante, fundamentalmente de productos agrarios y ganaderos, y su madre, Bertha, ejerce de madre de familia y esposa, pero vinculada a escritores y activistas pacifistas, que influirán en el sentir y pensar de la familia. Tuvo una buena educación, dada la clase social a la que pertenecía, y se gradúa en la escuela pública en 1891, sabe música, habla cuatro lenguas (húngaro, alemán, inglés y francés) y puede leer en otras cuatro (holandés, italiano, noruego y sueco), ello la convierte en una mujer única y excepcional, y completa sus estudios en una escuela de negocios, y cuando finalmente quiebran los negocios paternos regresan a Budapest, que habían abandonado años atrás.

Pronto empieza a trabajar como institutriz, dados sus amplios conocimientos y excepcionales para una mujer de esa época, trabaja de corresponsal en algunas asociaciones, concretamente la Asociación Nacional de Trabajadores de Oficina, donde comienza el año 1897, y el año 1901 ya será presidenta de la misma. Pero es mujer, y ello hace que su salario sea inferior, y se propone como objetivo el reclamar la igualdad salarial, al no ser aceptadas sus reclamaciones, decide comenzar a recopilar datos estadísticos refrendando sus opiniones, busca en archivos, y para completar sus investigaciones se pone en contacto con organizaciones feministas internacionales para recibir más datos que refrenden esta injusta desigualdad laboral, pero como resultado de estos contactos informativos establece contactos con las feministas más destacadas del momento, y se aconsejan y animan a fundar una organización de mujeres en Hungría.

Pero al perder el contrato en la Asociación de Trabajadores de Oficina inicia nuevos caminos, el primero de ellos es en el periodismo, colaborando en agencias de noticias, como Lloyd’s, y en revistas feministas; y a la vez, dado su gran conocimiento de lenguas, hace de traductora al húngaro de obras extranjeras.

Ha iniciado un camino claro, de hecho, es una mujer con una gran preparación, y el paso siguiente será fundar en el año 1903, conjuntamente con Mariska Gárdo, la Asociación de Mujeres Trabajadoras de Hungría, vinculándose a asociaciones internacionales. Esta asociación le abre puertas fuera de su país y acaba asistiendo a la conferencia inaugural de la International Woman Suffrage Alliance, en este caso como periodista, este hecho le posibilita el vincularse al movimiento internacional. Este hecho le permite establecer contacto con sufragistas estadounidenses destacadas, como Catt, y todo ello le incita, al volver a su país, el fundar, conjuntamente con Vilma Glücklich, la Asociación de Feministas de Hungría; a esta organización se unieron otras feministas, ya que su objetivo era claro: la igualdad de la mujeres en todos los aspectos de su vida, y eso implicaba la modificación de muchas leyes y también de muchas costumbres; ellas propugnan que las mujeres puedan controlar su cuerpo y por tanto los embarazos y la natalidad, además de tener derecho a una situación económica digna.  No era solamente derecho a votar, era derecho a vivir dignamente.  Un voto no les cambiaría la vida en realidad, ésta mejoraría si las leyes y la sociedad cambiaban, y si admitían que la mujer tenía derecho, al igual que los hombres, a una vida digna.

Pero sus reclamos no son fáciles, hay vientos de guerra en Europa, vientos de protesta, de revolución, y de cansancio.  En 1907 se encuentran con una fuerte oposición por parte de la prensa, no ven con buenos ojos sus proclamas ni aquello que reclaman, y para luchar contra esta ola de incomprensión fundan la revista Mujeres y Sociedad de la que será la primera editora.

Encontrará y tendrá aquí un medio en el que exponer y explicar todo aquello que se critica y no se entiende, hablar de los temas que interesan y preocupan a las mujeres, desde el abuso sexual, hasta el cuidado de los niños, pasando por temas legales. 

En realidad, ha sembrado una semilla en su país, la de la exponer aquello que no había salido a la luz antes, y esto hace que relevantes figuras se la cuestionen públicamente, como cuando un profesor de derecho plantea el limitar el acceso a la educación superior a las mujeres.  El profesor Kmety las llegó a etiquetar como “monstruos femeninos”, que buscan acabar con la familia tradicional. 

De hecho, Rosika ganó esta disputa dialéctica, pero eso no hizo parar las críticas contra ella, ni el cuestionamiento de sus objetivos.

La vida continua, y en 1911 se casa con el periodista Pál Bédy, pero el matrimonio duró poco, no se tiene plena constancia de lo que sucedió, algunos propugnan porque falleció al año siguiente, aunque parece ser que se divorciaron en 1913. 

Y ese mismo año atrae a Budapest más de 3.000 delegados internacionales al organizar la Séptima Conferencia de la Alianza Internacional por el Sufragio Femenino.

Pero si había algo en el ánimo de Rosika y que le habían inculcado en su casa, era la idea de pacifismo.  En 1913 este mensaje en una Europa pre-bélica es complejo, en agosto de ese mismo año acude a La Haya al Congreso de la Paz Universal. 

Tiene una clara idea de lo que significa la paz, complicado en un tiempo de guerra: “Si los cerebros nos han llevado a lo que estamos ahora, creo que es hora de permitir que nuestros corazones hablen. Cuando nuestros hijos sean asesinados por millones, nosotras, madres, solo intentemos hacer el bien yendo a los reyes y emperadores sin más peligro que la negativa”.

Una clara orientación pacifista la hace dar continuas conferencias en diferentes ciudades del continente, conocida por su hábil y fácil verbo, con puntos de ironía, no dejaba indiferente a nadie, y ella misma se definió afirmando, “con frecuencia la gente hacía ambas cosas en diferentes momentos”, es decir, era a la vez querida y odiada, apreciada y despreciada.  Pero sin duda no dejaba a nadie indiferente.

Estamos a las puertas de la Primera Guerra Mundial, la Gran Guerra, y el año 1914 se le contrata como secretaria de prensa de la International Woman Sufrage Aliance, con sede en Londres, a donde se trasladas. Pero al estallar la guerra, ella que es pacifista convencida, está en el bando enemigo.  La tildan de extranjera, de enemiga, de persona non grata. Ella que cree en la paz se encuentra en medio de un conflicto que ella no ha provocado.

Se ve forjada a marchar a Estados Unidos, en estos momentos neutral teórico en el conflicto, allí tiene amigos, tiene un pequeño refugio, y le permite seguir en sus esfuerzos por el sufragio femenino y la paz.

La Paz, con mayúsculas, es algo vital, es algo claro en su vida.  La guerra no tiene sentido, no se consigue nada con ello.  Siguiendo esta línea será una de las fundadoras del Partido de la Mujer por la Paz, que se acabará convirtiendo en una Liga Internacional de Mujeres pacifistas.

Cuando la Gran Guerra termina, aunque sigue residiendo en Estados Unidos, renueva sus actividades en Europa, asistiendo a congresos y dando conferencias nuevamente.  Y entre 1916 y 1918 vivirá nuevamente en Europa.  El viejo Imperio Austro-Hungarés ha desaparecido con la guerra, y ha surgido una república húngara, y siendo como es una figura destacada y conocida, la recién nacida república la nombra embajadora de su país en Suiza por el primer ministro Mihály Károlyi. Sin embargo, en 1919 el gobierno comunista de Béla Kun, que había derrocado a Károlyi, la privó de sus derechos civiles, y en 1920 huyó a Viena para escapar del sucesivo régimen antisemita.

En 1921 vuelve a Estados Unidos, estableciéndose en Chicago. Su esperanza de vivir tranquila allí desaparece por las continuas campañas de difamación, porque es colocada en listas negras y de personas no gratas.  Se la acusa de espía, de bolchevique, de ser miembro de una conspiración judía.  Se le deniega continuamente la ciudadanía, entre ello se alega que no ha querido afirmar que cogería un arma en defensa de Estados Unidos. Ante este hecho apela nuevamente, y gana la apelación, pero en 1929 la Corte Suprema falla en su contra, así vivirá en Estados Unidos hasta su muerte como apátrida.

Es su actitud y postura pacifista, su rechazo al intervencionismo bélico, el que hace que sea rechazada continuamente su propuesta.  En realidad, dado el clima bélico en Europa con los totalitarismos, su postura es menos comprendida y más radical su rechazo. Se la acusa y difama falsamente, se encuentra que no puede trabajar la que nuevamente es considerada enemiga.  No puede volver a Europa, es judía, pacifista, mujer, su patria no existe, no la quiere, y el país que ha elegido no la entiende, también la rechaza. Todavía tiene amigos en el país que la acogen y ayudan, que la entienden y colaboran con ella.

Será, junto con Lola Maverick Lloyd, fundadora de la Campaña por el Gobierno Mundial, con una visión muy avanzada a su tiempo de crear organismo que velen por esta paz mundial, y persigan a los que la destruyen, de hecho, se considera que la Corte Penal Internacional será efectiva, muchos años después, gracias a sus ideas y sus esfuerzos, protegiendo a los ciudadanos por los crímenes de guerra, de lesa humanidad y los genocidios.

El año 1948 fue nominada para el Nobel de la Paz, con pocas posibilidades.

En agosto de ese mismo año fallece en la ciudad de Nueva York.

Como mujer su legado es claro: derechos de las mujeres y derechos de las personas vinculadas a la paz. Ella nos lo expresa claramente: “Los derechos de las mujeres, los derechos de los hombres, los derechos humanos, todos están amenazados por el siempre presente espectro de la guerra, tan destructivo ahora de los valores materiales y morales humanos que hace que la victoria sea indistinguible de la derrota”.

Rosika nos aporta una visión mucho más amplia y universal, no solamente estos derechos inalienables de las mujeres del continente, unas mujeres que no disponían ni podían decidir, pero ella va más allá, nos habla de la Paz otro derecho inalienable del ser humano.

Derecho a vivir en Paz (con mayúsculas), o no ser perseguidas por sus ideas, sexo, por su raza o religión.  Nos lleva a un punto en el que la visión localista se alza sobre el continente europeo lleno de odios y conflictos, de ideas raciales absurdas y de enfrentamientos sin sentido, y se encuentra que, al otro lado del océano, allá donde se habla de los derechos del ciudadano sus ideas son rechazadas, porque se tiene derecho a casi todo, pero no a reclamar la paz, eso parece.

Rosika prefiere vivir y morir apátrida antes de renunciar a sus principios.  Ciertamente era una mujer privilegiada por su formación, pero ese privilegio no lo convirtió en una ventaja tramposa, sino que lo utilizó para ayudar a las mujeres a conquistar su espacio, y a las mujeres y los hombres a enfrentarse a la barbarie de la guerra.

http://archives.nypl.org/mss/6398

https://muse.jhu.edu/article/362947

https://www.aclu.org/issues/rosika-schwimmer-woman-without-country

Marisa Escuer

Professora de la UOC i Docent de Secundària

@marisaescuer

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